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viernes, 25 de febrero de 2011
Reportaje:MÚSICA

La gastronomía es el nuevo 'Rock and roll'

XAVI SANCHO 25 FEB 2011
Rockeros que fabrican quesos, superchefs que supervisan la oferta culinaria de macrofestivales, conciertos en favor del slow food... El buen comer sustituye a la actitud punk.

Libros de recetas escritos por estrellas del heavy o del indie. Restaurantes de cantantes de hip-hop. Alex Kapranos documenta sus giras con Franz Ferdinand a través de platos imposibles. Alex James, de Blur, monta una compañía de fabricación de quesos que atesora varios premios, el último para su nuevo azul: Blue Monday, en honor al tema de New Order. Este año planea Harvest, un festival de música (KT Tunstall y Steve Earle han confirmado su presencia) y gastronomía en su casa de campo. Un evento similar a Lounge on The Farm, que combina una seria apuesta por el slow food con actuaciones de The Streets o Echo and The Bunnymen.

"En los últimos años me emociona más un buen restaurante que una buena banda. Siento que esto le pasa a mucha gente como yo entrada en la treintena. A los 20 iba a conciertos, ahora reservo en restaurantes", dice Zach Brooks, antiguo locutor de radiofórmula en Los Ángeles. Es el creador del blog Food is The New Rock (www.foodisthenewrock.com), una página en la que se comentan twitters de Kanye West sobre su hamburguesa preferida de Nueva York o de Julian Casablancas agradeciendo a un local su oferta en galletas, declaraciones de Mike D (Beastie Boys) que podrían fácilmente ser atribuidas a Robert Parker, gurú global del vino, o comentarios sobre la comida servida en diferentes festivales. "Mucha gente de la industria musical se está pasando a la gastronomía, desde músicos hasta periodistas. Los chefs siempre han querido estar en bandas y a las bandas les encanta comer. Todo el mundo parece obsesionado con la comida", sentencia Brooks.

"La gente viene al restaurante entregada. Se deja llevar como en un concierto"

"Antes eran los más pringados y ahora son los que más ligan". Para Pilar Pasamontes, historiadora de la moda y docente en el IED Barcelona, ser cocinero se ha convertido en la gran profesión del momento. "Los ves y se dan ciertos aires, comparten un look muy concreto... como los músicos". En la década en la que hemos convertido profesiones que antaño parecían blindadas a la invasión de la cultura de la celebridad, como la de arquitecto, en terreno de estrellas, la de chef se lleva la palma. La asociación con la de rockero es inevitable. "La gente viene entregada. Se deja llevar del mismo modo que lo hace en un concierto", comenta Paco Roncero, chef del Casino de Madrid y poseedor de dos estrellas Michelin. "El público de la gastronomía se aprende las recetas y las técnicas como nosotros antes aprendíamos las letras de las canciones. Además, los chefs vivimos por y para la cocina, como los músicos viven por y para la música. Le preguntaron a Arzak cuándo se iba a retirar y dijo que pensaba morirse en una cocina". Los paralelismos con el rockero que prefiere morir sobre el escenario son inevitables. La semana pasada, Santi Santamaría falleció en su restaurante de Singapur entregado a su pasión.

El rock ha influido en la gastronomía exportando su metodología de fan -en la Red, los partisanos de este o aquel chef ya son tan agresivos y dogmáticos como los de la música- y su mitomanía, mientras que la gastronomía ha aportado esa tendencia a gourmetizar cualquier aspecto de la vida. Se empezó con los pases supervip y ahora se contrata a un cocinero ilustre para que coordine la comida de un festival, como sucedió en el reciente Lollapalooza, donde la oferta gastronómica fue supervisada por Graham Elliot Bowles. "Este año dicen que el Festival Bonnaroo, de Tennessee, planea algo similar. Muchos promotores se están empezando a dar cuenta de que la buena comida es un elemento vital para fidelizar al cliente. Un ejemplo claro es el del Festival de Jazz de Nueva Orleans. Para muchos, no importa quién toque mientras sigan sirviendo cangrejo y cochinillo".

Tal vez piensen algo similar los que hacen coincidir sus vacaciones con una visita al Festival de Jazz de Donosti, pero es aún poco probable que nadie acuda al FIB o al Primavera Sound a degustar esa reducción del bocata de jamón o esa deconstrucción de la pizza margarita. "Si algún festival de aquí me llama para coordinar la comida, mi respuesta sería: '¿Cuándo empezamos?", promete Roncero.

Alex James, de Blur, triunfa con su propia compañía de quesos. / DAVID PARRY

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