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La OMS choca con sus intereses

El nombramiento de un reputado científico y directivo de una gran farmacéutica como miembro de un comité asesor sobre enfermedades desata las iras de las ONG

El nombramiento de Paul Herrling, un directivo de Novartis, como miembro de un grupo asesor de la OMS ha vuelto a poner en la picota la independencia de la organización que dirige Margaret Chan. La alerta la dio el 20 de enero un grupo de nueve ONG, que han protestado porque creen que un claro conflicto de intereses afecta al director de Investigación Corporativa de Novartis. El grupo para el que ha sido nombrado (a propuesta de su país, pero directamente por Chan) es el Consultivo de Expertos en Investigación y Desarrollo. Su función es discutir y definir estrategias para abordar las enfermedades que afectan a los países en desarrollo, desde las infecciosas a otras crónicas como el cáncer y la diabetes.

El experto es creador de uno de los programas que se van a evaluar

Los firmantes, entre los que están Médicos sin Fronteras e Intermón Oxfam, creen que no es de recibo que Herrling, que dirige el Fondo para la Investigación y Desarrollo en Enfermedades Olvidadas (Frind por sus siglas en inglés) de Novartis, uno de los programas afectados, esté en le grupo.

La subdirectora general de la OMS para Innovación, Información, Pruebas Científicas e Investigación, Marie-Paul Kieney, defiende el nombramiento. "Nadie pone en duda la capacidad o el conocimiento de Herrling. El proceso de selección no ha podido ser más transparente", afirma. Los candidatos son propuestos por los países. Luego, pasan por los comités regionales. "Para nosotros, es muy importante contar con la experiencia de Herrling", afirma. "Si queremos realizar un análisis completo y transparente, necesitamos que haya expertos de todos los campos alrededor de la mesa". Además, Kiney cree que el problema del conflicto de intereses de Herrling es de fácil solución: "Bastará con que deje la reunión cuando se discuta su proyecto", dice.

Por último, Kiney señala que hay otros personajes controvertidos. De hecho, EE UU y otros países no ven con buenos ojos la presencia de Carlos Correa, famoso en el continente americano por ser uno de los activistas que con más ardor han defendido que se elimine la propiedad intelectual de los medicamentos para los países pobres. "No hemos accedido a las presiones para que se retire, ni vamos a hacerlo respecto a Herrling" señala Kieney.

En el lado contrario, que Herrling acuda a las reuniones es completamente rechazado por Tido von Schoen-Angerer, director de la Campaña para Medicamentos Esenciales de Médicos sin Fronteras. "Que conste que es una persona muy competente, que su propuesta es muy rigurosa e instructiva, y que yo le respeto mucho. Pero no es apropiado que participe en el grupo, ya que es el autor de uno de los programas que se va a evaluar", afirma. "Si se le invita a él, debería invitarse a otros que también tienen programas que evaluar y financiar", opina.

Para él, la solución sería que Herrling y otros representantes de empresas o de sectores interesados en el tema (ONG con programas que financiar) acudieran al grupo de expertos como ponentes, y ahí podrían contestar a las preguntas que surgieran. "Fue lo que se hizo en el grupo que debatió la propiedad intelectual", defiende. La idea de que Herrling se ausente cuando se vaya a debatir sobre su estrategia no le parece suficiente, ni realista. "No se trata de una reunión que vaya a ir programa a programa, el abordaje va a ser mucho más integral", dice.

Pero ni siquiera en el sector asociativo hay una postura unánime. El director de una ONG dedicada a promover la atención sanitaria en países pobres cree que es una situación fácil de gestionar. El ejecutivo -que no quiere dar su nombre ya que podría incurrir en un conflicto de intereses porque "es posible que en un futuro" se beneficie de los resultados del grupo de expertos-, cree que bastaría con que Herrling "se salga de las reuniones en las que se evalúen o discutan los programas de Novartis". "Está bien que en un grupo de expertos que va a discutir nuevas formas de financiación de la investigación en medicamentos olvidados haya un experto de la industria farmacéutica", opina. "Es solo uno entre 21". "Es más una cuestión de dirigir bien las reuniones. No se puede dejar a la industria fuera", afirma.

Este periódico ha intentado, sin éxito, hablar con Herrling, que se encuentra en Asia. Una portavoz de Novartis afirmó que "nadie pone en duda su currículo y su dedicación a enfermedades olvidadas". Sobre si podría beneficiar a Novartis, dice: "En cuanto al conflicto de intereses, Herrling es el responsable de una parte de la compañía, los Novartis Intitutes for Developing World Medical Research, cuya dedicación son precisamente los programas investigación para el desarrollo de fármacos en los que no hay beneficio". El representante de Médicos sin Fronteras admite que la decisión ya se ha tomado y que ellos solo pueden protestar. "La ventaja, con esta campaña que se ha montado, es que el grupo sabe que va a ser vigilado muy de cerca. Veremos cómo se desarrollan las reuniones".

Y si es el mejor, ¿por qué no?

Las críticas de un grupo de ONG, aunque algunas sean tan conocidas como Médicos sin Fronteras o Intermón Oxfam, no habrían sido un gran dolor de cabeza para la Organización Mundial de la Salud (OMS). Pero la institución que dirige la china Margaret Chan está todavía convaleciente del desgaste que le supuso la gestión de la gripe causada por el H1N1. Un deterioro que ha hecho retroceder la imagen pública de la OMS hasta los niveles que tenía antes de la aparición del SARS -la neumonía atípica asiática- en 2003, cuando este supuesto Ministerio de Sanidad mundial era poco más que una oficina para pobres de la ONU.

Al contrario que con el Grupo Consultivo de Expertos en Investigación y Desarrollo, que es el que ahora está bajo sospecha por la incorporación de Paul Herrling, un alto directivo del laboratorio suizo Novartis y autor de uno de los programas que van a evaluarse, entonces la OMS mantuvo en secreto el nombre de los 16 expertos que le habían asesorado sobre la gripe. Ni siquiera los requerimientos del Consejo de Europa consiguieron que rompiera su mutismo.

La versión que siempre dio Chan fue que esto se hacía, precisamente, para salvaguardarlos de posibles presiones por sectores interesados, como los fabricantes de vacunas. Pero cuando, pasada la declaración de pandemia (lo que se hizo el 10 de agosto de 2010), se dio a conocer la lista, las críticas arreciaron. De los 16 expertos, seis habían declarado conflicto de intereses. De ellos, tres trabajaban en laboratorios estatales, pero que habían recibido fondos de las farmacéuticas (una práctica habitual y casi imprescindible para que la investigación pública prospere), y dos habían asesorado -y cobrado sus trabajos- directamente a la industria.

Como ahora con Herrling, hay quien cree -OMS incluida- que eso es una garantía de calidad: la industria solo se interesa por los mejores, y no contar con ellos sería un error.

Grupo equilibrado

La OMS, como otros organismos de la ONU, tiene un sistema no escrito de cuotas. La composición del grupo de expertos es:

- Origen. Hay cuatro de África, cuatro de América, tres de Asia sudoriental, cuatro de Europa (Herrling es uno de ellos), tres del norte de África y el Mediterráneo oriental y tres del Pacífico occidental.

- Sexo. De los 21 miembros, seis son mujeres.

- Ocupación. 11 trabajan en la Administración, 9 en universidades, 1 en un despacho de patentes y 1, Herrling, en la industria.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 30 de enero de 2011

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