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Cae el techo de un colegio que Educación rechazó reparar

El centro de Infantil de Poio estaba vacío cuando se desprendieron unas placas de escayola deterioradas

Cuatro años llevaba Magoia Bodega, la directora del colegio público de Chancelas-Poio, avisando de que el centro necesitaba reformas profundas. Construido en 1973, buena parte del presupuesto escolar se iba cada año últimamente en pagar la calefacción, imprescindible para unas aulas donde las ventanas no cierran. "Tres depósitos por curso", recuerda. Pero lo peor estaba en el falso techo, hecho de pesadas placas de escayola. Con los años la humedad las fue deteriorando, pero la Xunta, responsable del centro, no consideró necesario sustituirlas. El fin de semana pasado, varias se cayeron dañando parte del mobiliario. No había nadie en el aula.

Los alumnos de Educación Infantil, niños de cuatro años, tuvieron que trasladar su aula al pasillo durante tres días, mientras la empresa que contrató el Ayuntamiento retiraba el resto de planchas de escayola. El Gobierno local, la dirección del centro y la asociación de padres han redoblado sus protestas ante lo que consideran una inacción de la Administración autónoma. Ayer se concentraron a las puertas de la escuela para reclamar medidas. "Queremos que la Xunta se comprometa por escrito y fije una fecha para el inicio de las obras", pide la concejal de Educación, Luz Senra, quien asegura que el jefe territorial de Educación en Pontevedra, César Pérez Ares, no ha respondido a los sucesivos requerimientos que le ha hecho.

La directora lleva cuatro años solicitando arreglos a la Administración

Los alumnos han estado tres días recibiendo clases en los pasillos

Aunque Educación es titular del centro, el mantenimiento corre a cargo del Ayuntamiento. En esa circunstancia se escuda la Xunta para negar su responsabilidad. "Los canalones están taponados por la vegetación por falta de limpieza y se está filtrando agua al interior", declaró Pérez Ares. Aseguran, además, que el techo que cayó lo instaló el propio Ayuntamiento hace tres años.

Senra lo niega. "Se lo han debido explicar mal. Hace tres años se hizo una reforma en colaboración con la Xunta, cuando estaba el anterior jefe territorial. Había bajado el número de alumnos y se remodelaron estancias para acoger a niños de otro centro de Combarro. Pero los técnicos de la Xunta vieron ese techo y decidieron que no hacía falta cambiarlo", recuerda. Apunta, además, que ese tipo de materiales ya no se fabrican, y que ahora se utilizan otros más ligeros y las planchas están diseñadas con los cantos menos afilados.

La responsable municipal sostiene además que el Ayuntamiento ha excedido sus funciones en este caso. "Nosotros colaboramos en la medida en la que podemos por responsabilidad moral", sostiene, al tiempo que afirma que no quiere buscar la confrontación política. Bodega corrobora casi punto por punto el discurso del Ayuntamiento. "En los cuatro años que llevo como directora, nunca ha habido respuesta por parte de la Xunta", aduce. De momento, sigue sin haberla. Pérez Ares señala, no obstante, que su objetivo es "encontrar una solución a este problema. Consideramos que este tema es prioritario y lo vamos a evaluar".

Las placas de escayola ya no estaban ayer en el techo. Ni en el aula ni en el gimnasio del centro. En su lugar queda la estructura de hierros sobre la que descansaban, que deja al descubierto el cemento y los tubos.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 4 de febrero de 2011