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La Sinfónica estrena 'Wellspring', de David Vayo

El estreno de Wellspring por la Orquesta Sinfónica de Galicia obtuvo una acogida más calurosa de lo habitual en el público de abono para las obras contemporáneas. Escrita para una plantilla orquestal con maderas y metales a dos, más tuba; cuatro percusionistas y cuerdas reducidas, es apta para ser tocada en orquestas de reducido presupuesto.

Musicalmente, se dispone es secciones tocadas sin solución de continuidad, que alternan momentos de gran calma con otros de agitación rítmica y dinámica. La melodía tiene gran presencia y facilita su escucha a la afición, excepto a dos tipos de oyente: los que por sistema son reacios a cualquier tipo de contemporaneidad y esos que nunca faltan y que necesitan hacer patente su presencia con toses estentóreas, como las que llegaron a impedir que la música se oyera en los momentos finales de un solo en pianissimo del concertino de máxima calma y sutil belleza.

La primera parte se completó con el Concierto para violonchelo en re menor, de Edouard Lalo. El chelista Guillermo Pastrana Pastrana (Granada, 1983) y Michal Nesterowicz (Wroclawe, 1974) al mando de la OSG hicieron una versión más que notable del concierto ya desde los duros acordes orquestales de inicio y la respuesta llena de serena fuerza interior del chelo.

Técnica y calidez

Pastrana obtiene de su instrumento un sonido cálido, le hace cantar en una lectura llena de sentido y carácter y supera con gran solvencia los más complicados momentos de escritula virtuosística, en los que hace toda una demostración de técnica al servicio de la partitura. Nesterowicz hizo un gran acompañamiento siempre atento al detalle y las miradas casi camerísticas entre él y Pastrana para pasarse indicaciones redondearon una gran versión de la obra de Lalo.

La Sinfonía nº 5 de Prokófiev es una obra de características bien peculiares, que Nesterowicz dirige de memoria, algo que los viejos aficionados siempre agradecen. Desde un posible exceso de energía física en el gesto, el fraseo amplio y bien respirado al inicio y la clara exposición del carácter tan complejo de la obra mostraron su dominio de la partitura de Prokófiev. Destacaron la bulliciosa ironía del Allegro marcato, la tensión emociomal, siempre entre el drama y el lirismo, del Adagio y el dramático sarcasmo del Allegro giocoso final.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 13 de noviembre de 2011