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lunes, 4 de julio de 2011

El número de tarjetas de pago cae a su nivel más bajo desde 2005

Banca y clientes echan el freno al dinero de plástico para controlar el gasto

Hay menos dinero de plástico en las carteras. Esas dos, tres o incluso más tarjetas de pago que muchos españoles llevan consigo han ido a la baja desde que comenzó la crisis, pese a que el importe que mueven se ha recuperado desde la caída que sufrió en 2009, el año más negro de este largo declive. En concreto, más de ocho millones, tanto de crédito como de débito, han desaparecido de la circulación en España en poco más de dos años: los 76 millones de 2008 han caído a 68, un 10%, el pasado marzo, según los últimos datos del Banco de España. Hay que remontarse a 2005 para encontrar una cifra tan baja.

"Hay más voluntad de control del gasto por parte del cliente, y reducir el número de plásticos operativos es una vía para lograrlo: esa segunda o tercera tarjeta, la de la tentación, se elimina", señala como uno de los principales motivos Manuel Tresánchez, director de particulares del Banco Sabadell.

Tres de cada diez tarjetas no se utilizan, según datos de VISA

Las fusiones del sector también han reducido el número de cajeros

Tres de cada 10 tarjetas emitidas no se utilizan, según datos promedio de VISA, la marca responsable del grueso de este mercado en España, y las cuotas que se pagan por ellas al año, de 20 a 30 euros aproximadamente, ha empezado a escocer a los consumidores y ha dado lugar a cancelaciones.

"Con la crisis también hemos notado mucho el crecimiento del débito frente al crédito para controlar más el gasto, y cómo ha bajado el uso de los cajeros que no son propios o de la red propia y que conllevan una comisión", explican fuentes de un banco español. Aun así, las tarjetas de débito han bajado más que las de crédito porque estas últimas se pueden utilizar de ambos modos: de pago instantáneo o de cargo aplazado.

Pero no solo los clientes han hecho números. Al sector financiero también le han empezado a quemar los costes y los riesgos del dinero de plástico y se ha apretado el cinturón. La migración de las tarjetas magnéticas tradicionales a las de chip, mucho más caras para la entidad financiera, está a punto de culminar "y muchas entidades han aprovechado para dejar de emitir las más inactivas", apunta Luis García, director general de VISA Europe, división responsable de España y Portugal. "Los plásticos ociosos podían salir a cuenta antes, pero ahora no tanto", apunta Tresánchez, si bien algunas entidades no cobran cuota por algunas.

El consumo interno supone más de la mitad del producto interior bruto (PIB) en España y un buen termómetro es el humo que pueda echar la visa o mastercard de turno. La facturación cayó a finales de 2008 y en 2009, en plena recesión, por primera vez en la historia, y comenzó a recuperarse en 2010. Es decir, que se gasta más, pero con menos tarjetas en el mercado. Los más de 2.100 millones de operaciones en terminales de punto de venta de 2010 supusieron un volumen de 95.648 millones de euros, un 5% más que en ese 2009 de caída. Hasta marzo de este año, ha subido un 2%. La retirada de efectivo de cajeros también creció tras retroceder durante la recesión.

Los clientes, además, han tendido a concentrar el número de cuentas abiertas en distintos bancos y, por tanto, sus tarjetas vinculadas, advierte María Lorenzo, directora de Medios de Pago del Banco Popular.

La reestructuración del sector financiero también tiene mucho que ver en este cambio de signo. El número de cajas de ahorros ha pasado de 45 a 18. Además, las fusiones también han supuesto el cierre de oficinas y recortado el número de cajeros automáticos, de cerca de 62.000 en 2008 a unos 58.600 este año.

Lorenzo, además, advierte de que en España había ya cierta saturación. Los números que maneja VISA Europe también lo muestran. "En España tenemos 44 millones de tarjetas, un 3% menos que hace un año, pero con operaciones por importe de 80.000 millones, mientras que en Francia, por ejemplo, con 35 millones de tarjetas se mueven 200.000 millones de euros", explica Luis García.

Las entidades han echado el freno en sus campañas de comercialización de tarjetas, advierte un portavoz de CatalunyaCaixa, un medio de pago a crédito que no deja de suponer un riesgo asociado.

La sequía crediticia persiste en España. Las tarjetas que permiten el pago fraccionado de una compra mediante cuotas mensuales -las revolving, en la jerga financiera- a cambio de un interés es, de facto, una suerte de crédito al consumo rápido. En España este medio de pago tiene poca penetración, si bien la responsable de esta área en el Banco Popular señala que cada vez se utiliza más.

Pero de lo que dependen las grandes cifras de la economía española, en cualquier caso, no es del número de tarjetas, sino del trajín que se les dé. De momento, en el primer trimestre la tasa de ahorro de los hogares e instituciones sin ánimo de lucro se situó en el 4,4% de su renta disponible en el primer trimestre, la más baja desde marzo de 2008.

Una persona saca una tarjeta de la cartera para pagar. / SANTI BURGOS

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