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Crítica:

La oscuridad hipervisible

A James Wan siempre le perseguirá el sambenito de ser el fundador del torture porn -ese subgénero que nace en Saw (2004) y crece con Eli Roth en Hostel (2005)-, a pesar de que su posterior filmografía le acredite, insistentemente, como un nostálgico dispuesto a abrir inesperadas vías de diálogo con la tradición.

Si Silencio desde el mal (2007) fue un max-mix de lugares comunes del género de terror que lograba establecer una línea de continuidad entre el expresionismo, los clásicos de la Universal y el gótico sureño de los setenta, la casi simultánea Sentencia de muerte (2007) parecía enmendarle la plana al hype grindhouse rescatando, en sus mismas fuentes (sub)literarias, los anacronismos éticos del cine de vigilantes vertiente Charles Bronson. Insidious, quizá su mejor trabajo hasta la fecha, prosigue la labor de encontrar nuevas formas para temas, situaciones y arquetipos gastados por el uso.

INSIDIOUS

Dirección: James Wan.

Intérpretes: Patrick Wilson, Rose Byrne, Ty Simpkins, Andrew Astor, Barbara Hershey.

Género: terror. EE UU, 2010.

Duración: 103 minutos.

Falsa película de casa encantada, Insidious propone una vuelta a las raíces esenciales del género para reescribirlas según las claves de hipervisibilidad de la imagen en alta definición: en suma, algo no muy distinto a lo que hizo el veterano Joe Dante en su meritoria Miedos 3D (2009).

Entre otras cosas, Wan logra que la voz del excéntrico Tiny Tim interpretando Tiptoe through the tulips resulte inquietante o que un par de personajes accesorios -los acompañantes de la médium- brillen como sutil y eficaz pareja cómica.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 10 de junio de 2011