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domingo, 4 de septiembre de 2011
COLUMNA

El café

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Ha causado un gran jolgorio que Alfredo Pérez Rubalcaba le haya dicho a José Luis Rodríguez Zapatero en los pasillos del Congreso:

-Me voy a tomar un café. Es que me duermo.

De los gobernadores civiles de Franco me sorprendía siempre que, a cualquier hora, los veías rozagantes, como recién duchados, muy bien peinados también. Era una marca de aquellos tiempos.

Ahora quienes están siempre en perfecto estado de revista son los banqueros, los banqueros de todo el mundo. Manuel Vicent cuenta que Mario Conde, que fue banquero y hoy da consejos en una televisión, tenía intactas las suelas de los zapatos. Es que no salía a la calle.

Cuando uno ve a alguien recién acicalado, y que además no muestra síntomas de cansancio, sospecha en seguida: ¿será banquero, será gobernador civil? Ya no hay gobernadores civiles tal como los conocimos. La gobernadora civil de Madrid, si es que se les puede seguir llamando gobernadores a los delegados del Gobierno, no hubiera pasado el examen con Franco. La dictadura quería a los gobernadores con la voz clara: tenían que mandar firmes en los actos públicos. Y esta mujer gobernadora tiene una voz que no responde a los cánones. Como yo que lo digo.

Así que no debe sorprender grandemente que, tratándose de asuntos constitucionales, Rubalcaba estuviera cansado y se fuera a tomar un café. Hay asuntos históricos que contagian cuando se evocan. Hace siglos, es decir, cuando se discutió la Constitución que nos ampara, cuando los constituyentes no dormían nunca; se reunían en el despacho de Peces-Barba, en la calle de Conde Xiquena de Madrid, y no salían de allí hasta que cerraban el Bocaccio, que estaba al lado. Al día siguiente, los reunidos de la madrugada tenían que simular que se habían acostado a las once, pero se les veía en las ojeras que habían estado liados hasta el alba.

A veces trabajan y a veces no trabajan. Los políticos y los periodistas, y los ingenieros, y los curas: simulan que hacen, pero no siempre hacen, para qué nos vamos a engañar. Trabajar, decir que se trabaja, y explicar, además, que uno está en forma por mucho que curre, es una de las artimañas de la sociedad contemporánea. Ser saludable, estar disponible. Todo es mentira. Luego se meten en sus despachos y se duermen su siestecita diciendo que, en realidad, están revisando unos papeles. Por lo menos Alfonso Guerra decía la verdad: no estaba mirando unos papeles, estaba leyendo poesía de Ángel González.

Por eso a mí me pareció muy bien que Rubalcaba le dijera a Zapatero que si no se tomaba un café se dormía. Han sido días de mucho ajetreo constitucional, y en este país es tradición que la Constitución deja a la gente muy tirada. Por lo menos así los que siempre dijeron que era un monstruo lo verán como a un tipo humano que también se duerme cuando hablan de la Constitución. -

jcruz@elpais.es

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