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viernes, 12 de noviembre de 2010
Crítica:

El tren fantasma

J. C. 12 NOV 2010
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Los hermanos Ridley y Tony Scott parecen empeñados en encarnar la vieja dialéctica entre el producto de clase A y la serie B para la era del simulacro: la trayectoria del primero -especialmente, en su último tramo- se asienta sobre el espejismo de la película que no tiene que esforzarse en ser buena porque le basta con parecerlo, mientras que el segundo -salvo en los picos de exceso y fascinante desarticulación narrativa encarnados en títulos como Domino (2005)- parece refinar cada vez más la idea de una action-movie ready made.

En este sentido, Imparable resulta paradigmática: un producto que se diría facturado por la segunda unidad, pero que proporciona una (más o menos) eficaz simulación autocombustible de acción frenética, sufrida por personajes con apariencia de vida interior.

 
 

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