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COLUMNA

Manipulación

La sofisticada e inquietante rubia que ejerce de sufrida esposa del apolíneo, imaginativo y enérgico publicista Don Draper cada vez habla menos y maquina más. Los pragmáticos tiburones ingleses han comprado la empresa, llegan los ERE, jefes y creativos afrontan la crisis bebiendo desde la mañana y segregando nicotina, las mujeres de la agencia siguen recibiendo tratamiento de objetos y floreros, aunque hay una empeñada en convertirse en ejecutiva en ese indisimulado universo de machos. El hotelero Conrad Hilton se ha propuesto comprar el alma de Draper. El asesinato de John Kennedy va a sembrar una nube oscura en el espíritu de mucha gente y a despertar catarsis. Las mentiras cotidianas a los demás y a uno mismo están perdiendo su coraza. Todo es turbio, perverso y fascinante (como siempre) en la tercera temporada de Mad men, un premio a la infinita paciencia de los que no sabemos piratear en Internet ni somos capaces de seguir una obra de arte a razón de un capítulo por semana y a hora fija en su programación televisiva. Pero también puedes hacerte viejo esperando que las avispadas distribuidoras decidan ponerlas a la venta en DVD. La última y maravillosa temporada de The wire, que TNT emitió en España a finales de 2008, sigue inédita en el mercado de este país. Lo cual hace obligatorio que los cinéfilos se hagan corsarios, que saqueen en la Red lo que no pueden comprar en la tienda.

El cielo, por supuesto, pertenece a las grandes series paridas en Estados Unidos. Pero en medio de tanta cochambre patria, también aquí se pueden hacer cosas dignas de ser vistas y oídas. Gracias al empeño de alguien que hace muy bien su trabajo, veo de un tirón los seis capítulos que componen la serie Todas las mujeres, inventada y dirigida con notable talento por Mariano Barroso. El esquema, el tratamiento y el aroma me recuerdan a En terapia, la arriesgada y desasosegante serie de HBO.

Allí plasmaban las sesiones entre un psiquiatra y sus cinco pacientes semanales. Aquí hablan de la relación de un manipulador genético y vocacional, autocompasivo, astuto, canallita, perdedor, superviviente, con seis mujeres. Eduard Fernández, ese actor insólito y buenísimo, te provoca la misma hipnosis que a sus víctimas.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 10 de octubre de 2010