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Análisis:ELECCIONES CATALANAS | Consecuencias del 28-N

La debacle

De lo ocurrido en las elecciones catalanas, lo único realmente novedoso ha sido el hundimiento del PSC. CiU vuelve a la hegemonía en el parlamento catalán, como tantas veces. Esquerra Republicana sigue instalada en la inestabilidad permanente. El PP repunta cuando crecen sus opciones en España. Iniciativa conserva su nicho tradicional. Lo que no había ocurrido nunca es que el PSC bajara de los treinta diputados y del 20 por ciento de votos. ¿Qué va a pasar con el PSC?

La volatilidad del voto del PSC de las generales a las autonómicas es proverbial. Tan solo hace dos años obtuvo un millón seiscientos mil votos en las elecciones generales. Ahora no ha llegado a los seiscientos mil. La dirección del PSC se equivocaría si se escudara en estos datos para no hacer los cambios profundos que el partido necesita. No es una derrota, es una debacle. Un hundimiento, de estas dimensiones, de un gobierno saliente sólo tiene un precedente en la democracia española: el descalabro de UCD en 1982. El PSC ha de afrontar una crisis de identidad.

Montilla ha optado por la dignidad: no repetirá como primer secretario, ni seguirá como parlamentario. Con el tiempo, parece que tenían razón los que pensaban que el segundo tripartito fue un error estratégico. El primero era inevitable y deseable: la izquierda catalana no podía dejar pasar la oportunidad. El segundo, con el PSC y con Esquerra debilitados en votos y en liderazgo, puede haber sido un error de las dimensiones del que cometieron los socialistas en 1980, al rechazar la coalición que Pujol les propuso. Aquel error lo pagaron durante veintitrés años, ¿cuánto tiempo pagarán éste?

Tradicionalmente el statu quo catalán pasaba por la hegemonía autonómica convergente y la municipal socialista. Los resultados de ahora, auguran que, si no hay un gran revulsivo por el camino, en mayo la crisis del PSC puede ser definitiva. ¿Está en condiciones el PSC de hacer un congreso en enero que marque el rumbo ideológico y político del que carece? En las actuales circunstancias de crisis de la izquierda no es fácil y menos en un partido que había hecho del pragmatismo su bandera, creyendo que se podía gobernar sin palabras ni ideas. Y desde luego si la lectura que el PSC hace de su crisis es la que insinuó en la campaña electoral: que su error ha sido alejarse del españolismo y que hay que reforzar la alianza con el PSOE, entonces será difícil que la crisis del PSC no conduzca a una remodelación del espacio de izquierdas con la aparición de una opción socialdemócrata marcadamente catalanista. Basta un dato: el número de votos que pierde el PSC en las comarcas barcelonesas se corresponde casi matemáticamente con los que gana CiU en esta misma zona.

CiU se hace con la centralidad política en Cataluña, recibiendo más voto que nunca del centro izquierda. Artur Mas alcanza por fin la presidencia de la Generalitat, con una cómoda situación parlamentaria, pero una difícil situación ambiental: la crisis económica y la presión del soberanismo le obligarán a hacer filigranas para no defraudar al amplio electorado que le ha elegido. A los ínclitos mercados no les gusta el ruido identitario. La nueva CiU es diferente porque Cataluña también es distinta de hace siete años. Paradójicamente, CiU se ha adaptado mejor al nuevo escenario que los tres partidos que cambiaron las coordenadas del campo.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Martes, 30 de noviembre de 2010