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Intervención en Libia

"No podíamos permanecer impasibles"

El presidente Obama defiende la intervención militar frente a la brutalidad del régimen libio - Diecisiete países se reúnen en París para lanzar la operación

El curso de las revueltas en los países árabes entró ayer en una nueva fase, cuando la coalición internacional, liderada por Estados Unidos, Francia y Reino Unido y en la que participa España, atacó Libia para frenar la sangrienta represión lanzada por Muamar el Gadafi. El primer golpe llegó a las 17.45, cuando un avión de combate francés destruyó un carro blindado de las tropas del régimen libio en Bengasi. Siguió luego una andanada contra otros vehículos blindados en la que participaron 20 cazas franceses y a la que se sumó, ya casi de noche, EE UU con el lanzamiento de 110 misiles de crucero desde sus barcos contra posiciones de artillería y sistemas de defensa antiaérea. "El mundo no podía permanecer impasible", afirmó el presidente Barack Obama.

Estados Unidos lanza 110 misiles de crucero en la primera oleada

Obama reitera que no enviará fuerzas terrestres al país magrebí

Uno de los objetivos es proteger el bastión de los insurrectos

El otro fin es evitar que los aviones del Ejército libio puedan despegar

España envió ayer cuatro F-18 españoles que hoy empezarán a patrullar el cielo libio. El Gobierno también ha puesto a disposición del operativo una fragata y un submarino. La operación, bautizada como Odissey Down (Odisea al Amanecer), se coordina desde el mando estadounidense para África, el Africom, con sede en Stuttgart (Alemania).

Fue Francia la encargada de abrir el fuego. Nicolas Sarkozy lo anunciaba una hora y media antes del primer bombazo: "Desde ahora mismo, nuestros aviones están preparados para intervenir contra los blindados que amenacen a la población civil de Libia". De hecho, desde hacía horas, una veintena de aviones franceses sobrevolaban Bengasi y sus alrededores. A lo largo de la tarde, destruyeron otros cuatro vehículos blindados al suroeste de la capital rebelde.

El coronel Laurent Teisseire, portavoz del Estado Mayor francés, explicó que las operaciones francesas tenían dos objetivos prioritarios: impedir que los blindados de Gadafi atacaran a la población de Bengasi y salvaguardar la zona de exclusión aérea. Así, una intervención en la que Francia había puesto todo su empeño diplomático se iniciaba con la entrada en combate de las fuerzas francesas como pioneras de la coalición. La página web del diario Le Figaro lo describía ayer así con un punto de orgullo: "Francia golpea la primera".

Al mismo tiempo, el Ministerio de Defensa anunciaba que dos fragatas dotadas con sistemas antiaéreos ya se habían situado en la costa libia y que el portaaviones nuclear Charles de Gaulle, atracado en el puerto de Tolón, tenía previsto zarpar ayer y llegar a Libia en 48 horas.

A la intervención francesa siguió de inmediato la acción de Estados Unidos, que comenzó por la noche con el disparo de 110 misiles de crucero desde sus barcos en la zona contra 20 objetivos de los sistemas de defensa antiaérea libios. El presidente Barack Obama confirmó en Brasilia que había ordenado el inicio de las operaciones militares "en interés de Estados Unidos y del mundo". El Pentágono anunció que estos ataques continuarán hasta crear un entorno seguro sobre el cielo de Libia y que EE UU "estará al frente" de esta operación militar.

Obama aseguró que el único límite a este ataque será el uso de fuerzas terrestres, que insistió en que Estados Unidos no utilizará. "Era necesario demostrar que los actos tienen consecuencias" y el mundo no podía permanecer impasible ante "los actos de brutalidad cometidos por Muamar el Gadafi contra su propio pueblo".

En el mismo sentido se había pronunciado Sarkozy horas antes en su alocución: "Intervenimos hoy en Libia, bajo el mandato del Consejo de Seguridad de la ONU, con nuestros aliados, y especialmente con nuestros aliados árabes. Y lo hacemos para proteger a la población civil de la locura criminal de un régimen que, asesinando a su propio pueblo, ha perdido toda legitimad".

El presidente norteamericano afirmó que el uso de la fuerza no era una decisión que había tomado con ligereza. Dijo que se habían dado a Gadafi, hasta ayer mismo, todas las oportunidades para poner fin a sus amenazas, pero que al final no ha quedado otra alternativa que iniciar una ofensiva, en conjunto con la comunidad internacional, pero en la que Estados Unidos tendrá un papel primordial "con sus excepcionales medios militares".

El objetivo de estos ataques es el destruir todos los medios con los que Muamar Gadafi cuenta para intimidar a los aviones que deben patrullar el área para asegurarse el cumplimiento por parte del Ejército libio de la zona de exclusión aérea impuesta el jueves pasado por el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas. En última instancia se trata de evitar que las tropas de Gadafi puedan atacar a los rebeldes y que éstos puedan recuperar las posiciones perdidas en los últimos días.

Los ataques serán fuertes y sostenidos y, aunque el Pentágono no ha querido adelantar plazos, podrían extenderse a lo largo de varios días. Según fuentes norteamericanas, el peso principal de la operación, al menos en su fase inicial, correrá a cargo de cinco países, además de Estados Unidos, Francia, Reino Unido, Canadá e Italia. En olas sucesivas se espera que se sumen otros países, entre ellos algunos árabes, aunque no está aún decidido cuáles.

Estados Unidos utilizará bombarderos, aviones de combate y misiles desde sus barcos. No cuenta actualmente con portaaviones frente a las costas de Libia, pero sí con otras naves y submarinos con enorme poder de fuego. No quedó completamente claro anoche cómo se había organizado el mando de la operación, bautizada como Odissey Down (Odisea al Amanecer). El Pentágono parece sugerir que, durante unos primeros días, el mando recaerá en las fuerzas norteamericanas hasta que, posteriormente, se cree un comando conjunto de las fuerzas de la coalición que no se sabe quién lo dirigirá.

Los ataques de anoche estuvieron dirigidos por el general Carter Ham, jefe del Comando de África de las Fuerzas Armadas norteamericanas. La operación en su conjunto está a cargo del almirante Sam Locklair, que navega en el buque Mont Whitney.

Simultáneamente a la intervención sobre el terreno, se celebraba ayer en París una nutrida cumbre, organizada por Francia, para ultimar los preparativos de la campaña. Participaron en ella dirigentes de 17 países, entre los que se encontraban, entre otros, Hillary Clinton, David Cameron, José Luis Rodríguez Zapatero o Angela Merkel.

El presidente francés ofreció ayer una última oportunidad a Gadafi: "La puerta de la diplomacia se volverá a abrir en el momento en el que las agresiones cesen". Y añadió: "El porvenir de Libia pertenece a los libios. No queremos decidir en su lugar. El combate que ellos mantienen por su libertad es suyo".

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 20 de marzo de 2011