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Entrevista:José Ramón Amondarain | ARTE

"Para algunos la pintura es la serie B del arte"

Su trabajo es una reflexión sobre la copia y el original. Una búsqueda constante de posibilidades de interpretación que se desarrolla dentro de la historia del arte. Una retrospectiva en el DA2 de Salamanca recoge el trabajo del artista vasco

Su cabeza es una especie de gran pinacoteca. José Ramón Amondarain (San Sebastián, 1964) se ha venido alimentando de libros de arte y visitas a exposiciones. Con ese bagaje establece relaciones, toma prestadas obras o detalles de otros artistas, y las reelabora. Agudeza, contraste y hasta sentido del humor en establecer relaciones entre obras de otros artistas, que copia modificándolas con detalles que cambian su situación o su lectura. Dos ejemplos entre sus trabajos más conocidos: El copista es una pintura que retrata a un pintor que copia un cuadro en un museo. Una imagen que es como una caja china. También eligió una docena de fotografías en blanco y negro de Cindy Sherman en las que ella simula ser otras mujeres y él las ha copiado pintándolas, algo borrosas y a color. Una impostura sobre otra. Una retrospectiva en el DA2, de Salamanca, ofrece la oportunidad de revisar la evolución de este artista, fiel a la pintura.

"Me parece muy reaccionario el que alguien me diga que no puedo utilizar la imagen de otro en mi obra"

PREGUNTA. ¿Qué es para usted un museo?

RESPUESTA. Viví mi infancia en Andoain y hasta el bachillerato no vi obras de arte originales. Todo lo que conocía lo había visto en libros. En el instituto tenía un profesor de historia que iba los fines de semana a Madrid para ver exposiciones o museos. Empecé a acompañarlo y se convirtió en algo verdaderamente emocionante. Recuerdo las muestras de la Biblioteca Nacional: la de Cézanne, de Juan Gris, de Picabia, de Munch. Y el Prado... Me convertí en un enfermo de las exposiciones.

P. ¿Y los libros de arte?

R. Me familiaricé con el arte a través de libros ilustrados. Cuando veo un libro tengo la sensación de absorber algo. Para mí cuenta hasta la sensación física del libro, el tacto, lo que atrae la mirada, el olor. Mi relación con los libros tiene algo de erógena. Es un medio fácil para acercarte al arte y asimilarlo. Hasta el punto de que esas fotos, esas imágenes, están totalmente integradas a mi memoria, a mi vida. Son como fotos de familia. Le tienes manía a unos, a otros no, te enfadas, lo perdonas.

P. Todo esto viene a cuento de las fuentes de la que beben sus cuadros.

R. Conocer bien la historia del arte es fundamental para el artista. Si no conoces a tus antecesores es difícil avanzar. Tengo la sensación de que hoy en día eso se vive de otra forma. Hasta hace unos quince años todavía había unos "ismos" que enfrentaban a unos y otros. El artista de hoy es menos beligerante. Tal vez porque hay una cierta resignación a no inventar nada.

P. Usted ha sido siempre fiel a la pintura, incluso en las épocas en que estaba mal visto pintar. ¿Ha sido difícil?

R. Me han pasado cosas muy llamativas en ese sentido. Un día estaba pintando en Arteleku y a mi espalda alguien abre la puerta y dice. "Uy, ¿pero todavía hay gente que pinta?". Cerró antes de que pudiera ver quién era. Más que sentarme mal, lo viví como algo sin sentido, como una observación totalmente absurda. Nunca he entendido eso de que "la pintura ha muerto". Es un medio que tiene problemas, como también los tiene el vídeo o la fotografía. Llega un momento de agotamiento, sin duda, pero no lo borra del mapa. De alguna manera es una respuesta a un exceso que se cometió en los años ochenta cuando el mercado llegó a extremos. Pero para algunos la pintura es la serie B del arte.

P. ¿Prefiere trabajar en series?

R. Yo pinto pieza a pieza. Trabajar en series es lo que ahoga a un pintor. Le preguntas: "¿Tú qué eres?". "Yo soy pintor geométrico, o figurativo". Para mí eso no es así. El pintor, en realidad, es alguien que piensa en pintura. En función de ella.

P. ¿Cómo es eso?

R. Suelo empezar con "... y si hago esto, o aquello". Yo pinto para ver qué pasa. Y a lo mejor lo tiro o lo destruyo, o lo guardo. Ese proceso es así. No entiendo esa estrategia que se llama pintura posconceptual. Creo que es un camino muy frustrante.

P. Pero usted sí ha hecho series de pinturas. La de Cindy Sherman, por ejemplo.

R. Para mí no es una serie, es una sola obra. Pueden ser doce o mil, sigue siendo la misma obra para mí. Es un solo proyecto.

P. Su trabajo de apropiación de la obra de otros artistas, ¿de dónde parte?

R. Me suelen preguntar si me interesa mucho Jeff Wall, o Cindy Sherman o alguno de los artistas que trato. Me interesa, claro, pero no los he elegido por esa razón. Lo que pasa es que tengo una relación con los catálogos algo particular. Suelo detener mi atención en detalles, no por lo significativos que sean sino porque en el momento son un medio de extraer cosas del fondo de ti mismo. Veo algo en una imagen que no ve ni el autor ni otras personas, algo que llama la atención a mi subconsciente. Soy muy intuitivo, no parto de ideas preconcebidas.

P. Sus apropiaciones no son calcos. Hay una aportación que las modifica.

R. Lo que veo en las obras que elijo de estos artistas, suele ser una especie de grieta, de fisura, por la que yo me cuelo. No le doy mayor importancia al hecho de apropiarme de la obra de otro, no está ahí el asunto. El tema es cómo meto el dedo ahí para poder extraer algo. Me da un poco igual de quién sea el original.

P. De alguna manera, ¿siente que las obras de otros artistas "le pertenecen"?

R. En cierta forma, sí. Como artista me siento parte de un todo, que es la historia del arte. Incluidos los malos pintores. Suelo pensar en porciones, no en la pieza completa. Me parece muy reaccionario el que alguien me diga que no puedo utilizar la imagen de no sé quién. No puedo pensar, ni de lejos, reclamar a alguien porque usa una imagen mía. Me parece bien que lo haga.

P. ¿Qué piensa de la pintura que se está haciendo ahora?

R. Pienso que es muy mala. Muy mala. Si se va a evaluar la pintura con lo que hay hoy, por favor, vámonos.

P. Entonces, ¿sí se ha muerto la pintura?

R. Si lo vemos así, seguro que está muerta. En el arte de hoy falta intensidad. Se puede ver que un cuadro está mal planteado formalmente, y te da pena porque ves que tiene algo. Luego puedes ver una pintura, o un vídeo o una fotografía, redonda, y no tienen nada. Es más de lo que ya sabemos. Sabemos qué quiere representar. Falta esa verdad desinteresada.

P. Nunca ha habido tantos artistas como ahora. O de gente que se dedica y pretende vivir de crear arte. No todos van a triunfar.

R. Pretender vivir del arte creo que es lícito, bueno y sano. Pero de ahí para adelante no me interesa nada. Tal vez mi generación de pintores tenga muy asumido que ser un artista español y triunfar, es algo casi remoto. Y es algo en lo que ni pienso.

P. ¿Por qué?

R. Por todo el sistema artístico. Es muy limitado. En todo caso, no me preocupa. Con tal de poder hacer lo que me gusta y vivir de eso, lo considero un lujazo.

José Ramón Amondarain. Entre-(t)acto. Domus Artium 2002 (DA2). Comisario: F. Javier Panera. Avenida de la Aldehuela, s/n. Salamanca. Hasta el 4 de junio de 2012.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 26 de noviembre de 2011