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Crítica:LIBROS | NARRATIVA

Pánico al amanecer

Narrativa. Una antigua maldición dice "que sueñes con el diablo y sientas pánico al amanecer". Y sí, la maldición circula por esta memorable novela de Kenneth Cook (Sidney, 1929-1987), que no hay que perderse pues su autor cuando la escribió estaba tocado por gracia divina, aunque sea el diablo quien, transformado en malestar, no abandone nunca la narración. Pánico al amanecer, de 1961, se presentó en el Festival de Cannes de 1971 como película dirigida por Ted Kotcheff. Se tituló Wake in fright, pero también Outback. Outback define el interior de Australia, un lugar casi despoblado. Allí comienza la historia que tan admirablemente cuenta. Y es allí donde John Grant, un profesor destinado en Tiboonda, un lugar que "no es otra cosa que una versión del infierno", decidirá ir a Sidney, pues quiere bañarse en el mar. Ese camino le llevará primero a Bundanyabba "una versión a gran escala de Tiboonda", es decir, un infierno mayor donde la cerveza es el néctar de sus habitantes. Grant descenderá al infierno entablando relación, a su pesar, con unos personajes que beben y hacen beber y que resultan obsesivos en sus peroratas. Y donde hay diablo hay tentaciones: está la bebida, el juego y la caza. Todo escrito desde una panorámica de depravación y lascivia por un Cook incisivo e impecable que muestra un caos moral que puede no contener delito desde una mirada legal, pero cuya desolación intelectual asfixia (la muerte de los canguros es un episodio tan brutal como magistral), pues sus personajes semejan psicópatas sin crimen y el malestar convertido ya en pesadilla no es sino una niebla que envuelve al protagonista (y al lector) sujeto a las veleidades de un destino que el mismo Grant parece provocar. Pánico al amanecer contiene una historia tan inquietante como el paisaje inabarcable de la narración. Imprescindible novela.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 5 de noviembre de 2011

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