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miércoles, 12 de enero de 2011
Análisis:ANÁLISIS | Un comunicado hacia el final de ETA

El problema de ETA

La mayoría de los vascos nos hemos acostumbrado a tratar los temas de ETA con una mezcla de escepticismo y náusea. Lo que hacen, pero también lo que dicen, nos ha ido resultando cada vez más extraño y por eso casi nadie esperaba del anunciado comunicado ni grandes razonamientos ni conversiones morales; nos conformábamos con que les funcionara mínimamente ese principio de realidad con el que los demás estamos acostumbrados a vivir. Desde este punto de vista, se puede asegurar que esta declaración no es lo que la gran mayoría de la sociedad exigía, pero tampoco alcanza a lo que la propia izquierda abertzale deseaba.

Lo más positivo de esta declaración es el nuevo contexto en el que surge: a la tradicional exigencia de todos los partidos se ha sumado de un tiempo a esta parte la izquierda abertzale oficial, que hace mucho llegó a la conclusión de que entre ellos y ETA hay ya una radical incompatibilidad. ETA actúa presionada por los que han venido haciéndolo hasta ahora (la sociedad, los partidos democráticos, las fuerzas de seguridad...), pero ahora también por la propia izquierda abertzale o quienes se mueven en esa órbita (mediante las declaraciones de Gernika y Bruselas o de acuerdo con las presiones de los mediadores internacionales). Esto es lo más novedoso de cuanto hemos visto suceder en los últimos tiempos. Lo que se está decidiendo es: ETA o izquierda abertzale. Ambos saben que son incompatibles y son ellos los que han de resolver esa incompatibilidad. En este sentido, lo que se advierte claramente es que ETA va a remolque de otros, sin iniciativa propia y en un escenario incómodo porque esta presión añadida le resulta especialmente difícil de digerir.

Lo más negativo del comunicado, además de una fraseología que es tan detestable como ridícula, es que ETA se reserva una posición de tutela sobre lo que la sociedad vasca pueda decidir en el futuro, una posición de valedora de sus decisiones frente a España, que nadie le ha pedido y que es todo lo contrario de una retirada. No tardaremos mucho tiempo en comprobar si forma parte de la retórica habitual de quien se retira de la batalla y no puede decir otra cosa o si se trata de una amenaza efectiva.

El final de ETA va a girar en torno a cómo resolver una endiablada paradoja. Toda la dificultad del momento presente -que es un momento de cierre, por más que pueda durar mucho tiempo- consiste en que ETA tiene cada vez más motivos para desistir pero menos trofeos que justifiquen ante ellos mismos esa retirada. En Argel, en Zúrich o en Loiola, de manera decreciente, ETA podría haber obtenido alguna contrapartida política; al mismo tiempo -y también de manera decreciente- la paz podía intercambiarse por los presos; ahora esa contrapartida es inexistente y la única posibilidad que se le ofrece es que gracias a su lucha consiga finalmente... la legalización de los ilegalizados. Podríamos recordarles entonces que para eso han invertido muchos asesinatos y hay un montón de presos en la cárcel, que no hay quien maquille esa siniestra cuenta de resultados. Pero, cuando llegue ese comunicado definitivo, el problema de cómo cuentan esa historia será suyo. Nosotros hace tiempo que lo tenemos muy claro.

Daniel Innerarity es catedrático de Filosofía, investigador Ikerbasque en la Universidad del País Vasco y director del Insituto de Gobernanza Democrática.

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