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Reportaje:EL CANDIDATO RAJOY

El candidato forjado en la supervivencia

Tras superar dos derrotas electorales y sortear conspiraciones de ciertos compañeros de partido, Mariano Rajoy compite de nuevo para instalarse en La Moncloa. Si las encuestas no se equivocan, puede conseguirlo. Sus amigos dicen que ha sabido mantenerse independiente de los grupos de presión. Su discurso gira en torno a la idea de crear confianza para superar la crisis

Mariano Rajoy oposita de nuevo a la presidencia de España y esta vez cabalga sobre una ola tan poderosa que hay que imaginárselo llegando triunfalmente a la playa de La Moncloa el 20-N. Sus colaboradores dan por supuesto que ya tiene en la cabeza el orden del día del primer Consejo de Ministros y la composición del nuevo Gobierno. Aunque carece del carisma de otros líderes y de la popularidad de su oponente Rubalcaba y, además, parece reñido con la mercadotecnia y los medios audiovisuales, el tique PP-Rajoy se anuncia, esta vez, suficiente para ganar. "En los tiempos de grandes dificultades, las gentes prefieren a dirigentes sensatos, realistas y prudentes", apuntan en su partido, adobando la figura de su líder.

País Vasco "Gracias al apoyo que hemos dado a los socialistas se ha puesto fin a la idea de que solo un partido (PNV) podía gobernar allí"

Gürtel "Hay cosas que, evidentemente, tienen bastante mala pinta y vamos a procurar que no se repitan"

Autonomías "Ha llegado el momento de corregir algunos defectos del proceso autonómico. Abrir una etapa de cooperación es imprescindible"

Zapatero "Se ha equivocado de cabo a rabo en asuntos muy importantes. Al final de su mandato está haciendo el esfuerzo de rectificar"

Rubalcaba "Se estará dando cuenta de que no es lo mismo ser el 'número uno' que el 'dos', y de lo difícil que es tomar la última decisión"

La edad "No estoy con la moda de meter gente joven a toda costa. Si tengo que nombrar a un ministro de 30, lo haré; y de 75, también"

Algunos le pedían que fuera como Aznar. Pero Rajoy no podía convertirse en lo que no es, dicen los marianistas Para sus colaboradores, el PP que se perfiló tras el congreso de 2008 es diferente de la derecha madrileña extrema

Al registrador de la propiedad en su día más joven de España -obtuvo la plaza con 23 años- le ha costado tres décadas presentar sus credenciales de "casi seguro presidente de Gobierno" y ha tenido que encajar dos derrotas, distintas, pero igualmente dolorosas, a manos del ahora desahuciado José Luis Rodríguez Zapatero. Sus críticos le rebajan los méritos a la caricatura del personaje que espera sentado a ver pasar el cadáver del enemigo, pero, como saben los primeros espadas del PP que le han disputado su liderazgo, Rajoy es un superviviente nato que acostumbra a ganar por abandono, desistimiento, del contrario. De joven, se precipitó de noche por un barranco al volante de su coche y, cegado por la sangre coagulada que cubría sus ojos, logró liberarse de la mortaja metálica y gatear a tientas y a ciegas hasta llegar a la carretera. Seguro que los efectos de aquel accidente fueron más allá de las cicatrices resultantes de una operación de cirugía facial de más de seis horas que cubre con su poblada barba.

Nuestro hombre ha vuelto de vacaciones con aspecto saludable y rejuvenecido, como si la emulsión "frescura juvenil Elvira Fernández Balboa, Viri", su mujer, 10 años más joven, le acompañara también en su despacho de la madrileña calle de Génova. Aquí está: los brazos extendidos sobre la mesa y el cuerpo inclinado hacia su interlocutor, afable y atento, pero pidiendo guerra. "Oiga, que Rubalcaba es claramente mayor que yo; él tiene 60 años y yo 56", protesta al desgranar las similitudes con su adversario socialista: edades parecidas, dilatada trayectoria institucional, ambos exvicepresidentes de Gobierno y titulares de varias carteras ministeriales, barbados, fumadores de puros, hinchas del Real Madrid -no les gusta Mourinho-, aficionados al deporte... lo que no impide que las personalidades de uno y otro se sitúen en las antípodas.

Desde que se castiga en la bicicleta estática y sale a andar fuerte por las mañanas -hay que imaginarse al gigantón barbudo y algo desgarbado caminando velozmente a grandes zancadas como el señor de los bosques de la sierra madrileña-, ha bajado cuatro o cinco kilos y su figura se ha afinado bastante, de forma que la traza de su perfil sigue ahora una trayectoria mucho menos curvilínea. Su imagen de bon vivant ha perdido rotundidad, aunque, amigo del buen comer y beber como es, mantiene las largas sobremesas y es hombre que necesita dormir sus horas. Cosa rara en un temperamento tan tranquilo como el suyo, Rajoy se pone irritable si no cubre sus mínimos de sueño. Frente a quienes le tachan de perezoso, él asegura que trabaja muchísimo. "No tengo horas, ni fines de semana. Mantener un partido implica pensar, estudiar y elaborar mucho, tomar decisiones y cargar con la responsabilidad de la decisión. Quiero dejarle una reflexión para mi contrincante Rubalcaba: supongo que ahora se estará dando cuenta de que no es lo mismo ser el número uno que el número dos y de lo difícil que es tomar la última decisión sabiendo que detrás ya no hay nadie más". Al contrario que con el presidente Zapatero, con el que viene estrechando relaciones en encuentros informales y discretos de los que no se da cuenta, Rajoy mantiene sus distancias con el candidato socialista.

-Dicen que últimamente habla mucho con el presidente. ¿Qué juicio le merece, ahora que él está de salida?

-Mire, el problema es que se ha equivocado de cabo a rabo en asuntos muy importantes y que no quiso escuchar. Al final de su mandato está haciendo un esfuerzo de rectificación, puede que se haya encontrado con la realidad.

-Pero su relación personal no es mala.

-No, mi relación personal es buena.

-¿Considera normal que un político como Zapatero desaparezca de la escena precisamente después de haber adquirido una gran experiencia política?

-Es un valor político y, sin duda, ha tenido que aprender muchas cosas, pero son decisiones que hay que respetar. No estoy con la moda de meter gente joven a toda costa. Si tengo que nombrar a un ministro de 30 años, lo haré, y si tengo que nombrar a uno de 75, también. La edad me trae sin cuidado.

Rajoy está estudiando inglés, otro indicativo de que se siente ya en la antesala del balcón presidencial con vistas a la comunidad internacional, aunque, pese a su acreditada capacidad memorística y a su conocido tesón, es dudoso que tres horas semanales en la lengua de Shakespeare le permitan ir más allá de un chapurreo básico de andar por casa. De hecho, su hijo mayor, Mariano, de 12 años, que estudia en el colegio inglés y hace cursillos de inmersión en Inglaterra, ha dejado de prestarse al juego. Solo el pequeño, Juan, de seis años, le aguanta, de momento, en las prácticas de speaking english. Ya dicen que sus hijos son sus profesores más severos. "La victoria parece segura", le comento, a modo de tanteo, pero el cauto Rajoy no da rienda suelta a la cometa del triunfalismo. "No hay nada seguro. Por ahora, Rubalcaba y yo estamos empate a cero", afirma, y eso que se le ve confiado, mecido en la tranquilidad de que nadie en su partido, ni siquiera quienes le aborrecen, contempla la posibilidad de un tercer fracaso.

La situación ha cambiado sustancialmente para este político, antítesis del líder épico de personalidad arrolladora, pero forjado con un material altamente resistente a las hogueras domésticas y a las celadas. La derrota del 9 de marzo de 2008 abrió en el PP una guerra intestina con daños que todavía no han cicatrizado, entre otras razones porque en el seno del partido coexisten protagonismos enfrentados y concepciones ideológicas diferentes. Sin tiempo de digerir el resultado, Mariano Rajoy tuvo que tragarse en la noche electoral el sapo de la deslealtad, del desplante y de la declaración de beligerancia, mientras la enfervorizada y aturdida militancia concentrada en la calle pasaba de la euforia a la frustración. "Para acceder al balcón de la sede tuvimos que atravesar las estancias del PP de Madrid en el primer piso, y allí nos encontramos con actitudes de fría hostilidad. Poco después, desde Telemadrid empezaron a atribuir la derrota a la falta de liderazgo de Mariano", comenta un militante.

Fiel a su costumbre de quitarle hierro a las disputas internas, el líder del PP ofrece una versión ambivalente e imprecisa. "No recuerdo mucho de aquella noche, salvo que se vivieron situaciones más emocionales que racionales y que fue una de esas experiencias tristes de las que aprendes y te hacen más fuerte. Algunos interpretaron mi adiós al despedirme desde el balcón como el anuncio de que dimitía, pero no era así; esas decisiones no se pueden tomar en caliente. Luego, en los medios de comunicación hubo gente que, por decirlo de una manera fina, comenzó a cuestionar mi liderazgo de forma un tanto abrupta", señala Rajoy.

Es su manera de describir la soledad y el acoso a que fue sometido, el desconcierto lacerante al constatar que su figura era desprestigiada, vituperada, vilipendiada -"maricomplejines", le llamaba desde la Cope el periodista Federico Jiménez Losantos- precisamente en los medios de comunicación amigos. Se sabe que cenó con monseñor Rouco Varela, presidente de la Conferencia Episcopal, propietaria de esa cadena de radio, para pedirle, sin resultado, que se moderara el tono ofensivo adoptado por la emisora. En su reciente libro autobiográfico En confianza (editado recientemente por Planeta), Mariano Rajoy pasa de puntillas sobre aquel periodo de división interna, pero no sin anotar que se produjeron "rupturas con compañeros de partido" y que todo eso le resultó "doloroso" en el terreno personal.

"Hubo una conspiración para echar a Mariano Rajoy a empujones en la que participaron Aznar, Esperanza Aguirre, el director de El Mundo, Pedro J. Ramírez, y Jiménez Losantos. Por no faltar, no faltó ni el intento de putsch con la manifestación de apoyo a María San Gil que convocaron ante la sede del PP para pedir la dimisión de Mariano. Y por cierto que Jiménez Losantos nos llamó 'ratas de biblioteca' a los próximos a Rajoy, sabiendo como debe saber que ese era el término que los nazis aplicaban a los judíos", no olvida un colaborador del líder del PP. "Fue una temporada difícil, había una presión asfixiante sobre mi hermano", recuerda Enrique Rajoy. "Yo tuve que salirme de una cena de amigos porque algunos de los presentes no cesaban de descalificarle en los términos más insultantes", agrega.

En lugar de entrar al trapo, el cuestionado presidente del PP optó por jugar sus bazas puertas adentro, recabando los apoyos de una estructura organizativa que conocía bien porque en gran medida la había creado él mismo. Sabía que era ahí, en las organizaciones del partido del conjunto de España, y no en los medios de comunicación de la derecha madrileña donde iba a librarse la batalla. Salió elegido con el 84% de los votos en el congreso de Valencia del 20 de junio y, aunque sus adversarios no se resignaron, los sucesivos éxitos en las elecciones gallegas y las europeas han acabado por consolidar su posición. ¿Cuál es el método Rajoy para neutralizar a sus adversarios? "Soy el líder porque así lo han querido mis compañeros", responde este político lacónico, socarrón, de ironía no siempre perceptible, desordenado y hasta caótico en sus cosas, pero prudente, planificador, riguroso en los datos hasta el punto de que le enervan los informes frívolos mal hechos o sostenidos con alfileres.

Sus colaboradores niegan airados que nuestro hombre mate silenciosamente a través de terceros. "No es maniobrero, ni enredador, y también por eso tiene el respeto de la militancia. Es inteligente e intuitivo, una persona de buena pasta y gran humanidad", sostiene Soraya Sáenz de Santamaría, la portavoz del PP en el Congreso, considerada la ahijada política del líder. "No ha tenido que dar codazos, ni se ha metido en peleas. Está ahí por su valía, lucidez y criterio a la hora de identificar y enjuiciar los problemas", asegura, a su vez, José Manuel Romay Beccaría, exministro de la UCD, que pasa por ser el padre político de Rajoy. Son muestras de la consabida cascada de elogios que vierten los correligionarios del candidato.

"Mantenerse al frente del PP no es algo que se pueda hacer aplicando el laissez faire, laissez passer [dejad hacer, dejad pasar]. La clave de la supervivencia de Rajoy es su habilidad para administrar los tiempos políticos. En eso es un maestro porque consigue sus objetivos sin que, aparentemente, haya hecho nada. Es sensato, franco, algunos le ven indolente y dubitativo, pero lo que pasa es que es reflexivo, gallego y ejerce de gallego", dice Xavier Pomés, de CiU, exconsejero de Interior de la Generalitat, que guarda con él una relación amistosa desde los tiempos en que Rajoy dirigió el ministerio. No es el único de sus antiguos o actuales adversarios políticos que coincide en este juicio. Muchos recuerdan que cuando estuvo en el Gobierno, lo que se pactaba con Rajoy iba siempre a misa. Además de dubitativo, el candidato del PP se ha hecho fama de irresoluto por su falta de reacción en los plazos que demanda la actualidad, por sus silencios, exasperantes a veces en asuntos como el de la corrupción.

-¿Cree haber resuelto correctamente los casos de corrupción de la trama Gürtel?

-Opinar es fácil y no tiene consecuencias, pero decidir es más difícil y sí las tiene. Al final, el que dice si eres culpable o inocente es un juez, y este es un principio básico de la democracia que la gente tiende a olvidar. La pena de telediario no tiene redención posible y se dan casos de gente imputada que cuando llegan al juez se quedan en nada.

-¿Piensa en alguien en concreto?

-No, lo que pasa es que yo tengo que ser justo cuando tomo una decisión.

-¿Para actuar drásticamente hay que atenerse a una resolución judicial?

-No necesariamente. Nosotros hemos dado una respuesta política a cada asunto. Todas las personas implicadas en casos de corrupción han sido apartadas de su responsabilidad.

-¿Gürtel está totalmente encauzado?

-Todavía hay sumarios abiertos, como la causa contra los tres diputados de Madrid, que, por cierto, han dejado de ser diputados.

-¿Qué me dice de Camps?

-Ha dimitido como presidente de la Generalitat Valenciana a pesar de que estamos convencidos de su honestidad.

-A usted le consta que ha habido una trama corrupta que ha actuado con elementos del PP...

-Hay cosas que, evidentemente, tienen bastante mala pinta y vamos a procurar que no se repitan.

"En estas situaciones, mi hermano busca el momento y las formas discretas más propicias para que el imputado no se sienta abandonado por su partido y reaccione negativamente. Mire, la nuestra es una familia educada en la rectitud y sin golpes de autoridad en la mesa. Como nuestro padre era juez, vivimos en casas habilitadas de las audiencias provinciales, dentro de un ambiente de austeridad. Para Mariano, ser justo es muy importante", comenta Enrique Rajoy. En su autobiografía, el presidente del PP recoge esta frase del ministro conservador cofundador de la Liga Regionalista, Francesc Cambó: "En las luchas políticas, la habilidad, la amabilidad y la seducción pueden ser armas de mucha más eficacia que la audacia y la elocuencia".

Dicen algunos de sus allegados que, tras el congreso de Valencia, Rajoy comprendió que no podía hacer un partido tratando de contentar a todo el mundo. "Algunos le pedían que hiciera de Aznar, pero como Mariano no puede convertirse en lo que no es, lo que hizo fue darle su impronta personal al partido. Por eso existen los marianistas", explican. En aquel congreso, el PP limó parte de sus aristas y se instaló en un centroderecha más templado, a partir de unos pocos principios enunciados por su líder: "No basta con tener razón, hay que conseguir que te la den. Es bueno dotarse de firmes convicciones, pero hay que aceptar que los demás también pueden tenerlas diferentes. Una formación política que aspira a gobernar no se aísla, habla con todos". Se trataba de reajustar la imagen de un partido percibido por buena parte de la sociedad como insufrible, belicoso, intolerante y sectario a causa de su sobreactuación -varios de sus dirigentes llegaron a apoyar el boicoteo al cava catalán- en asuntos como el de la negociación con ETA y la reforma del Estatuto de Cataluña.

"Voy a darle mi opinión sincera, aunque igual le parece increíble: creo que la crispación está más en los medios que en la clase política. Si en una charla de media hora dedico 15 segundos a criticar al Gobierno, ya estoy dando los titulares del día siguiente. Y, sin embargo, en el País Vasco se ha hecho una de las operaciones políticas más importantes de la democracia. Gracias al apoyo que hemos dado a los socialistas de Euskadi se ha puesto fin a la idea, inaceptable desde la democracia, de que solo existía un partido (PNV) que podía gobernar allí". Dice el presidente del PP vasco, Antonio Basagoiti, que Rajoy ha respetado ese pacto sin alterarse por las periódicas escaladas de tensión con el PSOE. "Es un hombre sensato. Más de una vez, estando en un debate o una conferencia, me ha susurrado al oído que la actitud inquisitorial del orador desvirtuaba su planteamiento. Le gusta charlar también de asuntos diferentes a la política. En Navidades, suele visitarnos y se relaja con un whisky en la mano".

José María Lassalle, diputado del PP integrado en el círculo de confianza de Rajoy, le considera un genuino exponente español de la derecha girondina (representante de la burguesía regional moderada y federalista). "Es un conservador moderado con una visión del mundo atlántica, galaica, en clave periférica y de capital de provincia. Se ha impuesto sobre otros líderes del PP porque ha sido capaz de mantener su visión de centralidad", sostiene. ¿Es el centroderecha moderado lo que define verdaderamente a ese partido? ¿Qué espacio ocupa en él el viejo conservadurismo tiznado de elementos reaccionarios? En la versión de los colaboradores de Rajoy, el PP que empezó a perfilarse tras el congreso de Valencia sería diferente a esa derecha madrileña extrema instalada en el vórtice de la agitación permanente que trata de irradiar su belicoso mensaje a toda España aprovechando la potencia de los altavoces que concede la capitalidad. Y, por lo mismo, ese PP no respondería a la fiebre integrista político-religiosa aunque todo haya sido utilizado y aprovechado, particularmente cuando se ha tratado del aborto, el matrimonio homosexual y la educación para la ciudadanía.

"Ustedes han aparecido poco solidarios con el Gobierno en ciertas cuestiones de Estado. Su rechazo a las medidas exigidas por la UE estuvo a punto de provocar que España fuera intervenida. No pocos ciudadanos se preguntaron entonces si el PP estaba habilitado para gobernar", le digo a Mariano Rajoy. El líder de la oposición se pone serio y es como si la discreta cicatriz de su frente adquiriera de pronto relieve y un punto de brillo mientras ofrece su explicación de parte. "El 5 de mayo me reuní con el presidente en La Moncloa y, después de darle mi apoyo en determinados aspectos de la reestructuración del sistema financiero, le hice ver la necesidad de recortar el déficit público. Me dijo que no lo consideraba necesario, pero una semana más tarde, sin haber intentado acordar nada con nosotros, presentó en las Cortes un programa de recortes cerrado en plan 'o lo tomas o lo dejas'. Las cosas no se pueden hacer así".

El líder del PP se ha rodeado de personas que proceden de la periferia: Francisco Villar y Jorge Moragas, anterior y actual jefe de su gabinete, respectivamente; Soraya Saénz de Santamaría -"los que venimos de provincia tenemos la cabeza amueblada de otra forma", indica la portavoz parlamentaria-; Carmen Martínez, responsable de comunicación; el mismo José María Lassalle, diputado por Cantabria. "Creo que Mariano Rajoy es un gran desconocido. Hay que leer a Álvaro Cunqueiro para entender su sensibilidad, su inteligencia emocional, su escepticismo, su distancia respecto a las ortodoxias. Se trata de un conservador en el sentido europeo, un líder cooperativo equilibrado, racional, de emociones contenidas; solo que aquí la templanza y la sensatez se perciben a menudo como frivolidad y tibieza", afirma Lassalle. La pregunta, entonces, es qué grado de dependencia tiene el PP de Rajoy respecto a esa derecha bronca habituada a tocar tambores un día sí y otro también. ¿Y cuánto tardaría ese mundo radicalizado en volver a sus hábitos y fabricarse una alternativa si la política del nuevo Gobierno no colmara sus presupuestos ideológicos? "Él ha sabido mantenerse independiente de los grupos de presión en situaciones muy difíciles", subraya el diputado de Santander. He aquí la respuesta del candidato Rajoy: "En todas partes cuecen habas".

Si las encuestas no se equivocan, este hombre de aspecto y maneras antiguas que ha heredado la actitud introspectiva y tímida de su padre se enfrentará dentro de unos meses y para toda una legislatura al compromiso de hacer honor a la leyenda, apócrifa, que circula desde hace ocho años: "Mariano sería mejor presidente de Gobierno que jefe de la oposición".

En confianza, las memorias personales y profesionales de Mariano Rajoy, editado por Planeta, ya está a la venta. Tiene 280 páginas y su precio es de 21,50 euros.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 25 de septiembre de 2011

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