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La propiedad intelectual, a debate

"Temen a los delincuentes"

Los parlamentarios de mi país temen de tal manera a los delincuentes -y lo que es más grave: no temen que éstos los apiolen, como en México, sino simplemente que no les voten- que ni siquiera se atreven a aprobar una tímida ley que limite un poco sus fechorías. A mí me gustaría que me salieran gratis la comida y el alquiler, que son indudablemente más básicos que lo vagamente denominado "cultura" y es más bien entretenimiento. Me encantaría "descargarme" cuanto compro y consumo sin pagar un céntimo, y no veo por qué no puedo hacerlo mientras los cobardes y desaprensivos políticos de mi país permiten que mi trabajo, y el de los músicos y cineastas, sí sea pirateado y saqueado. ¿Por qué el nuestro y no el del panadero, el casero, el tendero de la esquina o el banquero?

Acabo de terminar una novela que me ha supuesto dos años largos de tarea. Como el robo legalizado de literatura no es aún tan general como el de cine, televisión y música, supongo que la publicaré dentro de unos meses en España. No creo que pueda hacer lo mismo con la siguiente, mientras nuestros políticos delincuentes -también son delincuentes los cómplices, quienes protegen y amparan el delito, en lugar de impedirlo- sigan echándose a temblar como flanes ante la beligerancia de los piratas y ladrones. Sólo me quedarán dos opciones: o no escribir más, o publicar mis libros en inglés, francés, alemán, italiano o esloveno -donde no queden a la intemperie-, pero nunca, paradójicamente, en la lengua en la que habrán sido escritos.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Jueves, 23 de diciembre de 2010