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Crítica:

El doble espejo del arte

¿Quiénes somos cuando nos narramos? ¿Quién es -cómo es- el sujeto espectador de la contemporaneidad cuando se refleja en un sujeto artista? La historiadora y crítica Estrella de Diego (Madrid, 1958) arranca con estas preguntas su último ensayo, No soy yo, una reflexión sobre la verdad de las autobiografías en el mundo del arte y cómo los espectadores han cambiado su forma de contemplar las obras contaminándolo todo con la subjetividad. Experta y admiradora de Andy Warhol, el hombre que seguramente más ha mentido sobre sí mismo, De Diego utiliza al artista americano para hablar de la autenticidad, de los malentendidos y de la descarada manipulación de los recuerdos. Asegura la autora que vivimos un momento en el cual lo que vende es lo canalla. Una vida llena de éxitos y reflexiones positivas no interesa a los lectores. Afirma que Warhol fue uno de los pioneros en inventar un pasado terrible y atestado de desgracias, el personaje más mentiroso del mundo. "Es seguro que su infancia no fue fácil, pero de ninguna manera fue tan dramática". En terreno casero y más a ras del suelo, Estrella de Diego pregunta por qué vende más la biografía de Belén Esteban que la de Isabel Preysler. "Porque los lectores prefieren compararse con el que desnuda una vida de perdedor (Esteban) frente al que todo le va perfecto en la vida (Preysler)". Fuera de ejemplos tan cotidianos, la escritora recorre la obra de artistas como Boltanski, Kabakov, Calle, Anderson o Shonibare para hablar de cuestiones que se plantean en torno a las relaciones que la fotografía tiene con la performance y cómo reaccionan los nuevos espectadores ante la obra de arte. La ensayista asegura que la vida personal y la fantasía lo impregnan todo, que la objetividad es imposible porque no existe la mirada fría y objetiva frente a una obra. Opina que el más claro ejemplo de esa contaminación es la performance, una forma de expresión artística en la que el que contempla forma parte de lo que se representa. Para Estrella de Diego es ahí donde surge la forma en la que hay que mirar el arte contemporáneo. En el arte antiguo, el espectador se podía plantar frente a la obra sin implicarse y conmoverse con lo que estaba viendo. En el arte contemporáneo, esa visión se quiebra y el espectador tiene que mirar contemplándose también a sí mismo. Y el que no entienda esto, no puede disfrutar del arte moderno.

No soy yo. Autobiografía, performance y los nuevos espectadores

Estrella de Diego

Siruela. Madrid, 2011

256 páginas. 19,95 euros

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 19 de febrero de 2011

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