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jueves, 25 de agosto de 2011
Reportaje:Música

Último vuelo del Barón Rojo

Tras 30 años, la formación original se separa y hace recuento de su trayectoria

La noticia escueta diría así: la formación primigenia de Barón Rojo cierra su gira del 30º aniversario en el madrileño Palacio Vistalegre, el 22 de octubre. Pero detrás se adivinan las glorias y miserias del rock español. Armando y Carlos de Castro -propietarios del nombre- retomarán su formación B, otro Barón Rojo que recorre un circuito modesto con dos músicos contratados.

José Luis Campuzano, alías Sherpa, bajista y cantante original, preferiría que el cuarteto clásico continuara unido: "Toco parte de ese repertorio con mi banda pero, claro, no tengo el mismo tirón que cuando salgo con Barón". Hermes Calabria, el baterista uruguayo que también grabó Volumen brutal y demás robustos elepés de los ochenta, se muestra flemático: imparte clases en una academia de música, tiene una vida regulada. Pero incluso Hermes sufre retortijones cuando divisa en un aeropuerto el avión de Iron Maiden: "Me dio envidia. Recordé que Bruce Dickinson, su cantante, se subió al escenario con nosotros en Londres, en 1982. Perdimos aquel tren".

"Nos negamos a tocar para el PSOE en el 82 y lo pagamos"

Ellos mantienen una idea elevada de lo que significa tocar rock

Aunque Barón giró por Europa y América, no hubo continuidad. Sherpa lamenta tantas oportunidades perdidas: "Zafiro, nuestra discográfica, ganó muchísimo pero nunca arriesgó. Pudimos haber grabado un directo en el Budokan, en Japón; terminamos en el Pabellón del Real Madrid, que no es lo mismo. Llegó una oferta para telonear internacionalmente a AC/DC. Hubiera costado siete millones de pesetas, una minucia a cambio de entrar en nuevos mercados".

¿Podemos decir que se palpa cierto rencor? Sí: el grupo apareció en 1981, cuando el foco mediático apuntaba a la movida. No encajaban estéticamente y se sintieron ninguneados. Les cortejó Javier Moscoso, ministro de la Presidencia con Felipe González, que creía ver allí "una protesta social, heredera de la protesta política de los cantautores". A la larga, se sintieron maltratados: "En la campaña de 1982, el PSOE nos ofreció actuar en 40 actos electorales. Nos negamos y lo pagamos: cuanto más discos vendíamos, menos conciertos de aquellos que patrocinaban los Ayuntamientos".

Evocan también algunas inmundas negociaciones. TVE les propuso grabar un especial... si conseguían que reapareciera en el programa Marisol, entonces artista de su misma compañía. Y siempre, la sensación de marginación. Sherpa pone otro ejemplo: "Coincidimos en Bogotá con Serrat, Hombres G, Rocío Jurado y Perales. Resulta que ellos tocaban en teatros o salas de fiesta; nosotros en la plaza de toros. El corresponsal nos hizo un reportaje para el Telediario La embajada musical de España en Colombia. Al día siguiente, lo vimos en TVE Internacional ¡y se mencionaba a todos menos a Barón Rojo! ¿No debíamos sentirnos paranoicos?".

En su cancionero abundaban los temas que presentaban en términos épicos la resistencia de "los rockeros". Cuesta encontrar letras amorosas en su obra, mientras proliferan las críticas sociales, las viñetas urbanas, los himnos generacionales. Sherpa lo explica como "fruto de la mala hostia". "Encontrabas taxistas que no te paraban, te insultaban por llevar pelo largo. Cuando entrabas en un banco, se te ponía detrás el vigilante, la mano en la pistola".

Rompiendo tópicos, los fundadores de Barón Rojo insisten en que nunca vivieron excesos de sexo o drogas. Para Armando, "cuando bajabas del escenario y querías ligar, eras uno más, no un objeto del deseo". Carlos especifica: "Nuestro rock exige máxima concentración, no es compatible con las drogas duras. Siempre se nota, como ocurre en alguna etapa de Led Zeppelin".

Sherpa sí almacena una historia disparatada que les relaciona con Carlos Lehder, aquel narco colombiano que levantó una estatua a John Lennon. "Por lo visto, quería montar una fiesta privada con los Stones. Ellos no picaron y los siguientes en su lista éramos nosotros. Antes de contactarnos, Lehder fue extraditado por la DEA. Todavía sigue en una prisión estadounidense".

Ellos mantienen una idea elevada de lo que significa tocar rock. Como instrumentistas formados en conservatorios, niegan esa medalla a los conjuntos pop de los ochenta. Los hermanos De Castro incluso se lo discuten al llamado "rock urbano" de Rosendo y compañía. Armando deplora "una pretensión de dignificar lo que era finalmente rock cutre", mientras Carlos lo sitúa en un momento específico: "Había verdaderos comisarios políticos, relacionados con grupos de poder en el negocio musical, que extendían certificados de autenticidad".

Como el resto de la profesión, Barón Rojo está conmocionado por la caída de Teddy Bautista. Armando colaboró con él en los setenta y le defiende. Sherpa es más crítico: "Este país lleva en su genética el latrocinio". No, ahora no interpretan el Get on your knees, de Los Canarios, que grabaron en 1989. "Es que nunca estuvo en el repertorio" de ensayo para esta reunión, "unas 40 canciones". Sí rescatan Anda suelto Satanás, de Aute: "Tiene una gran letra, muy adecuada para estos tiempos, con tanto fanático religioso por ahí".

Calabria, Carlos de Castro, Campuzano y Armando de Castro, en los ochenta.

Hermes Calabria, Armando de Castro, José Luis Campuzano, Sherpa y Carlos de Castro (de izquierda a derecha), esta semana en Madrid. / CARLOS ROSILLO

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