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Reportaje:PURO TEATRO

Casas Desoladas (Inmobiliaria Albee)

Dos estrenos de Edward Albee en Barcelona: Pere Arquillué deslumbra en ¿Quién teme a Virginia Woolf? (Romea) a las órdenes de Daniel Veronese, y Mario Gas consigue uno de sus mejores montajes con Delicado equilibrio (Mercat)

1 Han coincidido, por curioso azar, dos piezas de Edward Albee en la cartelera barcelonesa: ¿Quién teme a Virginia Woolf? (1962), en el Romea, y Un delicado equilibrio (1967), en el Mercat, en estupendas traducciones catalanas de José María Pou y Joan Sellent, bajo la dirección de Daniel Veronese y Mario Gas. La primera, de entrada lo digo, no me ha gustado nunca. Me resultan tan asfixiantes como previsibles los picotazos de ese matrimonio para el que los abogados divorcistas parecieron acuñar el término "crueldad intolerable". Me repele por cerebral (el juego del hijo), por inverosímil (la sobrecargadísima pareja visitante, que parecen una parodia de Tennessee Williams) y porque no sales de ella elevado, como en las grandes tragedias, sino simplemente estragado de tanta amargura. Debe resultar agotador tener que interpretar ese jeu de massacre todas las noches: por lo menos Martha y George sólo lo hacen los sábados y cuando hay visita. Al público, sin embargo, le encanta, hecho que atribuyo al insano placer de asistir a un catch a cuatro emocional repleto de golpes bajos y al excelente nivel de la interpretación y la puesta. El montaje de ¿Quién teme a Virginia Woolf? (Qui té por de Virginia Woolf?) rebosa tensión y vértigo, y reconozco que el texto tiene gancho (durante un rato) y unas gotas de emoción en la parte final. Por una vez aplaudo la poda: Veronese la ha dejado en hora y media (en el original, en mi memoria, se machacaban durante casi tres) y le ha imprimido una velocidad de tren desbocado hacia el abismo. Pere Arquillué se lleva la función en una de las grandes interpretaciones de la temporada. Siempre había pensado que el personaje de George era un trasunto del Jimmy Porter de Mirando hacia atrás con ira veinte años después, atrapado en un matrimonio roto y una carrera que no avanza, pero viendo a Arquillué, uno de los grandes actores de este país, pensé, inevitablemente, en Butley, el sardónico, autodestructivo y brillantísimo profesor de la obra de Simon Gray. En manos de Veronese, Arquillué potencia todos los elementos de comedia y coloca con eficacia letal cada frase, cada giro, cada pausa, cada efecto: solo por verle volar a esa altura vale la pena acercarse al Romea. Emma Vilarasau tiene también verdad y fuerza, y sirve muy bien el patetismo casi conmovedor de su personaje, pero me sedujo más su trabajo en Agosto: aquí me despista un poco que salga monísima y vestidísima (a la Taylor no le importó, todo lo contrario, aparecer desfondada y con un jersey que parecía una tienda de campaña) y me encocora la sobredosis de agudos en los momentos álgidos. Ivan Benet (Nick), un actor que no da un paso en falso, es un contendiente temible, con una constante aura de peligro, y Mireia Aixalá (Honey) trata de insuflarle veracidad a una criatura que no pasa de ser una baby doll utilitaria, demasiadas veces obligada por el guión a marearse y dejar la escena libre para el siguiente duelo, en el estilo del "¿alguien se apunta a un tenis?" de las malas comedias.

2 En Delicado equilibrio (Un fràgil equilibri) Albee juega con una panoplia mucho más amplia, en una tonalidad inquietante (la pareja que llega a la casa empujada por un terror sin nombre), poética y humorística; un humor que tiene el frío y el perfume seco de un dry Martini. La comedia es igualmente verbosa pero, a diferencia de la anterior, remueve zonas de sombra, deja poso y te vuelve como si la hubieras soñado. Pese al clima desolado de esa mansión de Nueva Inglaterra cuyos habitantes, a la manera de Henry James, parecen sus propios fantasmas, tiembla en la obra una extraña forma de alegría que Mario Gas ha sabido plasmar con gran sutileza: Agnes, la madre, suma sacerdotisa del templo, es hipócrita y manipuladora pero defiende como una leona la supervivencia familiar a la que alude el título; hay una desesperada vitalidad en las vitriólicas embestidas de Claire, la hermana, y Tobías, el padre, acaba aceptando con dolor su extrema impotencia sentimental. Agnes es la superlativa Rosa Novell: mueve sus parlamentos en clave de altísima comedia, como si trazara arabescos de humo, pero sin frivolizar en ningún momento a su personaje, empecinada en evitar que la irrupción de los visitantes instaure para siempre el dominio de la peste. Albert Vidal parece, en un principio, contagiado de la opacidad de Toby, como si también él careciera de recursos expresivos, pero su trabajo crece, y sabe destilar una serenidad melancólica en el diálogo con su esposa, casi al amanecer (un pasaje que parece escrito por Salter) y quebrarse luego en el conmovedor careo con su amigo Harry, interpretado por Pep Ferrer con una hondura y una delicadeza que hasta hoy no le había visto. Edna, su esposa, es Mercè Montalá, una actriz infrecuente que exhala misterio y elegancia. Dos pegas le pongo al espectáculo: la poderosa Rosa Renom, que nos ha dado trabajos de tanto calado como la enferma terminal de Rock'n'Roll, interpreta a Claire como una borrachina enfurruñada, no como una alcohólica que comienza a beber a primera hora de la mañana: me falta el incontrolable veneno verbal del alcohol, la fatiga sonámbula del alcohol. Y me parece rectilíneo y monocorde el perfil que Gas le ha marcado (o le ha consentido) a Mia Esteve, que dibuja a Julia, la hija, como una cría histérica y crispada desde el principio hasta el final, sin la menor modulación de frecuencia. Pese a ello, se diría que en el montaje de Gas hay tres obras en una, porque ha dirigido el primer acto como si fuera de Pinter, el segundo como si fuera de Coward y el tercero como si fuera de O'Neill, lo que no es poco logro: las serpentinas de la comedia, en ocasiones a un paso del enredo, hunden sus raíces en aguas profundas, allá donde aún laten pérdidas, abandonos y traiciones muy antiguas.

Otra recomendación: corran, vuelen a ver a Carmen Machi en Juicio a una zorra, en la Abadía. Nueva y doble diana (por texto y por dirección) de Miguel del Arco y extraordinario, emocionantísimo trabajo de esta inmensa actriz. Se lo cuento con detalle la semana próxima.

Qui té por de Virginia Woolf?, de Edward Albee. Versión y dirección de Daniel Veronese. Traducción de José María Pou. Teatro Romea. Barcelona. www.teatreromea.com. Un fràgil equilibri, de E. Albee. Dirección de Mario Gas. Traducción de Joan Sellent. Se estrenó en Temporada Alta y se representa en el Lliure Montjuïc hasta el 27 de noviembre. www.teatrelliure.com.

* Este articulo apareció en la edición impresa del Sábado, 19 de noviembre de 2011