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Crítica:José Ignacio Torreblanca - La fragmentación del poder europeo | LIBROS | ENSAYO

Desde el fondo del pozo

Política. El declive de Europa ya es un lugar común que nada aporta al debate sobre nuestro futuro. Menos cuando de lo que se trata es de salir de la crisis y aun no de preguntarse sobre cómo quedará Europa después. Cuando llegue el momento de responder al interrogante, esperemos que más pronto que tarde, habrá que tener claro el punto de partida, la geografía política de la Europa declinante, que aceleró su hundimiento cuando colisionó con el iceberg.

Si alguien nos puede ayudar a levantar esta cartografía intelectual es José Ignacio Torreblanca, profesor de ciencia política en la UNED, director de la oficina española de uno de los más destacados think tanks europeo y europeísta como es el European Center on Foreign Relations y columnista al que ustedes pueden leer semanalmente en las páginas de Internacional de este periódico. Como observador atento y documentado de la actualidad global y estudioso de las instituciones europeas, Torreblanca nos da un diagnóstico matizado y equilibrado sobre el horizonte que tiene ante sí la Unión Europea en este momento de transformación y desplazamiento de poder económico y político, a tanta distancia del eurocatastrofismo ahora tan transitado como del negacionismo piadoso que quiere ver un renacimiento europeo en cada cumbre, aunque a las pocas horas quede desmentido.

La fragmentación del poder europeo

José Ignacio Torreblanca

Estudios de Política Exterior

Icaria. Barcelona, 2011

229 páginas. 18 euros

La base para su visión es el balance extraordinario que ofrece el programa de acción europeo de los últimos 60 años y las dificultades enormes que les esperan a los países emergentes a los que se supone que van a dar sopas con onda a los europeos en cosa de dos días. La UE es un poder fragmentado hasta la exasperación, en su política exterior sobre todo, y con un adn introvertido en su propia construcción al que Torreblanca atribuye buena parte de sus dificultades para existir como protagonista global. En los últimos decenios esta dificultad intrínseca para existir en el mundo quedó enmascarada por el espejismo de una superpotencia de nuevo tipo, postsoberana sobre todo, que iba a convertirse en modelo a seguir e incluso a liderar el planeta. No lo dice Torreblanca pero se lee entre líneas, que tales excesos oníricos han hecho más mal que bien al proyecto europeo. De ahí su apelación al realismo y a la inteligencia a la hora de adaptarse a las nuevas circunstancias, al nuevo tamaño después de este duro down-sizing, en el que Europa puede todavía afirmar sus valores, modelo de sociedad y estilo de vida, y aspirar a jugar más y mejor como actor internacional en un mundo que la sigue necesitando.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 27 de agosto de 2011