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lunes, 18 de abril de 2011

La precarización de los precarios

La crisis lleva a la economía sumergida a miles de parados - La competencia empuja a los trabajadores 'en negro' a sobrevivir con precios a la bajaLos expertos alertan de que con la crisis resurgen grandes bolsas de precariedad

"Señora catalana, particular, del barrio, seria, responsable y de confianza se ofrece para cuidar personas mayores, canguro, limpieza, etcétera. Como fija, media jornada o por horas y noches. De lunes a domingo. Cinco euros la hora". El anuncio, enganchado en la boca del metro del Poblenou de Barcelona, no puede ser más claro: trabajo de lo que sea, a la hora que sea y a mitad de precio. Si la crisis ha precarizado las condiciones laborales de los trabajadores, la economía sumergida no iba a ser una excepción. Lo que ya era precario, ahora ha quedado rebajado a precio de saldo. Gloria, la chica del anuncio, lo reconoce: "Sí, es la mitad. Antes cobraba entre 10 y 11 euros la hora. Es la crisis, con toda la gente que ha venido del paro...".

El 22% del PIB que genera Barcelona escapa al control de Hacienda

Hay dos economías 'negras': la crónica de las empresas y la de las personas

La economía sumergida no es nueva, pero la crisis hace que se reproduzca. En la ciudad de Barcelona a principios del año pasado suponía cerca del 22% del producto interior bruto (PIB), es decir, la riqueza generada, según Gestha, entidad que agrupa a los técnicos del Ministerio de Economía y Hacienda. Esto se traducía en unos 32.100 millones de euros, según sus cálculos, que se movían por la ciudad sin ningún control oficial. En Tarragona calculan que el fraude fiscal por este concepto llega al 29% de la riqueza, y en Lleida, al 26,2%. Según la misma fuente, el 10% de los pequeños empresarios catalanes declararon menos ingresos de los que en realidad percibieron. No disponen de datos más actuales, porque suelen estudiar las tendencias cada dos años, pero creen que este fenómeno ha seguido en aumento.

La página web Buscocanguro.com es un muestra del alto interés por encontrar empleos por horas. Recoge anuncios de personas que se ofrecen para cuidar niños y hacer tareas del hogar. Prácticamente todas la ofertas para trabajar son de mujeres.

Según sus responsables, en 2009, hasta el mes de abril, gestionaron 1.100 anuncios de candidatas. En el mismo periodo de 2010, cerca de 2.250 anuncios. Este año, van por los 2.930, y subiendo. Varias candidatas a canguros piden cinco euros por hora. Una cuarta parte asegura hablar inglés, además de castellano o catalán.

"En momentos de crisis, igual que el que tiene una carrera y un máster, y habla dos idiomas, se pone a trabajar de administrativo por 900 euros, también la economía sumergida se precariza. En época de crisis, todo el mundo baja un peldaño", considera el coordinador de política sectorial del sindicato CC OO, Noël Climent. La situación de apuro de muchas personas es tal, explica a partir de los casos que atienden en el sindicato, que "los chanchullos también se nutren de gente que no acepta trabajos legales para no perder los pocos ingresos seguros que tienen, aunque sean escasos, como los 420 euros de los parados que han agotado ya todos los subsidios".

Contra este grupo (parados que trabajan en la eufemísticamente denominada "economía informal") el Gobierno central ha decidido afilar el cuchillo. También contra las empresas que tienen personas tabajando en ellas de manera irregular.

Hace unos días, la Administración central anunció que ofrecerá un periodo de gracia, hasta junio, en el que invita a todos los irregulares a ponerse al día. A partir de ese mes, empezará "una búsqueda exhaustiva de infractores". Aun así, en la calle y en Internet las ofertas siguen proliferando. Se pueden encontrar limpiadoras y canguros por cinco euros la hora, mudanzas desde 10 euros la hora, peluqueras que hacen mechas por 14 euros a domicilio y hasta mecánicos que arreglan pequeñas averías en el propio garaje del cliente.Francisco ha puesto un anuncio en la página web Loquo. Se ofrece para hacer mudanzas o trasladar 'muebles y lo que sea' desde centros comerciales. A 12 euros la hora, 18 euros si lleva a su cuñado de ayudante. Da igual si la casa tiene ascensor o no. Tampoco importa si hay que cargar 10 bultos o 50. Lo único que sube un poco el precio es si el trabajo es fuera de Barcelona. 'Yo antes trabajaba en la construcción. De entonces, y del dinero bueno que ganaba, me quedó una furgoneta que ahora uso para esto', cuenta. No quiere dar más detalles. Por teléfono se le nota un marcado acento latinoamericano. Dice que paga autónomos, aunque no sabe decir cuánto cuesta su seguridad social cada mes. Al final, apunta, lo único que hace es 'dar de comer' a su familia y trabajar mucho. El secretario de política sindical de UGT, Camil Ros, cree que la economía sumergida no es plato del gusto de nadie. 'A nadie le apetece, es pura supervivencia. No estamos hablando de la picaresca del albañil autónomo que declara la mitad de sus ingresos. Con una cuarta parte de los parados sin ningún ingreso, insisto, es supervivencia'. Tanto Ros como Climent afirman que otro de los problemas de esta realidad es la imposibilidad de cuantificarla. 'Sin dimensionarla, es más difícil tomar medidas', advierten. 'La crisis ha incidido en la economía sumergida. Hay dos tipos de economía negra: la crónica, la que practican empresas de toda la vida a las que, como benefician a una población, aunque el Ayuntamiento o el dueño del bar de al lado lo sepan, nadie denuncia porque dan trabajo a medio pueblo. Luego está la de las personas que hacen trabajitos a domicilio, de limpieza o similares. A estos últimos no los pillarán nunca', explica Antoni Argandoña, profesor de IESE y experto en negocios y ética. 'Tampoco deben ser estos últimos el objetivo', apunta. 'Lo que habría que hacer es trabajar para evitar el gran negocio, las empresas que tienen trabajadores sin regularizar', opina. Durante las últimas dos décadas, cree Argandoña, se había rebajado el volumen de los trabajos sin regularizar. En parte, porque la industria textil, que en muchas zonas de Cataluña empleaba sin contrato mucha mano de obra, ha trasladado sus factorías a otros países o se ha mecanizado. Con esta recesión, sin embargo, la precariedad vuelve a agudizarse. 'A corto plazo, atajar estos trabajos supondría un conflicto social. Seguro. Con un 20% de paro...', recuerda. Sin embargo, cree que vale la pena. 'A largo plazo, hay que acabar con él o pasará factura', aconseja. Obligar a esos trabajadores a cotizar o a todas las empresas a pagar lo adecuado por cada empleado supondría un importante impulso a la Seguridad Social y una rebaja de la tasa de paro significativa. Pero ahora mismo hay quien no se lo puede ni plantear, porque lo que gana no le da para pagar la cotización de autónomos (que ronda los 200 euros al mes) o porque pertenece a una de los miles de familias embargadas por el impago de hipotecas: endeudados hasta las cejas, y sus pisos, ejecutados. 'Son morosos de por vida, cualquier ingreso que tengan les será embargado, de modo que están condenados a la economía sumergida', afirma Ada Colau, de la Plataforma de Afectados por la Hipoteca. Colau cuestiona las medidas que anuncia el Gobierno para atajar el trabajo irregular: '¿Qué pretenden qué hagan?', inquiere.

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