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sábado, 10 de septiembre de 2011
Crónica:VUELTA 2011 | 19ª etapa

Gana Euskadi, gana Antón

El retorno al País Vasco, un éxito de público, sin incidentes ni cambios en la clasificación

-¿Quieres la ikurriña?, le dice un ertzaina veterano a un independentista al borde de la meta.

-Pero si no he hecho nada... ¿Qué pasa?

-Te he dicho que no se puede sacar fuera de las vallas.

Todo ocurre al paso de los ciclistas por primera vez por la línea de meta de Bilbao. Es un diálogo tranquilo, sin tensión, con la firmeza del ertzaina y la extrañeza del independentista.

-¿Quieres la ikurriña? No hay problema.

Y el ertzaina quita el palo a la bandera y le devuelve la tela. Asunto liquidado. Ni uno ni otro se enfadan. Empieza bien y acaba bien. Y siguen los afónicos gritos de "¡independencia!", las pancartas que reclaman el retorno de los presos a Euskal Herria... El paisaje natural, pero en miniatura. Antes, una cuadrilla, apostada significativamente en el monumento al Sagrado Corazón de Jesús, silba el paso de la Guardia Civil, que encabeza la caravana de la Vuelta. Son silbidos sordos, que se pierden entre el ruidoso sonar de las motos, los coches, los micrófonos que transmiten la voz del locutor que anima la carrera. Detalles de un cosquilleo que acabó convertido en un levísimo picor: llegó la Vuelta al País Vasco sin incidente alguno, con la Guardia Civil asegurando el tráfico, con la Ertzaintza colaborando (en la próxima etapa será la responsable) y con una excepción tan esperada como excepcional: la respuesta del público.

Cobo respondió a Froome sin necesidad de morderse los dientes

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La Vuelta y Euskadi se necesitan. Las cunetas del Alto del Vivero, llenas, y la Gran Vía, con cuatro filas de espectadores, bajo un sol andaluz, iluminaban una carrera que busca público desesperadamente. Y el público estaba aquí, esperando 33 años, sin entender por qué. Un público que, por ejemplo, en El Vivero mostraba sus dos aspectos. Muchachos que blandían sus pequeñas pancartas reivindicativas sobre los presos de ETA y que inmediatamente se partían las manos aplaudiendo a Antón, al italiano Bruseghin, al kazajo Dyachenko, al vasco Verdugo... Y a todo el que pasara por el estrecho pasillo. El ciclismo pasaba por encima de la política virtual. El independentismo hizo acto de presencia y se quedó a gusto. Sin más.

Ganaba Euskadi y ganaba Antón, lo que suponía un matrimonio que se espera estable. No era el ciclista de Galdakao (Bizkaia) el llamado, por el perfil, a adjudicarse la etapa. Estuvo llamado a la carrera y acabó ganando lo que no esperaba. "No era una etapa que tuviera tachada en mi calendario. Mi sueño era llegar a Bilbao con el maillot rojo de líder. Eso habría sido una pasada", dijo en la meta, "pero este día lo recordaré como el año que hice historia".

Ganó Antón, inesperadamente, tras aprovechar una escapada con Bruseghin, Dyachenko y su compañero Verdugo. Una escapada que venía bien al líder, Cobo, porque iba devorando las bonificaciones y reduciendo el sarpullido del Geox ante el posible ataque del Sky de Froome. Era un día propicio para las emboscadas. Nervioso, en el pelotón y la organización. Treinta y tres años de temor tras los incidentes de 1978 no se curan en un suspiro. Y 13 segundos en la clasificación, como frontera del éxito, son para poner nervioso a cualquiera. Un despiste, un pinchazo, una bonificación, con el sol rabiosamente sólido, húmedo, de Bilbao (39, 40 grados), pueden ser el mazazo definitivo.

Antón y compañía iba a lo suyo en el primer paso por El Vivero, un lugar habitual para meriendas, antiguamente barbacoas; un remanso cercano a Bilbao donde ayer tocaba sufrir. El Sky fue limando el pelotón en el primer paso en busca de que el hachazo final al Bisonte fuera en el segundo, a 15 kilómetros de la meta. Pero el músculo ya no está para exhibiciones. Froome pegó su sprint habitual, el de Peña Cabarga, en el último kilómetro de ascensión, pero ni era Peña Cabarga ni era un final en alto. Cobo respondió sin necesidad de morderse los dientes.

El kazajo Dyachenko cedió pronto, Verdugo se vació hasta la extenuación y Antón dio el golpe definitivo a Bruseghin en la segunda ascensión. A ritmo, se lo quitó de en medio. Eran tres carreras que resolvieron pronto. La de la organización se resolvió en un pis pas. Nada de incidentes, nada de incidencias. La de Antón, en los partes duras de El Vivero, porque con 30 segundos de ventaja en el alto la caza en el descenso es imposible. Y la de Cobo, que vivía ansioso el hachazo de Froome, de un manotazo.

No se sabe si Cobo habrá ganado la Vuelta o si a Froome le queda un centímetro cúbico de gas para incendiar la carrera. Queda Vitoria, antes del presunto paseo por Madrid. Lo que se sabe es que Antón, por fin, fue feliz en la Vuelta y que la Vuelta, por fin, volvió a ser feliz en Bilbao y Bilbao con la Vuelta. Como lo será hoy Vitoria. En cierto modo, Euskadi es como la Holanda del ciclismo español, la reina de las cunetas. Quizás por eso ganaron todos, aunque quienes subieran al podio, en representación del resto, fueran Igor Antón, como vencedor de la etapa, y Juanjo Cobo, como líder.

El pelotón, en el puerto de Las Muñecas, el límite entre Cantabria y Bizkaia. / SANTOS CIRILO

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