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sábado, 26 de marzo de 2011
Catástrofe en Japón

Japón pide a la población que deje la zona a 30 kilómetros de Fukushima

Las autoridades sospechan que el núcleo del reactor 3 se ha agrietado

Nuevo revés en la crisis nuclear que vive Japón desde que el terremoto y el tsunami del pasado día 11 dañaron gravemente la central de Fukushima I. El Gobierno instó ayer a la población que vive en la franja situada entre 20 y 30 kilómetros de la planta a que la abandone, aunque dijo que la medida -voluntaria de momento y que afecta a unas 130.000 personas- se debía a la dificultad de enviarles suministros. "Dado que la situación se prolonga, sería deseable que la gente abandone de forma voluntaria para poder atender sus necesidades sociales", afirmó Yukio Edano, portavoz del Ejecutivo. Hasta ahora, las autoridades habían aconsejado a los vecinos de esta zona que permanecieran en el interior de los edificios.

EE UU, Australia, Singapur y Rusia vetan productos de la zona afectada

Edano insistió en que no había necesidad de ampliar la zona de exclusión decretada tras el maremoto, que llega a 20 kilómetros y afectaba a 70.000 personas, aunque, en la práctica, la medida significa su ampliación.

Responsables del Ministerio de Ciencias afirmaron ayer que el nivel de radiación diaria en un área a 30 kilómetros al noroeste de la central excedía el límite anual. Estados Unidos y Reino Unido han pedido a sus nacionales que no se acerquen a menos de 80 kilómetros de la planta por los riesgos de radiactividad.

El anuncio de desalojo coincide con la sospecha de que el núcleo del reactor 3 se ha agrietado, lo que podría suponer la emisión de una cantidad de radiactividad mucho mayor que la que ha escapado hasta ahora. Este reactor es el más peligroso de los seis que tiene la planta, ya que es el único que utiliza plutonio en su mezcla de combustible, que es mucho más tóxico que el uranio empleado en las otras unidades.

La sospecha de que hay una grieta surgió después de que dos trabajadores del equipo de emergencia que lucha desde hace dos semanas para estabilizar y controlar la central fueran hospitalizados el jueves con quemaduras tras meterse en agua con niveles de radiactividad 10.000 veces superiores a los que tiene un reactor que funciona normalmente.

Hidehiko Nishiyama, portavoz de la Agencia Nuclear y de Seguridad Industrial, aseguró que el motivo de la alta radiación no estaba claro, y que podía deberse tanto a una rotura del reactor como a problemas en otros sistemas, como la red de tuberías o los conductos de ventilación. Tokyo Electric Power (Tepco), la empresa que opera la planta, dijo que era posible que el agua radiactiva procediera del núcleo del reactor.

El portavoz gubernamental reconoció que el accidente sufrido por los trabajadores revela que "las medidas de seguridad puede que no sean las adecuadas", y que quizá haya contribuido a incrementar la ansiedad entre la población sobre la gestión de la crisis.

El terremoto y el tsunami que devastaron la costa nororiental de Honshu -la principal isla del archipiélago- provocaron más de 10.000 muertos y 17.400 desaparecidos, según el último balance oficial, a lo que se suma la inquietud desencadenada por la posibilidad de una catástrofe como la de Chernóbil, en 1986; un escenario que parece poco probable a estas alturas, según los expertos, pero que no acaba de despejarse. La inquietud persiste. "Estoy preocupado. Los últimos acontecimientos no son buenos. Pensaba que la situación se iba a arreglar y está llevando más tiempo del previsto", afirma Shozo Katayama, de 37 años, productor teatral.

Katayama dice que no piensa irse de Tokio, a diferencia de lo que han hecho muchos japoneses y extranjeros huyendo del riesgo de una potencial nube radiactiva, y se muestra estoico. "Qué le vamos a hacer. Es lo que nos ha tocado vivir. No nos queda más remedio que luchar", asegura. Y ante la amenaza de que el agua del grifo de Tokio tenga niveles de radiactividad potencialmente dañinos, afirma: "En mi casa tengo tres botellas de agua de dos litros".

Tras la alerta por la alta radiactividad, aunque no dañina, el Gobierno de Tokio dijo el jueves pasado que los niveles habían vuelto a situarse por debajo del umbral de riesgo. Los expertos creen que la radiación fue transportada por el viento desde la central de Fukushima y que la lluvia la llevó a los ríos. La nuclear accidentada está a 240 kilómetros al norte de la capital. Más de 700 técnicos continúan trabajando en turnos para estabilizar los cuatro reactores en situación inestable.

Muchos supermercados de Tokio siguen sin agua mineral, después de que la gente acaparara botellas. Las fugas de radiactividad han afectado también a la leche y una docena de tipos de verduras en las prefecturas que rodean la planta atómica, lo que ha llevado a varios países, como EE UU, Australia, Singapur y Rusia, a prohibir la importación de alimentos procedentes de esa zona. La agencia japonesa Kyodo afirmó que ha sido identificado cesio con un nivel de radiación 1,8 veces superior al normal en verduras cultivadas en un centro de investigación en Tokio. China dijo que había detectado radiactividad superior a la normal en dos viajeros llegados desde Tokio.

Tepco aseguró que puede llevar al menos otro mes lograr un apagado frío de la central; es decir, que la temperatura en los reactores baje por debajo del punto de ebullición y los sistemas de refrigeración vuelvan a presión atmosférica.

Varios operarios que trabajan en la reparación de la central de Fukushima I salen de la misma bajo una lona. / AP

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