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Crítica:LIBROS

Parodia de la religión

¿Mito o marca? Dos décadas después de que La señorita Smila y su especial percepción de la nieve se convirtiera en uno de los raros best sellers internacionales que cuentan además con el beneplácito de la crítica, resulta casi imposible separar el nombre de Peter Høeg de la potente maquinaria comercial que le acompaña. Y por más que el Høeg de carne y hueso intente desmarcarse de la gloria prefabricada -con esa humildad zen que transmite en las pocas entrevistas que concede-, las expectativas creadas en torno a su figura son tantas, y su público tan amplio y diverso, que todas sus novelas parecen condenadas de antemano a la polémica. Así sucedió cuando rompió una década de silencio literario con Den stille pige (no editada en España). Sus lectores más conservadores le acusaron de una excesiva complejidad argumental y de concederse demasiadas licencias para un thriller, mientras que otros defendieron su disposición para asumir riesgos e innovar desde un planteamiento lúdico que se proponía la reinvención del género. Ante este panorama la única salida que le queda a Høeg es hacer lo que le dé la gana. Y eso es lo que ha hecho con Los niños de los cuidadores de elefantes, su personal parodia de la religión desde la mirada desenfadada de dos adolescentes, el narrador de catorce años y su hermana de dieciséis, ambos capaces de ver y aceptar los "elefantes" de los adultos (la ambición, la vanidad, el miedo a la muerte...) tal y como enseña el proverbio chino que encabeza el libro. La desaparición de sus padres les precipitará en un vodevil frenético de aventuras y misterios que suceden -y se resuelven- con el atropello característico de los dibujos animados y que ofrece un muestrario de personajes a cual más estrambótico: un pastor que viste sotanas de cachemira y conduce un Maserati, un conde yonqui y bisexual o una hacker budista que regenta un negocio de sexo telefónico, por nombrar sólo a unos cuantos. Inmerso en una trama rocambolesca, cuando no descabellada, el narrador va explicando a salto de mata los bandazos de la acción y sacándose comodines de la manga para justificar sobre la marcha un sinfín de casualidades forzadas. Todo es posible en un libro donde los terroristas hacen terapia de grupo en un burdel, los villanos aprovechan el primer diálogo de turno para exponer de cabo a rabo sus estrategias y los niños (y las bisabuelas) profieren amenazas con el aplomo de un rufián de cine negro. Obviamente todo esto es intencionado, forma parte del espíritu del texto, del propósito de un Høeg convencido de que la mejor forma de atacar el fundamentalismo era escribiendo una novela sin ningún fundamento. Allá cada cual con su elefante.

Los niños de los cuidadores de elefantes

Peter Høeg

Traducción de Sofía Pascual Pape

Ediciones B. Barcelona, 2011

423 páginas. 19 euros

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 27 de agosto de 2011

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