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Reportaje:REPORTAJE

La Emperatriz de los museos

Dirige siete centros en Austria, algo excepcional en europa. 'Su Majestad' Sabine Haag se mueve entre las ruinas de Éfeso y las pinturas de Rubens y Velázquez con la misma soltura y sencillez con que atiende a su familia.

Su trato cercano y directo hace difícil creer que Sabine Haag, una mujer de 48 años, casada y madre de tres hijos en edad escolar, es desde hace dos años la única persona que en Europa dirige siete museos, uno de los cuales, el Kunsthistorisches Museum (KHM), Museo de Historia del Arte, en Viena, es el mayor y más importante de Austria y uno de los primeros de su clase en el mundo. Haag derrocha conocimiento y experiencia, no solo respecto al gran complejo museístico que encabeza, sino también sobre las últimas tendencias en la materia. Hablar con ella sirve para iluminarnos sobre lo que se impone internacionalmente en la presentación de exposiciones y sobre las iniciativas para atraer más visitantes.

"Me muevo en bici. el coche es un símbolo que no me define"

"Lo esencial es tener metas, y saber delegar y priorizar"

"La realidad virtual no puede sustituir la contemplación real"

Dado su carácter deportivo -practica jogging, senderismo y esquí, esto último bastante previsible siendo austriaca y de la alpina Vorarlberg-, no sorprende que llegue en bicicleta a su despacho del edificio del KHM. "No vivo lejos; además es agradable y práctico". Solo toma el coche oficial -un símbolo de poder que no me define ni me es relevante"- cuando inicia el día con una cita oficial fuera de su despacho o cuando el mal tiempo arrecia. Llama la atención también que habitualmente la vaya a recoger al final de la jornada uno de sus hijos, el mediano, "quien aprovecha el trayecto para contarme sus cosas" y quien durante la entrevista con El País Semanal le llama dos veces. A pesar de esa imagen maternal, cuando se le pregunta sobre si encarna los atributos de rectitud, constancia, fiabilidad y sentido del ahorro que los otros austriacos atribuyen a los oriundos de Vorarlberg, ella asegura riendo: "Sí, sí, respondo al cliché de Vorarlberg".

También sorprende que pueda desarrollar su intensa actividad diaria sin comer prácticamente nada la mayoría de los días, salvo un café antes de salir de casa y, una vez en su despacho, agua y té verde, "que me da energía". "Como de noche, cuando regreso a casa, y si tengo algún almuerzo de trabajo. Me encanta comer, pero necesito cierta tranquilidad, y hasta que no regreso a casa no la tengo".

Su vida está llena de sorpresas. Porque la elección para el cargo por parte de la ministra de Cultura, la socialdemócrata Claudia Schmied, supuso una pequeña revolución. "Mi perfil no encajaba totalmente con lo que se esperaba para el puesto, era solo directora de exposiciones, o sea, una desconocida para el gran público, pese a haber trabajado desde hacía 20 años como comisaria y directora de la Schatzkammer (Cámara del Tesoro Imperial) y de la Kunstkammer", cuya renovación era ya el proyecto prioritario del KHM y que se reabrirá en diciembre de 2012. "Será entonces", dice Haag, "la más relevante cámara de arte del mundo, al reunir la más amplia y valiosa actividad coleccionista del imperio mundial de los Habsburgo", soberanos del imperio austrohúngaro y en los territorios de la Corona española durante siglos.

"Había otros favoritos, pero a mí me favoreció ser una mujer, de cuarenta y tantos años, con hijos, con una carrera científica y de investigación, que me había creado un nombre en la esfera internacional, y con buena disposición para la negociación, para temas de marketing e ideas para atraer a más público a visitar nuestras colecciones. Ese potencial es lo que creo que vio en mí". Así que ahí está, al frente del KHM, el Museo de Etnología, el del Teatro, la Cámara del Tesoro Imperial, el Museo de los Carruajes, el Neue Burg -con la colección de instrumentos musicales antiguos, el Museo de Éfeso y la colección de armas de caza y armaduras-, todos en Viena, más el castillo de Ambras, en Innsbruck (Tirol).

En el país alpino no es una excepción. Hay mujeres en la cima de la cultura; al frente también de la Biblioteca Nacional (Johanna Rachinger), el Museo Belvedere (Agnes Husslein) y el Mumok o Museo de Arte Moderno Fundación Ludwig de Viena (Karola Kraus), el mayor de su clase en Europa Central.

Sabine Haag, doctora en Arte, nació en una familia "con buenos conocimientos artísticos"; sus pasiones eran la guitarra, la flauta y el ballet. "Desde que nací estuve rodeada de arte". Pero fue un libro, un regalo que le hicieron sus padres cuando tenía 13 años, lo que la marcó: Die geschichte der kunst (La historia del arte), de Ernst Gombrich. "Fue el punto de partida para darme cuenta de lo importante que es contar las historias sobre las obras. Me dejó claro que quería estudiar y trabajar en historia del arte. He sido afortunada al conseguirlo. Dirigir ahora el KHM es para mí un sueño cumplido. Tengo un contrato de cinco años, que acaba en 2013 y espero que me sea renovado. [Puede serlo sin límite en periodos de cinco años]. No me puedo imaginar en el futuro en otro trabajo. Esto llena mi vida. Me gustaría jubilarme aquí. Ahora mi principal intención es abrirlo a un público más amplio, contar con más jóvenes investigadores, mantener y aumentar el gran nombre que tiene y dejar huella, como la reapertura de la Kunstkammer, que espero que sea redescubierta".

Y continúa: "Dirigir siete museos a la vez es una responsabilidad enorme que demanda una increíble cantidad de tiempo. Lo esencial es tener un equipo fiable, metas y estrategias claras, priorizar, saber delegar y hacer uso de la estructura de la institución. Además tengo tres hijos que ahora me exigen mucha dedicación, y son los que menos deben ser desatendidos. Están en una edad en la que me necesitan y yo a ellos también".

buscar esa conexión con los más jóvenes no es solo una prioridad familiar, sino también en su trabajo. "El problema de que los escolares no vengan a nuestros museos no está ni en el dinero ni en otras instituciones museísticas, sino en los programas educativos, que se prefiera llevar a los menores a patinar o a la piscina. Nosotros somos una actividad de ocio; me gusta buscar permanentemente incentivos. Mi lema es: 'Ven, tras una visita a un museo eres más feliz'. El arte ha sido parte del día a día en mi familia; hemos ido desde muy pronto con los niños a visitar museos, a conciertos y teatros, pues siempre queda un poso de conocimiento que se puede activar más adelante y será parte de sus vidas. Los niños son más abiertos a nuevas experiencias. También tengo que aceptar que hay días en los que dicen 'hoy no' y que pasan por diferentes fases de interés. Hay que fijarse en lo que en una época les gusta, que muchas veces depende de lo que es cool y de lo que hacen sus amigos, y partiendo de eso conducirles al campo de conocimiento que se desee. Es esencial establecer compromisos y convertirse en un ejemplo para ellos porque, de lo contrario, el intento no es auténtico y no servirá de nada. Forzarles resulta contraproducente".

En su opinión, el futuro de los museos pasa por abrirlos a más gente con una política adecuada de precios y por renunciar a las exposiciones inabarcables. Para Haag, se transmite mejor el mensaje si el espacio de exposición no es enorme y se muestran vínculos poco conocidos entre las obras de diferentes autores, usando, mayoritariamente, los fondos de la institución. "Para que el público los conozca y pueda verlos desde diversas perspectivas, contextos y significados. Por eso mostramos una pieza en diferentes exposiciones. Así cumplimos con el deber museístico de que una obra plantee interrogantes e intente contestarlos". Para Haag, la información que ofrezca la página web "debe solo despertar interés; para satisfacerlo hay que ver la exposición. La realidad virtual no puede sustituir la contemplación de la obra de arte real".

Respecto a la polémica que desató el préstamo del museo vienés de la Albertina de 86 obras de Durero al Museo del Prado para una exposición monográfica en 2005, y a la que el Patrimonio Nacional Austriaco respondió endureciendo las condiciones para ceder obras artísticas, Haag contesta con una enigmática sonrisa: "La versión oficial es que fue un malentendido burocrático". Según esa versión oficial austriaca, las seis principales obras, las más relevantes de Durero -como la famosa Liebre-, habían llegado a Madrid sin contar aún con la aprobación definitiva de las autoridades austriacas. Pero esta mujer lo tiene claro: "Las obras que se prestan actúan como embajadoras de nuestros museos y además fomentan la investigación y la captación de fondos para, por ejemplo, una restauración. Por eso, el préstamo de nuestro patrimonio es muy importante; el KHM y el Prado van a intensificar su cooperación mutua".

Una última pregunta. Si pudiera elegir varias obras de arte para tener en sus museos, ¿por cuáles se decidiría? "Todas las de Vermeer; La asunción de la Virgen, de Tiziano; La tempestad, de Giorgione; el David de Miguel Ángel; Apolo y Dafne, de Bernini. Para mí personalmente querría la escultura Santa Cecilia, de Maderno".

* Este articulo apareció en la edición impresa del Domingo, 12 de diciembre de 2010