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Reportaje:

El sismógrafo de las emociones

Un mural de 20 metros decorará la biblioteca de la facultad de Filosofía cordobesa

Miguel Gómez Losada (Córdoba, 1967) es un pintor que se enfrenta estos días a su obra más importante. "Mi muralla china", como él la llama. Se trata de Tierra nueva, un monumental mural de 20 metros de largo por 2,60 de alto y con un cuerpo central de 6 metros de altura. La pintura servirá de unión entre dos áreas de la biblioteca de la Facultad de Filosofía y Letras de Córdoba, dentro de la reforma del arquitecto Arturo Ramírez. La idea surgió en 2008, de la mano del entonces decano, Joaquín Mellado, quien trasladó la tutela al nuevo responsable del centro, Eulalio Fernández.

El blanco y negro inunda la temática vegetal de la pieza, pintada en óleo sobre vidrio. La obra es una metáfora de la vida, del paso del tiempo, en el que la descomposición de los árboles y las plantas los convierte en los nutrientes de la Tierra Nueva, explicando así el ciclo de la existencia. "La muerte da paso a una nueva vida", resume Gómez Losada.

La obra, pintada en óleo sobre vidrio, es una metáfora del paso del tiempo

En realidad, Tierra Nueva son dos dibujos, pues dos son los vidrios sobre los que se pinta. Ambos están separados por cinco centímetros. Y el efecto que crean ambas imágenes superpuestas es sorprendente. Cuando se recorren sus 20 metros, parece que las plantas, los árboles, las hojas y los tallos cobran vida, se muevan al paso del espectador. "No es una obra pensada para verla de lejos, desde un solo punto de vista. Desde la biblioteca se podrá ver, pero he querido dar prioridad al punto de vista transitable", explica el autor.

Tierra nueva es un gran bosque. La temática vegetal es una constante en la obra del artista. Su padre, el también pintor, Marcial Gómez, le inculcó a este urbanita de pro, el amor por el campo. Y son los elementos de naturaleza vegetal los que usa Gómez Losada para hablar de algo que, en principio, es ajeno a las plantas: los sentimientos, las emociones. "La pintura tiene que ser el resultado de estar vivo. La geometría orgánica que forman todos los elementos del dibujo es una expresión de la vibración anímica del que pinta", afirma.

Vibración que termina en el pincel, herramienta que, para Losada, se convierte en un "sismógrafo de las emociones". "Pintar conlleva una excitación del ánimo, en la medida que la pincelada -ese gesto que avanza-, significa incertidumbre, rebasar el umbral de lo conocido en dirección hacia lo que aún no se nos ha dado para la vista. Cada pincelada nueva es una primera mirada, que queda", continúa.

El enorme cuadro Tierra nueva puede ser disfrutado en movimiento, como si de un paseo por el campo se tratase. O deteniéndose en pequeños elementos, permitiendo al espectador perderse en ese bosque moribundo. Por eso, la obra, que se encuentra al 50% de su elaboración, le está tomando tiempo. En total, Losada calcula que habrá dedicado unos cinco meses para terminarla.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 13 de junio de 2011