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Reportaje:TENDENCIAS

Comparte que algo queda

Con más de 100 millones de imágenes nuevas cada día en Facebook, más el tirón de Flickr e Instagram, es evidente que la fotografía sigue un proceso de democratización imparable. ¿De dónde viene y adónde va este fenómeno?

No pienses, ¡dispara!". Por mucho que parezca una línea sacada de un guión de Tarantino, nada más lejos de la realidad. Es el primer mandamiento de la Sociedad Lomográfica. Esta institución fotográfica insta a sus miembros a servirse de cámaras Lomo (aparatos analógicos muy simples, de plástico y con una estética cercana al juguete) para inmortalizar todo lo que se les pasa por delante. Y, a juzgar por los datos, es como si medio planeta hubiera hecho suya la comanda. Basta hacer un pequeño recuento de las fotografías que se hacen y, lo que es más importante, comparten a diario en Internet. A saber: el primer fin de semana de 2011, y solo en Facebook, los usuarios subieron 750 millones de fotos. Súmenle 100 millones más por cada día del año y la cifra les hará llevarse las manos a la cabeza. Piensen además en el factor añadido de que Facebook no es una red social especializada en la fotografía.

"Este año, cinco millones de personas han hecho de Instagram la gran promesa de la fotografía colaborativa"

Ese título, a día de hoy, le corresponde a Instagram, una aplicación fotográfica para iPhone capaz de convertir en arte hasta las fotos más mediocres (gracias a una pequeña selección de filtros muy fáciles de aplicar) y que en menos de un año de vida ha superado la barrera de 100 millones de imágenes subidas. Parece poca cosa en comparación con Facebook, pero teniendo en cuenta que solo se puede acceder a esta red a través del teléfono de Apple y que Flickr (el gran almacén de imágenes de la Red) tardó dos años en acumular tal cantidad, los méritos se hacen evidentes.

Su aparición ha acabado de confirmar además que "el móvil va camino de convertirse en la cámara del día a día", nos cuenta el joven fotógrafo Victoriano Izquierdo. No solo ofrece un retoque rápido y efectivo, sino que permite colgar la imagen en la Red al instante y sus características técnicas han mejorado en los últimos tiempos. "Las cámaras digitales, por el contrario, se han quedado estancas. Lejos de las redes sociales, y eso hace que hayan perdido terreno. Tendrán que reinventarse, porque la tendencia de la sociedad actual es a compartir en tiempo real", añade el fotógrafo.

Se podría decir que todo comenzó en 1947. Cuando Polaroid lanzó al mercado la primera cámara instantánea dio pie a este proceso democratizador de la fotografía. Bastaba disparar al objeto deseado, esperar 60 segundos mientras se soplaba el papel y listo. El grupo de amigos podía verse reflejado en la fotografía. Ese resultado inmediato, durante aquellas décadas en que había que llevar los carretes a revelar a una tienda, se convirtió en su gran valor. Incluso grandes de la fotografía, como Helmut Newton, se maravillaban con su frescura y espontaneidad, "algo de lo que carecen las fotografías cuidadosamente planificadas", dijo.

En los noventa, con el nacimiento de la cámara digital, las tornas cambiaron. Ya era posible previsualizar las fotografías antes de imprimirlas y, aún más importante, eliminarlas y volver a hacerlas en caso de que la pose no fuera la más favorecedora. Con el nuevo milenio, las posibilidades de compartirlas a través de la red de redes aumentó exponencialmente al ritmo que los usuarios exigían ese giro social. Webs como Flickr nacieron con vocación de reunir las fotografías propias y tener ubicadas las ajenas. Lo que ahora se ve como algo normal, pongamos por ejemplo disponer del álbum de fotos del verano pasado de un amigo a tan solo un clic de distancia, era poco más que un relato de ciencia-ficción para cualquier persona corriente de la década de los ochenta.

Si hay algo bueno que propició Flickr fue la creación de grupos temáticos por parte de los usuarios. Así, quienes se interesen por "perros yorkshire" o por "gatos blancos y negros", por poner dos ejemplos al azar, tienen un lugar en el que compartir y visualizar imágenes relativas al tema. También ese ha sido un modo de mantener viva la tradición analógica y añadirle un componente social masivo. "Lo primero que hago con las polaroids es escanearlas y añadirlas a Flickr, además de a mi web. Así las ve más gente", cuenta la ilustradora sevillana Nazaret Escobedo, una auténtica apasionada de las máquinas Polaroid.

Y es que el huracán de la tecnología ha arrasado a su paso con todo lo anterior. Aunque en un ataque de nostalgia algunos usuarios hayan tratado de recuperar las tradiciones analógicas. Eso fue lo que pasó con la cámara de fotos Lomo Kompact Automat. Dos estudiantes vieneses la encontraron de casualidad en 1992 y, tras revelar el primer carrete, decidieron volver a producirla. Fundaron la Sociedad Lomográfica Internacional y designaron "embajadores" voluntarios a lo largo y ancho del planeta. Sin embargo, en 2006 tuvieron que revisar la viabilidad comercial del proyecto. Como resultado, decidieron servirse de la inmediatez y sociabilidad de Internet para crear un foro internacional que difundiese y mantuviese vivo el movimiento. "Hicimos una encuesta para saber si nuestros usuarios también querrían una cámara lomográfica digital. La respuesta fue aplastante. Más del 95% se negaban en rotundo. Así que seguimos investigando en lo analógico, en busca de cámaras sencillas, básicas, económicas, fáciles de utilizar y con prestaciones especiales: como las múltiples exposiciones, los filtros de colores, las lentes de plástico o las largas exposiciones", apunta Christina Hinrichsen, responsable de prensa de Lomo en España. Sí, para lograr los divertidos efectos de las cámaras Lomo hay que seguir pasando por el cuarto de revelado y obtener las copias en papel. Pero tranquilos, porque en la mayor parte de establecimientos, conocedores de las costumbres de la gente, ofrecen un CD con las fotos digitalizadas. Así es más fácil que acaben en la red de redes, almacenadas en el programa de turno.

Porque, ahí va otra novedad, la tecnología ha acortado sobremanera el tiempo de hegemonía de cada proyecto. En 2004, los internautas preferían Flickr; en 2006, Google les llevó a Picasa; en 2007 cayeron en las redes con Facebook..., y este año cinco millones de personas han hecho de Instagram la gran promesa de la fotografía colaborativa. Pero las aguas distan mucho de estar calmadas, porque ya le están saliendo competidores en la sombra. "La creatividad que rezuma recuerda a los primeros tiempos de Flickr", apunta Victoriano. "Pero la gente ya está haciendo trampa y usando otras aplicaciones de retoque antes de subir las fotografías a Instagram. Algunos incluso hacen las fotos con réflex digital para que tengan mejor pinta".

lo curioso del caso es que han logrado un gran nivel de participación en poco tiempo. Ante la falta de presencia web de la compañía, la mayor parte de acólitos se han reunido en torno a Instagramers, el único blog que existe sobre la aplicación. Su fundador, Phil González (un francés afincado en Madrid que lleva años trabajando en diversos proyectos de Internet), ha fomentado la creación de grupos locales para quedar y "desvirtualizarse" alrededor de unas cervezas. O lo que es lo mismo: trasladar la relación virtual al plano de la realidad. "En la actualidad tenemos algo más de 100 grupos, formados por alrededor de 500 personas de media, lo que representa una comunidad de más de 50.000 personas", enumera Phil. Y también las empresas (cada vez más ávidas de incluir las redes sociales en sus planes de comunicación) han coqueteado con Instagram. Por ejemplo, la cadena hotelera NH está detrás de la primera muestra offline de fotografías tomadas con la aplicación. Tuvo lugar en uno de sus hoteles en Madrid y el éxito fue tan sorprendente que va camino de organizar una segunda en Berlín con vocación internacional. Resulta interesante que, en un mundo cada vez más digitalizado, se siga apostando por la exhibición en papel. "Simplemente es parte de la fotografía, el papel añade otra dimensión que no se logra en la pantalla de un ordenador. Ahora bien, el iPad está empezando a dar un realismo en el color y en la imagen que puede cambiar las cosas", cuenta Victoriano.

¿Y qué vendrá después? "Lo que está claro es que tendrá algo que ver con mejoras tecnológicas, como ha sido hasta ahora", conjetura Victoriano. Pero, aunque han surgido competidores, no hay un claro sucesor más social, más creativo o más rápido para recoger la patata caliente. "Y la gente se mueve en grupo. No me voy a ir a otra red si todos mis amigos están en Instagram", añade Nazaret. Su gran debilidad, que se limita a un modelo de teléfono móvil en concreto, quizá inspirará nuevos proyectos multiplataforma. Al fin y al cabo, lo que queremos es compartir sin límites.

* Este articulo apareció en la edición impresa del Domingo, 24 de julio de 2011