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COLUMNA

Esto no sucede

Mi madre vivió las dos partes de la República; de la segunda parte le quedaron grabados algunos versos satíricos que se lanzaban unos contra otros como dardos ardiendo.

En el franquismo, que lo vivió de pleno, aprendió a decir: "No te metas en eso". Eso era la política.

Todo el mundo decía eso; Franco también. "Haga como yo, no se meta en política".

Fueron tiempos difíciles y funestos, por ese orden, pero también a la inversa. Funestos y difíciles.

A veces mi madre decía:

-Quizá eso no suceda otra vez.

Quizá. Pero el ambiente que se respira hace temer lo peor, que esté sucediendo, en efecto, lo que en otros tiempos sucedía. Vuelven los versos satíricos, y ahora además están por tierra, mar y aire, en la radio, en la tele, en la prensa y en Internet. La antología que hace a diario en su blog José María Izquierdo (El ojo izquierdo) es un abasto, pero él no da abasto.

Él se fija mucho, y se le desborda el plato.

Está sucediendo, lo que pasa es que hacemos como que no sucede, para no sucumbir de vergüenza, y no solo de vergüenza ajena. Esta semana han ocurrido algunas cosas que uno pensaría que no iban a suceder, pero suceden. Las cosas rotas, que decía Neruda; las cosas que nadie rompe, pero se rompieron. Y se están rompiendo.

Pero parece que no suceden.

Por ejemplo, parece que no puede suceder que una política aparezca simulando un largo orgasmo tan solo porque quiere que la saquen en las teles de la campaña de su nacionalidad. Simula el polvo, con perdón, y sobre la dimensión abstracta del coito consumado confunde delitos con salarios, de modo que salpica a un lado y al otro. Pongamos que se llama Montserrat Nebreda, que es la que, por cierto, aparece al final del vídeo diciendo que se tapa con una toalla porque se lo pide el guión.

Y parece que no puede suceder que, para animar a Montilla, unos jóvenes suspiren también sus orgasmos, como si ahora solo se pudiera votar por quien te pone, o por quien se pone una toalla en lugar de no ponerse nada. Parece que no puede suceder, pero ahí está, en Youtube.

Y parece que no puede suceder, tampoco, lo que acaba de pasar en una tele pagada por la Comunidad de Madrid en la que un periodista se burla de las mujeres, de las niñas a las que él quisiera manosear y, además, de unos niños de colegios españoles y marroquíes. Como atenuantes han buscado los que pagan el programa con el dinero de todos algunas perlas que no dejan de tener su gracia: uno, que como era en el tiempo de la publicidad, esa genialidad estaba amparada por el secreto de lo privado; y dos, que como era privado solo les podía interesar a los sindicatos y a otros izquierdosos, entre ellos el Grupo PRISA, vaya por Dios.

O sea, que era en privado. Caramba con lo privado: un montón de niños allí presentes, un microfonista haciendo su trabajo, unos periodistas que escuchan la vergonzante perorata, y el asunto era privado.

Decía Severo Sarduy cuando la cosa se ponía así: "Siento una atmósfera sangrienta a mi alrededor". Lo bueno de todo esto es que no tendría que estar sucediendo. Pero sucede, lo que pasa es que contarlo da mucha grima. Como si estuviera lloviendo agua de otros tiempos, la que mi madre temía que volviera a llover.

jcruz@elpais.es

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 21 de noviembre de 2010