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Crítica:ARTE | Exposición

Visionario y pragmático

Junto con su muestra del año pasado sobre Buckminster Fuller, inventor de la bóveda geodésica, esta exposición en el singular espacio cultural creado por Elena Ochoa forma parte de una suerte de testimonio creativo de su marido, Norman Foster, que ha sido su organizador, junto con el crítico Luis Fernández-Galiano.

Jean Prouvé (1901-1984), el inclasificable diseñador y constructor francés, fue pionero en la tecnología del acero plegado, el muro cortina y la prefabricación. En la presentación de su vida y obra, con dibujos, muebles y elementos constructivos -desde un primitivo alojamiento temporal de la posguerra, prefabricado en madera, hasta sofisticadas secciones de muros cortina y sistemas de brise-soleils orientables-, son evidentes los paralelos con la carrera y las aspiraciones del joven Foster en sus comienzos. La muestra hace hincapié no solo en los primeros pasos de Prouvé hacia una arquitectura de acero y cristal -el Aeroclub Roland Garros en Bac de 1936 y la Casa del Pueblo de Clichy, 1939-, sino en sus orígenes humildes pero cultos, en sus ideales igualitarios, llevados a la práctica en sus grandes talleres de Nancy, y en las frustraciones y dificultades de su carrera. Una imagen clave en este sentido es la foto de Prouvé, ya mayor, presidiendo el jurado del concurso para el Centro Pompidou, ganado por el antiguo socio de Foster, Richard Rogers, junto con Renzo Piano. Así se escenifica el traspaso del testigo de Prouvé, uno de los maestros originales de la arquitectura moderna, a la generación del high tech británico -la generación de Foster-, que con este proyecto dio sus primeros pasos hacia la gloria.

Jean Prouvé

Ivory Press Art + Books

Comandante Zorita, 48. Madrid

Hasta el 12 de noviembre

Jean Prouvé fue un apóstol de los ideales del positivismo y el progreso ilimitado

Prouvé era herrero de formación, y siempre desarrolló sus diseños en el taller siguiendo la lógica de los materiales y los sistemas de producción. Su padre, el artista Victor Prouvé, fue uno de los fundadores de la Escuela de Nancy, un foco del arte Nouveau cercano al espíritu del Werkbund alemán, y donde la artesanía era considerada un arte tan noble como los demás. A partir de sus contactos con Robert Mallet-Stevens, Le Corbusier, Pierre Jeanneret, Charlotte Perriand y otros, Prouvé empezó a producir muebles en serie, sustituyendo los diseños tubulares de la Bauhaus por planchas de acero cortadas y plegadas cuyas formas se adecuaban a las cargas que debían soportar, y a los procesos de su fabricación. En la Casa del Pueblo de Clichy, proyecto desarrollado con los arquitectos Eugène Beaudouin y Marcels Lods, introdujo el concepto de una construcción ligera, desmontable y móvil, con estructura de acero plegado, tabiques deslizables y muros de cristal. Y en sus numerosos prototipos de casas prefabricadas de la posguerra, como su famosa Maison Tropical de 1949, "soñó con ser el Henry Ford de la vivienda", según los organizadores.

Como Fuller, Prouvé era una figura clásica del siglo pasado, tan pragmático como visionario. Fue un apóstol de los ideales del positivismo y el progreso ilimitado, de la tecnología y la razón puestas al servicio de una vida mejor. En este sentido, cuando Foster reclama a Prouvé como un modelo, implícitamente se perfila a sí mismo como su legítimo heredero y confirma la esencia posmoderna de su propia obra, que ha convertido el lema de la innovación tecnológica en un lenguaje retórico teñido de nostalgia posindustrial.

* Este articulo apareció en la edición impresa del Sábado, 29 de octubre de 2011