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Crítica:TEATRO

Cinturón y casco, por favor

Si tras el estreno del otro albee que está en cartel en la ciudad, Un frágil equilibri (Teatre Lliure), el título de mis líneas era ¡Abróchense los cinturones!, con este he de pedirles que además se ajusten bien el casco y no se lo quiten en toda la función. Tal es la furia del texto y la fuerza de los intérpretes en manos del argentino Daniel Veronese, aunque el montaje, de entrada, no parezca suyo. Acostumbrados como nos tiene, después de las versiones de Chéjov e Ibsen que le hemos visto, el salón montado sobre el escenario del Romea, con todo tan bien dispuesto en su deliberado desorden y tan lleno de detalles, cuando menos sorprende. Tampoco es muy propio de Veronese que no haya tocado ni el título ni el texto de Qui té por de Virginia Wolf?, más allá de algún que otro pequeño recorte. Imagino que Edward Albee (1928) no se lo habrá permitido y vérselas con una traducción catalana del texto no le habrá sido fácil. Su huella, en cambio, sí está en la dirección de los actores, en el nivel de intensidad emocional de los embates entre los personajes, en la conseguida simultaneidad de los diálogos y en la celeridad del conjunto.

QUI TÉ POR DE VIRGINIA WOOLF?

De Edward Albee. Traducción: Josep Maria Pou. Dirección: Daniel Veronese. Intérpretes: Emma Vilarasau, Pere Arquillué, Mireia Aixalà, Ivan Benet. Teatro Romea. Barcelona, 24 de octubre.

Los juegos entre Martha y George con los que ejercitan, como dice él, lo que les queda de ingenio son de una perversidad desmedida. La violencia verbal entre ambos responde a una especie de competición en destreza intelectual y su listón se sitúa rozando la injuria. Con la aparición del matrimonio joven, la cosa sobrepasa toda compostura y se instala en la monstruosidad. Veronese se centra, como Mike Nichols en su película, más en el nivel emocional de los juegos que en el intelectual, ahí es donde se dan los recortes, pero ese nivel lo lleva al extremo. El forcejeo entre la Martha de Emma Vilarasau y el George de Pere Arquillué es tremendo, los dos mantienen la altura que exige la pieza y encuentran en el enfrentamiento cara a cara su expresión más descarnada. Ella aborda el personaje sacando lo que no tiene para dominar la situación, hacia fuera; él lo hace desde dentro, bastándose a veces con una mirada para provocarla. La pareja que usan para poder desplegar sus juegos, contrapunto perfecto tanto ella, la dulce Honey de Mireia Aixalà, como el equilibrado Nick de Ivan Benet; ambos estupendamente compensados.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 29 de octubre de 2011