Selecciona Edición
Entra en EL PAÍS
Conéctate ¿No estás registrado? Crea tu cuenta Suscríbete
Selecciona Edición
Tamaño letra
Crítica:68ª edición de la Mostra de Venecia

Clooney hace un retrato demoledor de la clase política

Aparecen sensaciones insólitas al constatar la programación de esta Mostra. Existen las expectativas con causa, la ilusión ante las últimas obras de directores con talento contrastado y que muchas veces te han hecho feliz. La sorpresa es absoluta ya que este festival se había convertido durante los años en que lo ha dirigido el siniestro Marco Müller en el refugio de las autorías más patéticas, en la acumulación de un cine mayoritaria y comprensiblemente inestrenable. En las hamletianas dudas sobre su continuidad de responsable de la Mostra, imagino que ha pretendido dejar un recuerdo grato de la última edición que dirigió. Si así fuera, eso tampoco le eximiría de su culpabilidad en haber provocado impunemente durante su mandato el abusivo esplendor de ese gesto tan indeseable llamado bostezo.

Es desoladora la falta de escrúpulos de los que controlan el tinglado

El arranque de la sección oficial con la espléndida The Ides of March ha estado a la altura de esa calidad que imaginamos. La dirige un tipo dotado de infinitas cualidades, incluida la inteligencia. Su nombre es George Clooney, alguien que desprende tanta brillantez y magnetismo que el cotilleo hepático necesita adjudicarle una doble vida, intentando escarbar en la presunta homosexualidad y la negativa a salir del armario del hombre que enamora a todas las mujeres en posesión de buen gusto. Si eso fuera cierto, Clooney tiene el sagrado derecho a hacer lo que le dé la gana con su privacidad, pero como resulta transparente que su arte y su personalidad son inatacables urge encontrarle algún fallo, demostrar que la gran estrella del cine actual utiliza cotidianamente la hipocresía para acorazar su imagen del galán al que aman las hembras.

Y precisamente su película The Ides of March es un retrato implacable de la hipocresía, de lo que esconden las apariencias, de la inevitable corrupción y el cinismo arrogante que alimenta a la maquinaria política. Basada en una obra teatral, describe la batalla entre los dos candidatos del Partido Demócrata durante la campaña por las elecciones primarias en el Estado de Ohio, y cuyo resultado, debido a su trascendencia estratégica, puede ser indicativo de quién va a alcanzar en el futuro la presidencia de Estados Unidos.

Cuentan que en la carrera de Obama hacia la jefatura del imperio fue fundamental el imaginativo y poderoso cerebro de un chaval de 25 años que le escribía los discursos, creaba eslóganes dotados de inmensa capacidad de comunicación, manejaba con credibilidad las ideas que se pretendían vender a los futuros votantes. El protagonista de The Ides of March reúne inicialmente las características de aquel personaje. También es idealista, cree en el mensaje que predica y mantiene una lealtad inquebrantable hacia el político para el que trabaja. Progresivamente este hombre descubrirá con estupefacción y terror que nada es lo que parece, que los comportamientos no guardan relación con las palabras, que la maquinaria electoral se rige por una farsa abyecta que utiliza la mentira, la ocultación, los pactos más turbios y la traición con el único y sagrado objetivo de ganar, de tomar el poder. También percibirá cómo su pretendida integridad moral no es inmune a esa cloaca, que sus principios se resquebrajan, que para continuar pisando firme en ese universo se exige una conducta artera, hacer irreparables renuncias, especializarse en el chantaje, dominar las obscenas reglas del juego.

Clooney retrata ese temible mundo con lucidez feroz, sin apelar al maniqueísmo, haciendo creíble la desvergüenza y las contradicciones sin sentido de culpa de los profesionales de la política, un mundo en el que el único pecado es fracasar en la toma del poder. Si en Buenas noches y buena suerte Clooney exaltaba la imagen del periodismo independiente enfrentándose a los abusos y las persecuciones del Gobierno, aquí solo existe desolación ante la falta de escrúpulos de los que controlan el tinglado. Vuelve a demostrar que es un poderoso narrador de historias. Siendo un actor deslumbrante en comedia y en drama, conoce los secretos para extraer lo mejor de los de su gremio. Ofrece el protagonismo al inquietante actor joven Ryan Gosling, pero se encarga de que esté arropado por los mejores pesos pesados del mercado. Él se reserva un papel sabroso y logra el milagro de que veamos actuar juntos a la crema de su profesión, a los extraordinarios Philip Seymour Hoffman, Paul Giamatti y Marisa Tomei. Esta película deja una sensación tan amarga como necesaria.

* Este articulo apareció en la edición impresa del Jueves, 1 de septiembre de 2011