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CARTAS AL DIRECTOR

No estamos en Finlandia

Ha llegado el momento de que mi novia y yo nos compremos un piso. Somos tan afortunados y jóvenes que nos dejan hipotecarnos por 40 años si fuese necesario, esa es la gracia de mi generación. Al encontrar algo que nos gusta nos sugieren pagar una parte en B para que ambas partes nos ahorremos impuestos. "Me crea usted un dilema moral", le dije al vendedor, "pues estuve unos años viviendo en Finlandia, donde la tributación no es a la carta y todo funciona la mar de bien".

Echando cuentas nos ahorraríamos aproximadamente un año entero de mi sueldo íntegro si decidimos defraudar, aun así no me decido a robar a papi Estado.

Sin embargo, pronto me ponen al día de cómo funcionan las Sicav que no tributan más que el 1%, mientras la empresa de mi hermano (donde solo trabaja él) aporta el 25% de sus beneficios. Me cuentan que el notario sale expresamente de la sala donde comprador y vendedor intercambian el capital para no hacerse partícipe de la trampa y no realizar por tanto su trabajo. O de cómo desde la Administración se deja caducar un expediente de fraude para no tener que husmear un asunto tan turbio.

Pero resulta que soy yo quien tiene que rescatar a un país a medio hundir laborando unos 365 días de más, cuando es el Gobierno quien debería realizar un control riguroso que no dé opción a la duda moral del pago o no de impuestos.

Los finlandeses no tienen más moralidad que nosotros por naturaleza. Lo que sí tienen es un sistema que persigue y se preocupa del fraude fiscal.

Eefectivamente, no estamos en Finlandia, y no porque nosotros no seamos como los finlandeses sino porque no nos dejan serlo.

* Este articulo apareció en la edición impresa del Viernes, 18 de febrero de 2011