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lunes, 25 de julio de 2011
Reportaje:

El museo de las alas rojas

Santa Margarida i els Monjos acoge el centro sobre la aviación republicana

Las alas rojas, las de la aviación de caza republicana, los famosos chatos y moscas, vuelven a desplegarse en Cataluña, con todo el esplendor de su leyenda y la tragedia de su historia. Ayer, más de 70 años después de que los últimos aparatos de la agonizante República, consumada la última pólvora de la batalla del Ebro, despegaran de los aeródromos de Tarragona hacia el norte, hacia la derrota y el olvido, se inauguró en el paraje de uno de esos antiguos campos, el de Els Monjos, el primer museo de Cataluña dedicado a la aviación republicana.

El Centro de Interpretación de la Aviación Republicana y la Guerra Aérea (CIARGA), impulsado por el Memorial Democrático y el Ayuntamiento de Santa Margarida i els Monjos, y obra de un puñado de historiadores y entusiastas, como Ramon Arnabat, está ubicado en la reproducción de un hangar y junto a un viejo refugio del aeródromo. En el mismo espacio, rebautizado como Parque de la Memoria, se alza un monumento a los aviadores republicanos.

El centro ocupa la reproducción de un hangar en el viejo aeródromo de caza

Incluye la recreación del ataque de una escuadrilla de Meserschmitts Bf 109

El museo es pequeñito, pero está lleno de maravillas: puedes asomarte a un puesto de mando de los cazas (una reproducción de la caseta de mando del campo de Santa Oliva) y casi estrechar la mano y desearle buena suerte allá arriba a un piloto de caza embutido en su chaqueta de vuelo de cuero (un maniquí que parece el mismísimo as de chatos Antonio Nieto Sandoval). Puedes incluso tú mismo trepar a la cabina y ¡pilotar un chato!, aunque, ¡ojo!, los indicadores de los controles están en ruso (una simulación a tamaño natural de la parte central del caza a escala real, para experimentar lo que era volar en ellos). Creado a partir de la admiración por la gesta de aquellos fieles aviadores y las ganas de reivindicarlos, y apoyado en una rigurosa investigación histórica, el museo hangar ofrece un documentadísimo y a la vez apasionante paseo por la memoria de la aviación republicana.

Otra de las grandes atracciones es una proyección virtual que muestra una impactante recreación del ataque al campo por una escuadrilla de Meserschmitts Bf 109 el 12 de enero de 1939, tres días antes de evacuar el aeródromo (se dice que fue un regalo de aniversario de la Legión Cóndor a Goering), el ametrallamiento y la destrucción de aparatos en tierra, el despegue de la escuadrilla de protección, el duelo mortal en las nubes... "¡Vienen los Mesers!", se oye gritar, dan ganas de correr al refugio vecino y luego de jalear a los pilotos inmersos en las letales melés aéreas. En la acción murió, entre otros, el teniente de mecánicos Castro.

Un diorama muestra un taller de construcción de chatos. En una vitrina pueden verse objetos hallados en los terrenos del aeródromo: munición, piezas mecánicas. En otras se exhiben banderines de las escuadrillas, emblemas (el pingüino de la 2ª escuadrilla de chatos, el seis doble de la 3ª de moscas, periódicos de la época y otros documentos). Diversos paneles muestran la organización del arma de caza republicana (¡qué épica la historia de la caza nocturna!), mapas de su despliegue, datos sobre la industria aeronáutica, fotografías y biografías de pilotos. Un dispositivo permite escuchar el himno Alas rojas. El propósito del CIARGA es explicar el papel de la aviación y las fuerzas aéreas republicanas durante la Guerra Civil, y proponer una reflexión sobre la guerra y la paz.

"Es el único museo que existe dedicado exclusivamente al ejército republicano", destaca el historiador Xavier Hernández -cuya aportación ha llegado hasta a donar el reloj de su abuelo para el maniquí del aviador-, responsable del grupo de investigación del departamento de Didáctica y Patrimonio de la Universidad de Barcelona (Dipatri), que se ha encargado de la museografía del centro.

Para David Iñíguez, que es otro de los colaboradores del museo y dice que escogería un mosca de nueva generación si tuviera que volar en algún aparato de entonces, el centro recupera la experiencia, a menudo terrible, de unos pilotos de gran coraje que a menudo volaban en situación de inferioridad material contra sus rivales. El museo dispone de dos bonitas maquetas de aviones (chato y mosca), pero prevé poder exhibir dentro de un año ¡un chato de tamaño natural!

Maqueta de un Polikarpov I.16, chato. A la derecha, el morro de un Polikarpov I-15, mosca. / LLUÍS ASTIER

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