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Crítica:

Retroalimento catódico

La comedia española sigue sin negrura, sin mala leche. Ni siquiera cuando, como en Amigos, encuentra la temática perfecta: la obsesión de la masa por salir en la tele, aunque sea para hacer el anormal. Estancados en el costumbrismo estamos y así nos va. En una entrevista reciente, los debutantes Borja Manso y Marcos Cabotá afirmaban que no querían hacer una película con mensaje. ¡Ay, el mensaje, el concepto más pasado de moda en tiempos de adormecimiento! Como si lanzar un mensaje fuera en contra del entretenimiento, cuando cada uno va por su lado y solo hay que fundirlos en la calidad.

Y eso que en Amigos hay una buena base: un fallecido, estrella de la telebasura, legará su fortuna solo a uno de sus tres grandes amigos, al que consiga más audiencia, catódica. Lástima que la esencia llegue a la media hora, perdiéndose un tercio de su metraje en una presentación de personajes poco inspirada, hasta llegar a un epílogo presuntamente sorprendente que solo es entre moralista e inane (además de copiado de The game). Y entre medias, una puesta en escena simplemente esforzada, junto una fotografía deplorable y la irregularidad de los gags por bandera: frente a los buenos momentos gran hermano, y al excelente desenlace en la Puerta del Sol, escenas vergonzantes como la del balcón del personaje de Ernesto Alterio. De modo que al final, y a falta de mensaje ni mala leche, lo que nos queda es una película producida por una cadena televisiva que juega a reírse con (y no de) sus propios productos. Retroalimento televisivo, retroalimento cinematográfico.

AMIGOS

Dirección: B. Manso, M. Cabotá.

Intérpretes: Ernesto Alterio,

Diego Martín, Alberto Lozano,

Goya Toledo, Manuela Velasco.

Género: comedia. España, 2011.

Duración: 90 minutos.

* Este articulo apareció en la edición impresa del Viernes, 8 de julio de 2011