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viernes, 28 de octubre de 2011
Necrológica:

Edgar Villchur, inventor de un avance decisivo de la alta fidelidad

Su sistema, la suspensión acústica, logró una calidad de sonido sin precedentes

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El 17 de octubre nos dejó Edgar Villchur, un pionero de la reproducción sonora de alta calidad que nos legó una obra que supuso una pequeña revolución en la entonces incipiente alta fidelidad. Descendiente de inmigrantes rusos -su nacimiento, en 1917, coincidió con el del país de los soviets- y neoyorquino de adopción, la formación inicial de Villchur fue humanística aunque la participación de Estados Unidos en la II Guerra Mundial le permitió recibir una sólida formación en el campo de la electrónica, en aquel entonces basada única y exclusivamente en las efectivas pero toscas, grandes y delicadas válvulas de vacío.

Una vez terminada la contienda y convertido su país de adopción en la potencia mundial dominante, Villchur continuó su formación técnica, que le proporcionó las bases para aportar su granito de arena a la reproducción del sonido grabado, a su vez el punto de partida de lo que hoy conocemos como electrónica de consumo. Porque, aunque a muchos les cueste creerlo, durante la década de los cincuenta y, sobre todo, de los sesenta, la alta fidelidad (en inglés high fidelity o Hi-Fi) era en esos años lo que ahora el cine en casa, la informática personal, el audio personal o la telefonía móvil. Cuando Edgar Villchur se puso a trabajar en serio en su nueva pasión -principios de la década de los cincuenta- la tecnología disponible para reproducir música grabada en el hogar (el disco de vinilo de larga duración, el entrañable LP, acababa de ser lanzado al mercado -1948- por la estadounidense CBS) obligaba a utilizar sistemas de altavoces de dimensiones muy grandes. Esto era consecuencia de la baja potencia de los amplificadores disponibles comercialmente en la época, lo que conllevaba la necesidad de diseñar complejos recintos acústicos para obtener buenos niveles de presión sonora y una respuesta en graves realista. Problema recurrente en la hasta hace poco permanentemente difícil entente entre productos tecnológicos y estilo de vida, la necesidad de reducir el espacio ocupado por las dos cajas acústicas requeridas para hacer posible la reproducción del sonido estereofónico llevó a Villchur a desarrollar en 1952 (obtuvo la patente correspondiente en 1953) la invención por la que se hizo célebre hasta el punto de ser considerado una de las personas más influyentes de la historia del audio: la suspensión acústica.

La idea era tan revolucionaria que nadie quiso adquirir su patente

Compleja desde el punto de vista teórico, la suspensión acústica consiste esencialmente en utilizar el aire de un recinto hermético. Hasta entonces, todas las cajas acústicas existentes se basaban en el uso grandes paneles abiertos o bafles en los que se montaban altavoces también de muy grandes dimensiones... una solución aceptable para las salas de cine y los puristas afortunados, pero no para los consumidores normales y corrientes. El sistema de Villchur permitía amortiguar el cono de un altavoz en movimiento con una linealidad -es decir, progresividad- muy superior a la de los sistemas mecánicos empleados hasta aquel momento.

El uso de un diseño acústico muy preciso basado en las analogías existentes entre los sistemas mecánicos y eléctricos hizo que Villchur diese con su particular versión de la piedra filosofal: un esquema de carga de los altavoces en los recintos acústicos (la explicación técnica detallada la publicó en el Journal de la Audio Engineering Society) capaz de permitir el uso de cajas de dimensiones compactas manteniendo a la vez la respuesta en graves.

El resultado fue tan revolucionario que nadie quiso comprar la patente: se pensaba que la suspensión acústica ofrecía algo imposible de obtener. Esta circunstancia hizo que en 1954 Edgar Villchur fundase junto a Henry Kloss (que había sido alumno suyo en la Universidad de Nueva York) Acoustic Research, una empresa dedicada a la fabricación de cajas acústicas (y también giradiscos) que obtuvo un éxito instantáneo y a la que se deben productos míticos de la historia de la alta fidelidad como los monitores compactos AR-1 y AR-3 (este último expuesto en el prestigioso Museo Smithsonian de Washington, DC). Villchur presidió la empresa hasta 1967, año en que la vendió al potente grupo Teledyne. A partir de entonces, Villchur dedicó su talento al ámbito de la audiometría, al que aportó notables mejoras tanto a las técnicas de evaluación como a los dispositivos existentes.

Salvador Dangla es director técnico de la revista Alta Fidelidad.

El pionero de la alta fidelidad Edgar Villchur. / AP

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