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Los celos del sargento metódico

Muere el mando de la Guardia Civil que el día anterior había asesinado en los vestuarios de un gimnasio por celos a su exnovio, que será enterrado hoy

El sargento Ángel Luis de la Torre, fallecido ante de anoche en el hospital Gregorio Marañón tras matar a su exnovio y dispararse a sí mismo en la cabeza, pertenecía al servicio de material móvil de la Guardia Civil, una unidad encargada del traslado de presos, personal o material. Sus miembros no conocen por seguridad qué desplazamientos van a hacer hasta pocas horas antes de que se lleven a cabo. Así nadie podrá tener información para tenderles una emboscada o programar un atentado. Sus compañeros describen al sargento como un hombre metódico, muy legalista y estricto a la hora de aplicar el reglamento del cuerpo. De la Torre, como es habitual, llamó el martes por la mañana a la comandancia para saber qué misión tenía encomendada para ese día.

"Estaré en el gimnasio haciendo pesas", dijo el sargento

Sus compañeros lo describen como un hombre muy estricto y legalista

-No tienes asignado nada para hoy.

-Vale, estaré en el gimnasio haciendo pesas. Llamadme si me necesitáis.

El guardia civil, de 45 años, colgó el teléfono. Más tarde se dirigió al centro Holiday Gym de la plaza de la República Dominicana, en el barrio de Chamartín. Es un lugar frecuentado por agentes porque la Jefatura Superior y una sede del Instituto Armado en Príncipe de Vergara están bastante cerca. En ese centro trabajaba el que había sido su pareja durante varios años, un chico bien parecido llamado Marcos Hernández, 17 años más joven que él. Era socorrista y monitor de la piscina del centro de fitness.

La noche anterior, según ha podido saber la policía a través del relato de una amiga de ambos, discutieron por teléfono. Ángel Luis, según sus conocidos y la hipótesis que maneja la investigación, no llevaba muy bien que Marcos saliese con otra persona. El sargento amenazó con matarlo antes de acabar la llamada. Al día siguiente cuando entró por la puerta del gimnasio iba armado con un revólver y una Beretta de 9 milímetros, la reglamentaria del cuerpo. Juntos, cuando eran pareja, acostumbraban a hacer pesas, a ejercitarse durante tardes enteras. Compartían un grupo de amigos en común que frecuentaba los centros de musculación (dieta estricta, batidos vitaminados) y salía por el barrio de Chueca. Algunos famosos que trabajan en televisión también formaban parte de la cuadrilla.

Marcos Hernández, moreno, pelo corto, además de trabajar entre semana hacía de camarero en Shangai, una discoteca situada en el número 20 de la calle Costanilla de los Ángeles, un club decorado en rojo, negro y dorado, con grandes espejos y salas reservadas para clientes VIP. "Le teníamos mucho cariño. La noticia nos ha afectado", dice uno de los encargados de ese local.

La noticia es que el sargento le disparó a su exnovio seis tiros, uno de los cuales le impactó en la cabeza. Medio minuto después, mientras un chico que salía de la ducha corría escaleras arriba, se disparó a sí mismo. El servicio de emergencias encontró a Marcos muerto pero el asesino pudo ser estabilizado y trasladado al hospital. En la madrugada de ayer murió, tal y como confirmó una portavoz del hospital Gregorio Marañón. Al Grupo V de Homicidios, que por la mañana había tenido que investigar un supuesto parricidio en Hortaleza, se le acumuló el trabajo. Esta vez, un tiroteo en un gimnasio.

Mientras fallecía el sargento en el hospital, el cuerpo de Marcos Hernández salía del Instituto Anatómico Forense rumbo al tanatorio sur de Madrid, en la carretera de Toledo. Allí lo velaron toda la tarde, concretamente en la sala 38, sus amigos y familiares. El chico será enterrado hoy en la más estricta intimidad.

El que supuestamente ha acabado con su vida llevaba tan a rajatabla sus sesiones de entrenamiento en el gimnasio como sus rutinas en el trabajo. No faltaba nunca. Era de ideas fijas, tal y como describen sus conocidos. Metódico, repiten. Años atrás perteneció al servicio de Información de la Guardia Civil aunque casi no pisó la calle, sino que su trabajo se limitó a los despachos. No se le recuerda apuntando con un arma. Una de sus últimas tareas era conducir a los presos camino a la cárcel o al juzgado.

* Este articulo apareció en la edición impresa del Jueves, 28 de julio de 2011