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Crítica:ACTUALIDAD

Relato en dos versiones

Cine, teatro, música, danza, exposiciones. Diversas muestras de la cultura rusa coinciden en estas fechas en España

Coinciden simultáneamente en Madrid dos importantes exposiciones dedicadas al arte y la cultura soviéticos, una de ellas centrada en el pintor Aleksandr Deineka (véase Babelia del pasado 8 de octubre), la otra, que comento aquí, titulada La Caballería Roja, desarrollada sobre un horizonte más generalista. Ambas exposiciones, sin pretenderlo, han resultado ser complementarias y muestran, por primera vez, un panorama completo y creíble de un periodo poco y mal conocido en España. Es sabido que la Unión Soviética produjo un arte al dictado del poder político originando un estilo denominado "realismo socialista" cuya valoración crítica en Occidente consiguió no solo descalificaciones sino la repulsa más contundente. Frente a la libertad del artista occidental, que trabajaba para el "mercado libre", el artista soviético estaba obligado a producir los emblemas de la propaganda política del Estado, que era quien poseía los medios de producción y difusión y que, además, era el único cliente del trabajo artístico. Este esquema reduccionista ha sido aderezado con todo tipo de historias de purgas, gulags, campos de trabajos forzados, ejecuciones y suicidios. Obviamente, la historia es mucho más amplia, compleja y densa que la mostrada por aquellos esquemas descalificadores.

El discurso historiográfico de la exposición La Caballería Roja es atractivo y didáctico, la comisaria, Rosa Ferré, ha sabido organizar los temas y ordenar las piezas de forma dinámica, mientras que los ensayos y comentarios del catálogo son claros y de fácil lectura. La exposición, con sus textos, obras y objetos, permite la interpretación histórica de un momento apasionante, que es revisado aquí según las normas de corrección política del momento actual, es decir, dentro del oficial Año Dual Rusia-España 2011.

Como decía Johan Huizinga: "Historia es la forma espiritual en que una cultura se rinde cuentas del pasado". Obviamente, urgía que la historia artística del pasado soviético empezara a ser contada con datos, documentos, hechos y obras, situándolos en su contexto político, más allá de las descalificaciones globales o de los entusiasmos irracionales. En este sentido, la exposición reúne una serie valiosa y abundante de pinturas, diseños, objetos, libros, fotografías, documentos y filmaciones que permiten reconstruir algunas facetas de esa historia. Entre las obras hay que destacar cuadros de Malévich, Kandinsky y Deineka, dibujos y maquetas de Gustav Klucis y Rodchenko, pero no se trata de una mera exposición de pintura ya que se hace hincapié en la presencia que en la vida cultural soviética tuvo el teatro, la literatura y la música, lo que ha enriquecido la exposición con escenografías, figurines para el ballet, manuscritos, partituras, documentos, fotografías, objetos diseñados, carteles de propaganda política, libros y revistas.

Precisamente estos últimos, los carteles, los libros y las revistas, con sus audaces innovaciones tipográficas y su carga ideológica, son los testigos idóneos del tipo de arte utilitario que promovieron las líneas políticas del poder. Como el subtítulo de esta exposición aclara, lo que en ella se pretende mostrar no son tanto las obras y los datos como las complejas relaciones entre la creación y el poder en la Rusia soviética.

En las últimas décadas, tras la caída del muro de Berlín, está sucediendo una curiosa paradoja con respecto al arte ruso de entreguerras, por una parte se está valorando, incluso sobrevalorando comercialmente, las obras de arte de esta época mientras que se denigra y demoniza el medio político que las hizo surgir. En este contexto la figura de Maiakovski aparece como el artista-poeta que resume y aglutina las esperanzas y frustraciones de una época, así como las consecuencias que tuvo la colectivización de la producción artística puesta al servicio de los intereses del poder político. No estaría mal que alguien se atreviera ahora a realizar una revisión similar en Occidente, analizando las consecuencias que ha tenido la sumisión de los creadores, supuestamente libres, al servicio de los intereses de una clase económica que ha utilizado el arte como mero valor de cambio, como mercancía sobre la cual especular con el dinero.

La Caballería Roja. La Casa Encendida. Ronda de Valencia, 2. Madrid. Hasta el 15 de enero de 2012. Aleksandr Deineka (1899-1969). Una vanguardia para el proletariado. Fundación Juan March. Castelló, 77. Madrid. Hasta el 15 de enero de 2012.

* Este articulo apareció en la edición impresa del Sábado, 29 de octubre de 2011