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Entrevista:JOAN LLINARES | Director general del Palau de la Música

"Me colgaron el sambenito de agente del presidente Montilla"

El pasado viernes comenzó una nueva etapa en el Palau de la Música. Su director general durante estos largos meses de crisis, Joan Llinares (Alzira, Valencia, 1953), anunció públicamente que a finales de mes deja el cargo. Pocas veces un gestor ha tenido que lidiar con un marrón de la envergadura del saqueo del Palau y sus múltiples implicaciones sociales y políticas. Estos días Llinares ha descansado en su tierra valenciana, pero ha habido tiempo para completar, por correo electrónico, las conversaciones iniciadas anteriomente con este diario.

Pregunta. ¿Cómo evalúa su experiencia al frente del Palau?

Respuesta. Desde el 23 de julio de 2009, cuando la policía registró el Palau y Fèlix Millet salía por la puerta trasera, escondido tras un paraguas, lo había seguido todo a través de los medios de comunicación. Lo que contaban me pareció de una gravedad estremecedora. Cuando el 28 de julio me propusieron inesperadamente hacerme cargo del Palau, reflexioné: "Si acepto, probablemente me arrepentiré muchas veces, pero si digo que no, con seguridad me arrepentiré toda mi vida". Y acepté.

"Desde el Palau se ha trabajado para crear desconfianza hacia mí"

"Tenía que justificar cada paso, explicar que quería hacer viable la entidad"

"El 'caso Millet' ha hecho mucho daño a las instituciones culturales"

"A punto de dejar el cargo, considero esta experiencia positiva pero triste"

"Cuando la fiscalía apuntó a CDC saltaron todos los fusibles"

"La reacción ha sido más propia de quien fomenta una sociedad tribal"

En mi decisión fue determinante que, tras la destitución de Millet, la presidencia en funciones del Orfeó Català recayera en Mariona Carulla, vinculada a una familia que patrocina entidades culturales catalanas, y el propio Palau, desde hace más de medio siglo. Consideré que el daño que el caso Millet producía en la confianza en las instituciones culturales era incalculable y que debíamos contrarrestarlo con una actuación rigurosa que alejara cualquier duda sobre la honradez con que se gestiona el universo cultural en Cataluña. En este sentido el caso Millet ha hecho mucho daño. Quince meses después y a punto de dejar el Palau, mi evaluación de esta experiencia es positiva a la vez que triste, porque nunca imaginé que la magnitud del expolio iba a ser la que ha resultado. He acabado agotado, pero satisfecho.

P. ¿Ha tenido presiones desde el propio Palau para frenar los cambios en la entidad?

R. Sí. Lo que hemos hecho en 15 meses se hubiese podido hacer en nueve. Opté por evitar el conflicto, ser paciente y prudente. Acababa de llegar al Palau, mientras que los que han frenado el proceso llevaban años dentro y dominaban los circuitos informales de comunicación de la casa. Conocían todo y a todos. Me colgaron el sambenito de agente del presidente Montilla con la misión de que las Administraciones públicas se apoderaran del Palau. Ponían como ejemplo el final del Liceo tras el incendio y su reconstrucción. Trabajaron arduamente para generar desconfianza hacia mí, contaminaron el ambiente, rezumaron hipocresía y, en ocasiones, nos sumieron en crisis internas absurdas. No ha sido un camino fácil. Tuve que convencer uno a uno a los miembros de la junta directiva, a los patronos, a los cantores, a los profesores y padres de alumnos de la escuela coral de que no cedieran a esa visión... Empleaba casi tanto tiempo en convencer como en trabajar. Tenía que justificar cada paso que daba, explicar que mi objetivo era reorganizar la entidad haciéndola viable tras el descalabro del caso Millet, reforzándola como proyecto cultural, sin modificar su esencia de entidad privada arraigada en la sociedad catalana. Creo que pude convencer a todos, menos a quienes fabricaron esta tesis y contaminaron con ella. Creo que estaban haciendo tiempo para reorganizarse evitando que nada se consolidara para mantener la estructura diseñada por Millet. La candidatura de Enric Enrech era la cristalización de todo esto. Por fortuna, estos sujetos salieron ampliamente derrotados en las elecciones del Orfeó Català.

P. Cuando le contrataron como director general del Palau, recibió el encargo de investigar a fondo el desfalco. ¿Ha recibido presiones para dejar de investigar?

R. No recibí llamadas directas o indirectas explícitas dirigidas a frenar la investigación. Sí recibí, a través de persona interpuesta, amenazas que entendí relacionadas con uno de los despidos disciplinarios ordenados por mí. Creo que en el fondo Millet y su equipo se confiaron con la incomprensible benevolencia del Juzgado de Instrucción número 30, que no les molestó después de una medida tan extraordinaria como fue el registro, y nunca pensaron que iba a trabajar, como así lo hicimos durante el mes de agosto, de día y de noche, con un buen equipo de auditores y el objetivo de conocer los entresijos de su gestión en el plazo más corto posible. Cuando volvieron de vacaciones, ya era demasiado tarde. Montull se había despedido de mí el 30 de julio diciéndome que se iba de vacaciones y que en septiembre ya me pondría al corriente de todo. "Agosto es para descansar", me dijo. Ya no se incorporó al Palau.P. ¿Ha podido trabajar con libertad en su investigación?

R. He trabajado con absoluta libertad, pero con muchas limitaciones empezando por que una parte importante de la documentación estaba en el juzgado. Pero al final, entre lo que tenía el juzgado y lo que hemos ido encontrando, los peritos judiciales han podido formular su extenso informe, que aún no es definitivo, ya que les quedó pendiente de incorporar una parte de la información financiera que habían procesado nuestros propios auditores y que hemos llevado al juzgado.

P. ¿Quedan cosas por aclarar?

R. Hay dos hechos. El primero, las ingentes cantidades de dinero que salieron en efectivo de las cuentas no contabilizadas del Palau. Lo que hicieron con una buena parte del efectivo no identificado por los peritos y auditores solo ellos lo saben... ellos y, en su caso, quienes lo pudieron recibir. El otro hecho es el límite temporal impuesto a los trabajos de investigación. No se ha podido aclarar la gestión anterior a 1998. La falta de un archivo bien ordenado, la dificultad de encontrar documentación, así como la no obligación de empresas y entidades financieras de guardar su documentación contable después de tanto tiempo llevaron a los auditores a recomendar que los datos a partir de esas fechas no iban a ser jurídicamente fiables.

P. ¿Qué descubrimientos del desfalco económico y de las implicaciones de partidos políticos y Administraciones le han causado más impacto?

R. Me ha impresionado la doble vara de medir y el cinismo. Ver que el Palau les importaba un bledo. Mientras que las cosas derivadas del Palau afectaban a una determinada formación política como en el caso del hotel, en el que la fiscalía imputó a cargos municipales de la Administración del PSC por posible tráfico de influencia en la gestión de las modificaciones urbanísticas, todos aplaudieron el buen funcionamiento de la justicia, pero cuando esa misma fiscalía y los mismos peritos judiciales apuntaron hacia cargos de Convergència Democràtica (CDC) y empresas vinculadas como presuntos receptores de parte de las transferencias irregulares, entonces saltan todos los fusibles y a partir de ese momento ya no es la justicia la que actúa, sino que se denuncia una conspiración para perjudicar al partido que, sin lugar a dudas, iba a ganar las elecciones.

Es cierto que la coincidencia de las diligencias judiciales con el período electoral generó muchos nervios, pero no es menos cierto que la reacción ha sido más propia de quien fomenta una sociedad tribal frente a una sociedad moderna basada en instituciones que funcionan. El espectáculo ha sido lamentable, pues llegaron a manipular la voluntad interna del Orfeó y de la Fundación. El presidente en funciones, Josep Maria Busquets, llegó a ocultar un informe jurídico en el que se recomendaba al Orfeó y a la Fundación solicitar la separación de piezas atendiendo a que era el medio procesal que permitiría que el desfalco de Millet se pudiera juzgar antes del próximo verano, puesto que ya está prácticamente instruido, mientras que la investigación de la financiación política para la que se pedía una pieza separada no ha hecho más que comenzar y durará previsiblemente mucho más tiempo. Si al final no se separan las piezas y se mantiene todo unido en la misma causa, cuando llegue la sentencia el patrimonio que ahora está bajo embargo preventivo se puede haber convertido en humo, pues una buena parte de él está hipotecada. Al oponerse el anterior presidente en funciones y quienes le ayudaron a la separación de piezas no estaban pensando en el interés del Orfeó ni del Palau, sino en el suyo propio.

P. ¿Confía en que se depurarán las responsabilidades penales? ¿Piensa que el Palau podrá recuperar más dinero saqueado?

R. Sí a las dos preguntas. Confío en la justicia. Parecerá una ironía con lo que he visto y vivido, pero no lo es. Nuestra justicia tiene dos graves problemas, que son la falta de medios y unas normas procesales del siglo XIX. Sí, sí, del siglo XIX. Nuestro sistema judicial es caro e ineficiente. Y mejorarlo depende de los poderes ejecutivos y legislativos, no del judicial. No se puede seguir viendo cómo un corrupto puede alargar el proceso, que al final lo terminará condenando, a 10 o 15 años. Pero durante todo ese tiempo los presuntos corruptos siguen gestionando nuestros dineros y los asuntos públicos propios del cargo que poseen. La presunción de inocencia debe ser compatible con una justicia ágil y eficiente.

P. Cuando fue contratado ya dijo que estaría en el cargo de forma temporal. El anuncio precipitado de su renuncia justo una semana después de salir elegida una nueva junta de gobierno del Orfeó Català ¿responde a que no confía en esta nueva junta o, por el contrario, se debe al futuro cambio de Gobierno en la Generalitat tras la victoria de Convergència, partido presuntamente receptor de comisiones ilegales a través del Palau?

R. Desde que profesionalmente asumí hace muchos años funciones ejecutivas me he considerado un interino donde las he estado ejerciendo. Las instituciones para las que he trabajado siempre han sabido que mi cargo como directivo lo tenían a su disposición. No puede ser de otro modo. En mi trabajo la confianza es fundamental y ha de ser recíproca. Se ha de trabajar a gusto y con sentido de la responsabilidad. Si falla cualquiera de estos elementos, lo mejor es marcharse. Pero del Palau no salgo de forma precipitada. Lo que me han expresado los miembros de la nueva junta es que deseaban que me quedase, pero llegué al Palau por unas circunstancias excepcionales y siempre dije que cuando estas no existiesen me iría. Hemos llegado a ese punto y así se lo hice saber a la presidenta y a la nueva junta, que podrá pasar página y dejar atrás la truculenta historia de los casos Millet y Palau como tapadera de sucios negocios.

En cuanto al nuevo Gobierno de la Generalitat, deberá colaborar por la parte que le corresponde compartiendo el gobierno del Consorcio con las otras dos Administraciones públicas, el Ministerio de Cultura y el Ayuntamiento de Barcelona.

P. ¿Qué hará ahora?

R. Pensar más en mí y en mi familia. Descansar un poco. Seguir estudiando e investigando el fenómeno de la gestión cultural y cuando surja un proyecto que me interese, pues vincularme. Es lo que me gusta y vivir para ello me hace realmente feliz.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Jueves, 9 de diciembre de 2010