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Editorial:

Promesas desde Berlín

La recapitalización bancaria acordada por Merkel y Sarkozy exige el rescate inmediato de Grecia

Angela Merkel y Nicolas Sarkozy repitieron ayer en Berlín la misma táctica que han venido desplegando ante los sucesivos episodios de la crisis financiera europea. Anunciaron que Francia y Alemania han pactado un plan para recapitalizar los bancos, pero dejaron la concreción y la aprobación del plan para finales de octubre; prometieron una pronta ratificación de la reforma del Fondo de Rescate Europeo, pero también queda aplazada hasta finales de este mes, cuando se aprobó ya en una cumbre a finales de julio; y aseguraron que, también antes de noviembre, ambos países presentarán un paquete de medidas para restablecer la zona euro, pero sin más precisiones. Es decir, Sarkozy y Merkel siguieron la táctica de calmar a los mercados, aunque en esa tarea sea más efectivo el acuerdo entre Francia, Bélgica y Luxemburgo para salvar el banco Dexia. Una solución que incluye la creación de un "banco malo", equivalente en principio a una socialización de las pérdidas.

Sin más precisiones, el acuerdo entre Francia y Alemania para recapitalizar la banca europea es una declaración satisfactoria pero difícil de valorar. Se mire como se mire, una segunda recapitalización de la banca europea es un fracaso, porque significa que las pruebas de resistencia ya no servirán para ofrecer confianza a los inversores ni a los propios bancos y porque, lógicamente, no hay razones para que la que se prepara sea la última inyección de dinero que necesitan las entidades financieras. Nada impide que la crisis de la banca, que en un principio se produjo por las hipotecas basura y ahora se debe al deterioro de las deudas nacionales, se manifieste a corto plazo por otras causas o debilidades.

El acuerdo entre Francia y Alemania pide además una cierta reflexión estratégica para que no se convierta en un remiendo más. Francia, Alemania y el BCE tienen sobre la mesa tres problemas: el bancario, que implica una recapitalización de entre 300.000 y 400.000 millones para hacer frente a las pérdidas causadas por la crisis de la deuda; el del rescate de Grecia, en el que también está involucrado el Fondo Monetario Internacional; y la cuestión del instrumento institucional adecuado para combatir la crisis de deuda, es decir, las nuevas funciones del Fondo de Estabilidad. Parece lógico calcular que el problema que hay que resolver primero es el de Grecia. Porque si no es así, el deterioro de la deuda griega seguirá depreciando los activos de la banca.

Francia y Alemania parecen conscientes de la dureza de la crisis, pero no ven con la misma claridad que una parte importante de esa complejidad es que requiere decisiones rápidas. Por el momento, Merkel y Sarkozy ofrecen la misma mezcla política: soluciones acertadas, pero en plazos poco concretos y sin seguridad política alguna. Quizá los Parlamentos nacionales no aprueben el plan franco-alemán de recapitalización, o quizá se crucen otras elecciones. Remedios a corto plazo para una crisis que requiere decisiones en profundidad y un auténtico Gobierno europeo.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 10 de octubre de 2011