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viernes, 14 de enero de 2011
Crónica:

El hombre huraño que sacó el rifle

El primer parricida del año mató a tiros a su esposa y a su hijo antes de suicidarse en Segovia - En Granada, un ciudadano chino asesinó ayer a su pareja

Al primer parricida de 2011 se le recordará como una persona poco comunicativa, obsesionada por los libros y la sabiduría, que proclamaba que Sócrates era su ídolo. Julio José Zapata Montes, de 52 años, se quitó la vida en Torrecaballeros (Segovia) la noche del martes pasado, después de, supuestamente, acabar a tiros con la de su esposa, Ana María Sánchez Vizcaíno, de 49 años, y el hijo de ambos, Carlos, de 16. Madre e hijo son las primeras víctimas de la violencia machista este año.

Pero Zapata no es el único parricida de este comienzo de año. Ayer, un ciudadano chino mató supuestamente a su pareja sentimental en Granada tras golpearla con una loseta de mármol. El crimen sucedió a las 20.00 en una pequeña tienda de alimentación que ambos regentaban en la ciudad, según informa Fernando Valverde. El hombre, de 32 años, asestó varios golpes a la mujer, de 26 años, tras una fuerte discusión que hizo a los vecinos alertar a la Policía Local. Cuando los agentes llegaron se encontraron al hombre con restos de sangre y a su pareja en el suelo desangrada. Los agentes detuvieron al agresor y al cierre de esta edición no había trascendido si la mujer presentó denuncias por malos tratos.

Quería ser sabio. Leía a Sócrates. En su casa no se veía la televisión

El asesino de Torrecaballeros era un lector obsesivo que no salía de casa

En el caso del parricida de Torrecaballeros el matrimonio estaba iniciando los trámites de separación. La pareja llegó con su hijo al pueblo hace unos ocho años. Venían de Madrid y se instalaron en un chalé. Nadie sabe a qué se dedicaba él, porque era reservado, pero hay quien afirma que era licenciado en Historia del Arte y vivía de una herencia, vinculada a una empresa de construcción familiar. Lo seguro es que no tenía actividad pública y que tenía licencia de armas para manejar una escopeta del calibre 22 y un rifle.

Nadie sabe lo que se le pudo pasar por la cabeza a este hombre con el que solo se podía hablar de literatura o historia, nada de temas comunes, enemigo de la televisión. Paradójicamente, Ana María se preparaba para ser alcaldesa en las fiestas de Santa Águeda, el 5 de febrero, cuando es tradicional que las mujeres impongan su poder sobre los hombres. Carlos era deportista, extrovertido y amable, lo mismo que su madre. Ambos participaban en las actividades de este municipio segoviano de 1.200 habitantes, que ayer acogió una concentración de repulsa. Madre e hijo se refugiaban el uno en el otro, reconocen algunas personas próximas, de un hombre de carácter duro y, sobre todo, exigente con el chico. Ela Kiwak, una mujer de mediana edad que tiene una peluquería en Torrecaballeros, conocía muy bien al matrimonio y al chico, compañero de instituto de una de sus hijas. A esta peluquera le suponía un esfuerzo hablar con el supuesto asesino porque nunca bajaba el listón de los temas que trataba, principalmente literatura e historia. "Quería ser muy sabio, no había libro del bibliobús que no se hubiera leído", asegura Kiwak, a la vez que reconoce que controlaba mucho a su hijo, hasta el punto de que en la casa no se veía la televisión -solo algunas películas-, mientras que las noticias había que escucharlas por la radio medio a escondidas. Al chico le llegó Internet hace tres meses, porque su madre le compró un ordenador portátil, asesorada por una de las hijas de Kiwak. Con quien se entendía esta peluquera era con la fallecida, "supercorrecta, tímida e inteligente".

Habían entablado amistad y, entre confidencias, ella le había dicho que lo primero que iba a hacer cuando muriera su madre -falleció hace medio año- era divorciarse. Algunos que estuvieron en casa de los Zapata concluyen que no había una relación normal y que la convivencia tenía que ser difícil, sin descartar que hubiera maltrato psicológico con madre e hijo, "pero ella aguantaba por el chico", dicen. De puertas hacia afuera, eran "un matrimonio normal", de clase media alta.

Los hechos, según la subdelegada del Gobierno, Teresa Rodrigo Rojo, pudieron ocurrir la noche del martes al miércoles pasado. El crimen no fue descubierto hasta la pasada madrugada, cuando parientes del matrimonio facilitaron la entrada en el chalé a la Guardia Civil, al no responder los Zapata a sus llamadas. Cada cuerpo se hallaba en una habitación. Los investigadores apuntan a que el hombre mató a su esposa y a su hijo y luego se suicidó. El chaval no se reincorporó el lunes al instituto por enfermedad y no había denuncias por malos tratos.

Luis Muñiz, ex decano de la Facultad de Psicología de la Universidad SEK de Segovia, cuenta que conocía al adolescente, que acudía a su casa a estudiar inglés. Ahora recuerda que Carlos "parecía como arrastrado por algo, quizá con problemas de violencia pasiva".

Dos compañeras del joven fallecido se abrazan durante la concentración en Torrecaballeros. / A. M.

AURELIO MARTÍN

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