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Crítica:

Un mal karma

El rotundo éxito de la saga Piratas del Caribe -cuyas tres primeras entregas estuvieron dirigidas por Gore Verbinski- puede hacer olvidar que la carrera del cineasta -sofisticado calígrafo de formas, sin reconocible discurso autoral- se abrió con una película de muy diverso signo, una ópera prima prometedora, heterodoxa y cargada de insólitos ecos: Un ratoncito duro de roer, comedia sustentada sobre una situación arquetípica del cartoon clásico que Verbinski, con la complicidad de los actores Lee Evans y Nathan Lane, rodó como si fuera la película secreta que Vladímir y Estragón, los personajes de Esperando a Godot, protagonizaron en Otra Vida, en una realidad paralela en la que ejercieran de improbables cómicos supervivientes del cine mudo. Rango, último trabajo de Verbinski, parece recuperar el espíritu iconoclasta de ese debut para inflamarlo con tonos de visión de peyote o de delírium trémens inducido por una insolación en plena borrachera de mezcal. El resultado es una de las más extrañas -y fascinantes- producciones de animación digital surgidas al margen de Pixar: una película que funda su propia estética, sin fotocopiar modelos canónicos, situándose a medio camino entre el hiperrealismo grotesco que recorría la última trilogía galáctica de George Lucas y la psicodelia feroz de Ralph Steadman. Los referentes tienen su razón de ser: Rango es la primera película de animación digital realizada enteramente por la Industrial Light & Magic, la compañía de efectos especiales fundada por el padre de La guerra de las galaxias, y el cameo que realizan unos hiperbolizados Hunter S. Thompson y Óscar Zeta Acosta de síntesis subraya la cercanía con la obra de Steadman.

RANGO

Dirección: Gore Verbinski.

Animación. Género: Western.

Estados Unidos, 2011.

Duración: 107 minutos.

Así, con una forma que parece canalizar turbias pulsiones adultas y un espíritu de cartoon universal, atemporal y para todo tipo de público, Rango cuenta la historia de un camaleón con ínfulas de actor que se convierte en sheriff a la fuerza de una arquetípica ciudad maldita -y corrupta- de western.

Lo más valioso no es su elaborado humor, ni su sorprendente diseño de personajes, sino la excelente animación que hace de Rango uno de los mejores papeles recientes de quien, en el original, le presta la voz: el mutante Johnny Depp.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 4 de marzo de 2011