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CARTAS AL DIRECTOR

Recortes en sanidad

Las autoridades catalanas han embargado una parte de los salarios a los profesionales sanitarios. Es la última vuelta de tuerca a un colectivo habituado a padecer las contradicciones de una sociedad que lo ha exprimido a la vez que lo ha malbaratado, que le exigía excelencia a la vez que le reprochaba ser una carga pesada e ineficiente. Sí, fórmense ustedes, estudien, dedíquense, sean diestros, que ya decidiremos nosotros a qué precio y de qué manera nos aprovechamos de sus habilidades y conocimientos, esos que ha acumulado con tanto esfuerzo.

En efecto, la sanidad ha sido una barra libre en la que políticos y gestores han servido a los parroquianos con la misma alegre diligencia con la que en los mítines reparten banderines o convidan a croquetas, y ya se sabe que no es de estima lo que poco cuesta. El ilusorio fundamento de esta burbuja no ha sido otro que garantizar una cartera de prestaciones ilimitadas, no importaba lo que costasen ni quién las demandase, anteponiéndose incluso la voluntad de los usuarios -no siempre contribuyentes- al criterio especializado.

Pero hasta aquí hemos llegado. Es la hora de contener el gasto, de los recortes y de los despidos. El sistema no da más de sí. Nada que el sentido común no hubiese pronosticado, ¿les suena esta cantinela? Y aunque nadie sabe lo que puede pasar, las consecuencias serán devastadoras.

¿Se imaginan un país con enfermedades, pero sin sanitarios? Inténtenlo. No cuesta tanto.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Jueves, 6 de octubre de 2011