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Reportaje:J. K. | EXTRA

El rostro del momento

Tom Ford o Jean Paul Gaultier le buscan para que encarne su ideal de masculinidad. A los 26 años, el vasco Jon Kortajarena disfruta de su cómoda posición como uno de los modelos más cotizados del mundo.

Estábamos en el jardín de una villa milanesa. Era de noche y olía a barbacoa. Un tipo llamado Tom Ford, anfitrión de aquella extraña velada, robaba tiempo al resto de sus invitados para bromear con un joven modelo vasco. A decir verdad, el diseñador estaba tan fascinado por él como por su madre, Nuria. Le parecía extraordinario que una peluquera de Bilbao hubiera tenido el gusto y el atrevimiento para cortarle a su hijo un flequillo tan singular. Jon respondía a su halagos -en su nombre y en el de su madre- con la misma risa con la que hoy puntúa sus frases al otro lado del teléfono. Aquello sucedió hace un lustro, y Kortajarena continúa siendo el modelo favorito de Tom Ford. "Fue gracioso cuando él y mi madre se conocieron finalmente", recuerda Kortajarena. "Ella no habla inglés, pero capta muy bien las emociones y se da cuenta de cómo es la gente de forma intuitiva".

"Este oficio va más allá de poner la cara. Encuentras a mucha gente que admiras"

La carrera de un modelo masculino es a veces dolorosamente diferente de la de sus colegas femeninas. Cambian los salarios, las posibilidades y también el reconocimiento. Excepto en casos como el de Jon Kortajarena o Andrés Velencoso. Junto a Oriol Elcacho han formado un raro tridente de españoles en la cima. Y se han demostrado insólitamente longevos para una industria tan voluble. Solo en este año, Kortajarena presta su imagen a H&M, Hugo Boss Orange, DKNY, Armani Jeans, 212 VIP de Carolina Herrera o el nuevo y ambicioso perfume de Jean Paul Gaultier, Kokoriko. Si miramos atrás, la lista es tan extenuante como para dejarlo en que Kortajarena ha trabajado con regularidad para los mejores diseñadores y marcas. En 2009 fue elegido uno de los 10 mejores en su profesión por Forbes, esa revista tan aficionada a las listas. "Cuando empecé, no me importó no obtener recompensas inmediatas y me lancé a la aventura", ofrece como explicación de su éxito. "Mi familia también ha sido fundamental. Es necesario volver a lo real. Parece una obviedad, pero eso se puede perder trabajando como modelo".

Es posible que esos lazos familiares tan intensos expliquen la tendencia de Kortajarena a establecer colaboraciones que trascienden la simple pose. "Suelo crear vínculos de amistad con la gente con la que trabajo", admite. "Este oficio va más allá de poner la cara. Te encuentras con personas a las que admiras y con las que es un placer poder crear algo conjuntamente".

Resulta inevitable volver a Tom Ford. El estadounidense le dio a Kortajarena un papel en Un hombre soltero, su primera película como director. "La primera vez que vi a Jon Kortajarena a través del objetivo supe que sería un buen actor", escribía Ford en diciembre de 2009 en esta revista. "Estaba retratándole para una de mis campañas. Le di una simple indicación y él transformó inmediatamente no solo su silueta, sino también su rostro y el estado de ánimo que proyectaba. La cámara ama a Jon y él es natural. Lo mejor, sin embargo, es su corazón. Es uno de los chicos más adorables que he conocido, y no estoy hablando sobre su evidente belleza física. Es sabio, a pesar de su juventud, leal y un buen amigo con un gran espíritu". Casi nada.

La experiencia de Un hombre soltero abrió una ventana que a Kortajarena le gustaría convertir en una puerta. Por eso compagina su trabajo con clases de interpretación mientras espera, sin prisa, que aparezca otro proyecto cinematográfico. "Esa película fue un regalo", reflexiona. "Soy consciente de que no es una realidad a la que pueda aspirar. Pero estoy aprendiendo y me satisface el proceso. Además, estoy en un buen momento en la moda. He trabajado mucho para lograrlo y me apetece disfrutarlo". En el último número de la revista VMan, Kortajarena encarna el mito de Narciso. Imposiblemente hermoso, queda tan embelesado por su propia imagen reflejada en el agua que se ahoga. Es cierto que pocas bellezas resultarían tan verosímiles en ese papel como la de Jon; pocos caracteres, sin embargo, tan poco propicios a caer en esa trampa de vanidad.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 9 de octubre de 2011