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domingo, 14 de agosto de 2011

La deuda pública se convierte en la alternativa más rentable para el ahorro

Las letras y los bonos desplazan a los depósitos como productos más atractivos para el pequeño inversor por el 'decreto Salgado' y la subida de tipos

La Bolsa en un permanente movimiento sísmico, el mercado inmobiliario hundido, la rentabilidad de los depósitos bancarios cayendo. Ante este panorama de inseguridad, y hasta de pánico, el pequeño ahorrador no lo tiene fácil a la hora de decidir dónde coloca su dinero. Aunque por primera vez, en mucho tiempo, puede haber una respuesta sencilla a esa cuestión: la deuda del Estado.

Las en otro tiempo populares Letras del Tesoro, así como los bonos y obligaciones, no son solo la inversión más segura, sino también ahora la más rentable. La crisis de la deuda, que ha obligado al Estado a ofrecer rentabilidades cada vez más altas para cubrir sus emisiones, y las nuevas exigencias del Ministerio de Economía a bancos y cajas para que acaben con los depósitos de alta rentabilidad, ha convertido la deuda del Estado en el mejor producto de ahorro para el pequeño inversor.

Los particulares solo tienen el 0,77% de la deuda, y en 2009 era el 6,33%

Ningún depósito nacional ofrece un interés del 3,7% como las letras

El Tesoro Público paga las letras a 12 meses al 3,7%, el mismo interés que abonaba en 2008, con la diferencia de que entonces el tipo de interés oficial llegó a tocar el 4,25% (julio de 2008) mientras que ahora está en el 1,5%. El resto de productos también son muy competitivos: los bonos a tres años se pagan al 4,8% y a cinco años al 4,2%. Muy superior a los depósitos bancarios, cuya rentabilidad media es del 2,91% (datos del Banco de España a junio 2011), los fondos de inversión de renta fija (0,1%) y, por supuesto, de la Bolsa, que en lo que va de año acumula pérdidas de más del 15%.

Por su parte, las entidades financieras se han visto atadas de pies y manos tras la entrada en vigor el pasado 4 de julio del real decreto sobre recursos propios de la banca -más conocido como decreto Salgado- en el que se penalizan los depósitos de alta remuneración, en particular, los que superen el 3,1% de interés.

La consecuencia ha sido que los superdepósitos a un año que rondaban o superaban el 4% de interés, han desaparecido del mercado completamente a finales de julio. Los únicos que se han salvado de esta criba son los bancos extranjeros que no están obligados a hacer aportaciones al Fondo de Garantía de Depósitos. Como el portugués Banco Espirito Santo que ofrece un 4,80% (TAE) a dos años en su depósito CR. O el holandés ING, que hasta el 31 de julio daba un 4% a seis meses (ahora rebajado al 3,3%).

Los mejores depósitos de bancos y cajas nacionales a un año apenas llegan el 3% de interés, y los pocos que lo superan están vinculados a la suscripción de otros productos como planes de pensiones, fondos de inversión o la domiciliación de la nómina.

Daniel Suárez, analista económico y de mercados de AFI, estima que con el "efecto colateral" del aumento de la prima de riesgo y la consecuente subida de la rentabilidad de la Deuda es "razonable esperar que con la competencia en tipos de interés se produzca un trasvase a Deuda del Estado desde los productos bancarios, aunque el particular no está aún muy familiarizado con su contratación".

Esa dificultad para contratar deuda pública es uno de los obstáculos que debe superar el pequeño ahorrador. De hecho, del total de saldo vivo de deuda pública -576.514 millones de euros a junio pasado- solo el 0,77% está en manos de inversores particulares (el porcentaje sube hasta el 2,25% si se trata de Letras del Tesoro). Pero aún muy lejos del 6,33% que estaba en manos de pequeños ahorradores en 2000, coincidiendo con las fuertes campañas de publicidad que hacía el Tesoro para convencer al ciudadano de a pie de las ventajas de invertir en Deuda Pública.

Además de la citada rentabilidad, la principal de esas ventajas es la seguridad ya que, por norma ninguna entidad goza de mayor calificación que el propio Estado y si las agencias de calificación rebajan la nota de este (como ha ocurrido con la deuda española) automáticamente reducen la calificación de las entidades privadas de ese país.

La fiscalidad es la misma que la de cualquier depósito: tributan al tipo del 19% y del 21% si la base liquidable del IRPF excede de los 6.000 euros. Los intereses de las letras no tienen retención a cuenta mientras que los de los bonos y obligaciones tienen una retención del 19%.

Otro de los alicientes para invertir en deuda pública frente a los productos bancarios es que el importe mínimo de cada petición es solo de 1.000 euros y las solicitudes por importe superior múltiplos de 1.000 euros.

El principal problema es su contratación, aunque se ha agilizado con Internet. Hay tres formas de contratarlo: abriendo una cuenta directa en cualquiera de las 23 sucursales que tiene el Banco de España, a través de cualquier banco o intermediario financiero, aunque hay que pagar una comisión que puede alcanzar e incluso superar el 0,5%; y a través de la página web del Tesoro Público, mediante la obtención de un certificado de la Fábrica Nacional de Moneda y Timbre, de forma sencilla y sin apenas pagar comisiones (15 por mil del importe del cobro de cupón y amortización de principal, con un mínimo de 0,90 euros y un máximo de 200 euros)

El otro inconveniente es la liquidez. Aunque se trata de una pega a medias, porque todos los valores del Tesoro pueden venderse antes de su vencimiento en el mercado secundario. Para ello basta con dar la orden de venta a la entidad financiera donde se adquirieron, aunque el inversor puede sufrir pérdidas sobre la inversión que realizó inicialmente, lo que no sucede nunca si los títulos se mantienen hasta su vencimiento.

Esta pérdida puede darse si los tipos de interés en el mercado han aumentado desde que realizó la inversión; en este caso, el derecho que otorga una Letra, bono u obligación a recibir ciertas cantidades en el futuro pasa a tener un menor valor actual o precio de mercado. Y al contrario; en caso de que los tipos de interés hayan caído desde la inversión inicial, se pueden obtener ganancias en la venta.

Elena Salgado, tras un Consejo de Ministros de diciembre. / ULY MARTÍN

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