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miércoles, 4 de mayo de 2011

Las Naciones Unidas de la música

El festival WOMAD cumple 30 años de apuesta por la 'world music' - Su fundador, Peter Gabriel, repasa su historia y la de la asimilación planetaria de los sonidos étnicos

No resulta sencillo escuchar al otro lado de la línea telefónica la voz de Peter Gabriel (Londres, 1950). Una miríada de asesores, agentes de prensa y "asistentes personales" filtran los mensajes que han de llegar al gran jefe, el hombre que fundó Genesis a finales de los sesenta, redimensionó la teatralidad del rock y emprendió en 1976 una carrera en solitario no muy fecunda, pero admiradísima; en particular gracias a So (1986), un trabajo que cumple un cuarto de siglo y que esta temporada devolverá a los escenarios en versión orquestal.

Pero hoy hemos venido a tratar otro de sus logros. El festival multicultural WOMAD (acrónimo inglés para mundo de la música, las artes y la danza), fundado por Gabriel, cumple 30 años desde su inicio en Shepton Mallet (Somerset, Gran Bretaña) convertido en franquicia. Hoy cuenta con delegaciones en geografías tan diversas como Adelaida, Nueva Zelanda, Sicilia, Abu Dhabi y dos emplazamientos españoles, Cáceres y Las Palmas de Gran Canaria. La cita cacereña, que también maneja este año números redondos (vigésima edición consecutiva), albergará entre el 12 y el 14 de mayo un total de 18 conciertos gratuitos al aire libre.

"El término 'músicas del mundo' debe desaparecer", dice el creador de Genesis

"Un verdadero artista es como un perro que husmea en el parque"

La cita cuenta con una decena de sucursales, dos de ellas en España

La sede cacereña cumple este mes su vigésima edición consecutiva

Gabriel nos atiende desde el cuartel general de Real World, el sello con el que ha multiplicado exponencialmente el conocimiento que el prepotente hombre occidental posee sobre las músicas tradicionales y étnicas que se manufacturan por todo lo ancho del mundo. Tenemos prohibido preguntarle sobre su antiguo grupo, ni siquiera para interesarnos por su excompañero Phil Collins, que recientemente anunció que abandonaba la música por motivos de salud. Pero en lo relativo a su labor como difusor cultural y pionero de las músicas de raíz, es todo entusiasmo. ¿Qué otro sentimiento si no pudo conducir a un exitoso cantante de rock a embarcarse hace tres décadas en organizar festivales de estas otras músicas? "Éramos unos entusiastas y empezábamos a conocer un fantástico abanico de sonidos del planeta, pero esos trabajos resultaban muy difíciles de conseguir: apenas tres o cuatro tiendas vendían aquellos discos. Esa fue la razón para dar a luz este proyecto. Además, teníamos en mente toda una serie de colaboraciones entre el rock y la música tradicional. Desde el principio conseguimos juntar a Echo & The Bunnymen con los Tambores de Burundi, igual que yo realicé mis primeras colaboraciones con Nusrat Fateh Ali Khan en un Womad en Como (Italia)".

Obviamente, mucho han cambiado las cosas desde aquellos tiempos. Con la aldea global conectada culturalmente en el gran pandemonido musical cibernético, ¿tiene sentido ese modelo de festival que acerca al viejo mundo las maravillas del nuevo? "El Womad suponen una de las maneras más sencillas de poner en evidencia la estupidez del racismo", explica Gabriel. "Para combatirlo, no hay nada como mostrar lo apasionante del material que llega de otros pueblos".

Cuando se celebró la primera edición, aún no había tenido lugar la célebre reunión en un pub de Londres en junio de 1987 en la que responsables de compañías independientes británicas, los directores del festival y varios periodistas musicales acuñaron una etiqueta (world music) para agrupar lanzamientos de las nuevas músicas. Aquel gesto y el devenir del estilo fue objeto de recurrentes sospechas de colonización cultural. "Este tema del neocolonialismo se debatía mucho en los ochenta, pero ya no tanto en la actualidad", recueda Gabriel. "Yo pienso que un verdadero artista es como un perro en el parque: va husmeando a su alrededor en busca de lo que le interesa, hasta que lo encuentra y se abalanza sobre ello. Las influencias fluyen en muchas direcciones; el único problema es cuando el dinero solo fluye en una dirección. Piense en el blues: los músicos primigenios negros no se beneficiaron en la misma medida que los blancos, que sí se enriquecieron. Esta situación no solo se puede equilibrar, sino que, por mi parte, lo asumo como una responsabilidad personal. Si tomo a estos maravillosos músicos como fuente de inspiración, mi obligación es promocionar su música y darles la oportunidad de que lleguen a mi público".

-¿Pero hasta qué punto se deben preservar las esencias como se concibieron en su origen?

-Mire, la música no es un museo etnológico en el que preservamos todo lo que es culturalmente puro, sin mezcla alguna. Si no tomásemos prestado nada, las esencias acabarían muriendo encerradas en sus vitrinas. No es nuestra manera de obrar. Preferimos abrirlo todo de par en par para que la gente conozca y pueda seguir sus instintos y sus pasiones.

-¿Le sigue gustando la expresión world music?

- Aquel fue un término acuñado en Londres por quienes trataban de promocionarlo, pero lo suyo es que acabara desapareciendo. Etiquetas así sirven para empaquetar los conceptos y poder ubicarlos en algún sitio, pero en último extremo deberíamos considerar al artista por sus propios méritos y con su propio público. Sí, el término world music debería desaparecer: no es más que un gueto donde el artista no va a sentirse cómodo y podría estancarse o aislarse, donde no se le va a valorar por sus propios méritos musicales.

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Peter Gabriel, durante una actuación en el festival WOMAD en 1993, en Saratoga Springs, Nueva York. / CATHERINE MCGANN (GETTY)

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