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Reportaje:

Pere el Gran se teñía

Nuevos datos del análisis de las momias de Santes Creus

Pere el Gran (Pedro III de Aragón, El Grande) se teñía y Blanca de Anjou sufría de juanetes. Así es la vida (¡y la muerte!). Los resultados finales de la investigación de las tumbas del monasterio de Santes Creus y su ajado contenido de momias y huesos, presentados ayer, arrojan informaciones que parecen una ilustración de las Coplas a la muerte de su padre, de Jorge Manrique. Se queda uno traspuesto, meditando en la futilidad de todo, en lo absurdo de la vanidad y esas cosas tan melancólicas ("no se engañe nadie, no,/ pensando que ha de durar"...). También ayer se presentaron las sorprendentes reconstrucciones faciales de los dos personajes.

El proyecto de investigación del panteón real, con motivo del 850º aniversario de la fundación del monasterio, lo acometió en 2010 el Museo de Historia de Cataluña y tuvo como premio gordo el descubrimiento, en una suntuosa bañera de pórfido romana, del enterramiento íntegro del rey Pere el Gran, hijo de Jaume I (Jaime I), único no expoliado de un monarca de la Corona de Aragón. El análisis de los conmovedores restos parcialmente momificados reveló que el monarca (1240-1285) era alto, entre 1,75 y 1,80 metros, y había vivido una vida de rey, bastante muelle, vamos.

Ahora se ha revelado que ciertas alteraciones articulares en vértebras y costillas apuntan a un esfuerzo relacionado con el dominio de las riendas del caballo, algo que a un rey caballero se le supone. Pere presentaba un tumor cerebral benigno, probablemente asintomático. No está claro qué lo mató, pero todo apunta a una enfermedad inflamatoria o infecciosa pulmonar, quizá tuberculosis. Los análisis químicos de los pelos de la barba han permitido identificar la presencia de apigenina genisteina, producto procedente de la retama y utilizado históricamente para teñir -pillín monarca- los cabellos de rubio. En cambio, los de la cabeza los llevaba afeitados, parece que tras la muerte. Se ha determinado que el rey fue vestido inicialmente para su entierro con sarga de lana: se descarta, por su calidad, que se tratara de un hábito de monje. Bajo la cabeza le colocaron un cojín de seda carmesí relleno de plumas.

En cuanto a Blanca de Anjou (1283-1310), nuera de Pere el Gran, también se ha hallado apigenina en su cabello, lo que indica que lo llevaba teñido de rubio. El juanete en el pie derecho y la disposición en martillo del resto de los dedos del pie parecen consecuencia del uso de calzado estrecho y puntiagudo. La reina estaba en estado de posparto reciente y "las mamas eran activas" (!). La presencia de ácido carmínico en la mejilla derecha indica la aplicación de maquillaje.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Martes, 21 de junio de 2011