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Reportaje:FOTOGRAFÍA

Morbosa y polémica trastienda global

Los millones de fotos que toma Google Street View de la trastienda y los detalles de la vida cotidiana en el planeta dan pie a debates sobre la privacidad, demandas de ciudadanos y Gobiernos, y también a proyectos artísticos. El mundo al alcance de la mano o de un clic de ratón. Arte, polémica y filosofía.

La primera vez que una nave espacial fotografió el planeta Tierra desde el espacio exterior, esa bola azul y blanca flotando en el silencio eterno del vacío, tuvimos por fin la certeza de que todos estábamos juntos y ahí montados. Que todas las personas que habían nacido y muerto, todos los amores y las guerras, todas las historias, habían ocurrido en ese trozo de roca en rotación. Ahora lo vemos a pie de suelo y sustituyendo la nave por el ordenador, mediante herramientas como Google Street View (GSV), que nos enseña el mundo entero al tamaño de un ser humano. Así, montados en esta aplicación informática, el artista canadiense Jon Rafman y el fotógrafo alemán Michael Wolf, cada uno por su lado, se liaron la manta a la cabeza y se marcharon de viaje por el orbe terrestre sin salir de su casa. Las imágenes insólitas que encontraron en sus viajes, y que forman los proyectos 9-eyes (Nueve ojos) y A series of unfortunate events (Una serie de sucesos desafortunados), ilustran estas páginas. Ahí seguimos todos.

Fontcuberta: "Nos hace experimentar una sensación ambivalente de temor y placer a la vez"

"Revelar la alienación del prójimo dentro de nuestra sociedad puede hacernos sentir menos alienados"

Un reno corriendo libremente por una carretera, un perro que se cuela a través de una verja, un tanque, dos niños explorando la oscuridad de una alcantarilla, una persona anónima enfrentando el mar con cierta melancolía. En las imágenes obtenidas en GSV, lo cotidiano se vuelve insólito y lo insólito toma cuerpo. "Busco imágenes que muestren individuos que, a pesar de los contextos deshumanizadores o alienantes en los que viven, afirman su unicidad, su humanidad, su autonomía", explica Rafman. "Son vistos en contextos solitarios, arcenes vacíos, proyectos urbanos o instituciones gubernamentales. Alterando la perspectiva, mediante mi replanteamiento del contexto, trato de mostrar el significado y valor del individuo". Los modelos de las imágenes recolectadas por Rafman no posan, la gran mayoría ni siquiera son conscientes de que han sido inmortalizados por el paso fugaz del coche de GSV. Están a lo suyo, ocupados en su quehacer cotidiano, podría ser usted mismo, y precisamente en eso radica la extraña magia de las fotos. Qué vida tan rara. "Es curioso", continúa Rafman, "en vez de la perspectiva religiosa de todos los seres iguales a los ojos del Creador, ahora somos todos iguales en el objetivo de la cámara de GSV. Es una forma irónica de igualdad, pues no somos iguales desde una perspectiva humana, sino como piezas de información. La fotografía de GSV, no artística e indiferente, no atribuye especial significado a ninguna persona en particular".

A veces sobrecoge el alcance universal del proyecto: "Experimentamos una sensación ambivalente de temor y placer a la vez", opina el fotógrafo Joan Fontcuberta, cocomisario de la muestra From here on, que aborda estas nuevas formas fotográficas (Internet, fotografía hecha con móviles, redes sociales, proliferación de cámaras) y en la que precisamente se incluirá la obra de Rafman. Se presenta este mes en el Festival Internacional de Arles (Francia) y luego girará por museos europeos. "Tenemos una sociedad cada vez más obsesionada por vigilar y castigar, pero que al mismo tiempo se recrea en la pulsión escópica: reality shows, narcisismos y voyeurismos son notas dominantes de nuestra era posfotográfica".

Temor: en efecto, en su expansión por ciertos países, GSV tiene problemas con el recelo de los ciudadanos por su privacidad, aunque borra los rostros y las matrículas retratadas. La República Checa, por ejemplo, frenó en 2010 la expansión de GSV en su territorio. En Austria y Australia también ha habido problemas. Uno de los últimos casos ocurrió en Bangalore, capital tecnológica de India, en la que la policía prohibió el mes pasado la actividad de GSV, precisamente en el mes en el que, según ComScore, batía el récord de los 1.000 millones de usuarios únicos, jamás superado antes por ninguna otra web. "Depende de la cultura de cada uno", explica Marisa Toro, directora de comunicación y asuntos públicos de Google España. "Street View no llega y campa a sus anchas. Llega donde está todo acordado y firmado con las autoridades que gestionan la captación de esas imágenes. Hay países, como Alemania o Suiza, en los que la sensibilidad por la privacidad es mayor, a los que al producto le ha costado llegar y se ha hecho mucho ruido en torno al tema. Alemania es un país complejo, porque no hay una agencia nacional de protección de datos, sino que hay muchas que cubren todo el país y es necesario hacer acuerdos con todas. Se tomaron medidas especiales, como la posibilidad de rehusar que apareciese tu edificio. Pero fue un porcentaje muy pequeño el que lo hizo, alrededor de un 3%". En Alemania, Google mantendrá el servicio, pero no renovará las imágenes.

"Son temores completamente absurdos", opina Enrique Dans, profesor de la IE Business School y experto en tecnología. "La idea de Google en modo Gran Hermano que intenta capturar toda nuestra información para utilizarla en nuestra contra y convertirse en el amo del mundo no es más que un cuento de viejas, una estupidez que las mismas leyes del mercado se encargarían de impedir. En el momento en que Google o cualquier otra empresa se convierte en una amenaza real que resulta incómoda a los usuarios, pierde el favor de estos y sencillamente se ve obligada a rectificar cualquier cosa que hubiese podido hacer mal. Google intenta únicamente tener productos competitivos que provean un servicio que los usuarios valoremos, y la idea de que son malvados y quieren vigilarnos es simplemente digna de una mala película de miedo".

Por su lado, A series of unfortunate events, de Michael Wolf, que recoge imágenes curiosas sacadas de la aplicación (fotografiando con su cámara la pantalla), ha obtenido este año una mención de honor en el certamen de la prestigiosa organización World Press Photo, lo que le otorga a esta práctica el marchamo del fotoperiodismo. "Gané el primer premio en 2005 y el año pasado", declaró a British Journal of Photography, "pero esta mención es cien veces mejor, porque significa un salto conceptual en el jurado premiar a alguien que fotografía virtualmente". Podría tomarse como una señal de que las cosas están cambiando. Wolf cree que en el futuro habrá algo así como "mineros de disco duro" rebuscando entre las infinitas imágenes almacenadas para realizar proyectos artísticos o sociológicos.

La obra de estos artistas podría englobarse en lo que Fontcuberta denomina posfotografía: "La fotografía tradicional es una mediación entre la realidad (el mundo visual) y el espectador; la posfotografía constituye la sustancia misma de ese mundo visual. La fotografía ofrece una mirada histórica; la posfotografía es más rápida que la historia. La fotografía vive en soportes físicos; la posfotografía, en la pantalla. La fotografía se disuelve en la imagen; en el futuro tenderemos a formas visuales cada vez más híbridas y de lectura multisensorial. Muchas quimeras de la ciencia-ficción están al alcance de la mano".

GSV nació en 2007, cuando los coches de la compañía equipados con cámaras comenzaron a recorrer las calles de ciertas ciudades estadounidenses, creando imágenes panorámicas accesibles desde la web y asociadas a la aplicación Google Maps, que ofrece planos de ciudades de toda la faz de la Tierra. Doscientas cuarenta ciudades de 27 países, sobre todo de EE UU, Europa, Japón y Australia, ya han sido escaneadas por las cámaras de la empresa, que a veces cambian el coche híbrido por un curioso triciclo motorizado o un carrito para zonas de difícil acceso. Quedan grandes vacíos en África, Asia y América Latina. "El criterio de selección es elegir el lugar donde vaya a tener más utilidad. En un sitio donde el acceso a Internet es muy reducido no tiene mucho sentido hacer Street View si nadie lo va a poder utilizar. También cuenta el interés que puedan tener los usuarios; por ejemplo, un museo con un patrimonio interesante", explica David Robles, director de Google Maps en España y Portugal.

Precisamente en museos, y con el carrito citado anteriormente, se realizó Google Art Project, un recorrido por 17 de los mejores museos internacionales (el Prado fue pionero mundial en esta experiencia) que ofrece imágenes de altísima calidad de las obras expuestas, tanto que se puede llegar a apreciar los detalles de la pincelada. Google también escruta el cielo, en la aplicación Google Sky, que nos acerca desde las constelaciones que brillan cada noche en el firmamento hasta las galaxias más lejanas. También se han encontrado usos humanitarios: la herramienta Person Finder ayuda a encontrar a personas desaparecidas en catástrofes como los terremotos de Haití, Chile y Japón. Y a través de Google Earth, algunas ONG siguen el crecimiento de campos de refugiados en África o la deforestación de la Amazonia. "El objetivo de Google consiste en organizar la información mundial y hacerla accesible y útil de manera universal", como idearon sus fundadores, Larry Page y Sergey Brin.

Google Earth, Google Maps y GSV trabajan ahora de forma conjunta, de tal manera que se obtiene una suerte de imagen global, como la que tendría un extraterrestre que llegara del otro extremo de la galaxia, apreciara el planeta en su conjunto y pudiera aterrizar en cualquier calle y ver qué hay allí abajo. El mundo en la pantalla del ordenador. "El mundo es ahora más pequeño y más grande al mismo tiempo", dice Rafman. "Somos más conscientes de su complejidad si tomamos la complejidad de cada contexto individual. Pero nuestro conocimiento es fragmentado e incompleto cuando miramos a través de Internet". Para Antonio Fumero, investigador tecnológico de la Universidad Politécnica de Madrid, GSV "abre un escenario que antes no existía y que ni imaginábamos. Ayuda a poner el mundo en su contexto. Por ejemplo, una persona de un país remoto puede acceder a las imágenes a pie de calle de la acampada de Sol y conocer los recorridos de las manifestaciones por las ciudades. Eso va más allá de una fría noticia en la sección de internacional de un periódico".

Google nos propone un mundo diverso y complejo al alcance de un clic de ratón. "Creo que ahora nos sentimos más cerca de los otros", dice Rafman. "Revelar la alienación del prójimo dentro de nuestra sociedad puede hacernos sentir menos alienados".

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 10 de julio de 2011