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domingo, 10 de octubre de 2010
Reportaje:(PRE)PARADOS / y 20

"Podemos salir de la crisis"

Aunque consideran que "ser precario ya es un modo de vida", el grupo de jóvenes afirma sentirse confiado en sus capacidades para superar el bache

EL PAÍS despide de su edición impresa la serie (Pre)parados reuniendo a protagonistas de sus reportajes para hablar del futuro de una generación golpeada por la crisis. Ellos insisten: la cosa está mal, pero hay motivos para la esperanza. / PARTICIPA: Coméntalo en Eskup |ESPECIAL: Preparados | Los lectores pueden participar enviando su opinión a soyunjovenencrisis@elpais.es

Todos los tiempos son duros. Todas las generaciones lo han pensado alguna vez. Pero lo que hace tres años no esperaba la de los jóvenes españoles de hoy es que una crisis financiera mundial fuese a agravar un mercado laboral ya de por sí con fuertes mermas estructurales. No cuando en 2007 el plan era rebasar el PIB por cabeza de Alemania. Hasta que un día las crisis nacional e internacional se fundieron en una, llevándose por delante un millón y medio de puestos de trabajo entre los menores de 30 años y dejando al descubierto que los másteres que inundaban las universidades tampoco aseguran un buen futuro. A los españoles de oro, aquellos que han tenido los juguetes más caros y estudiado inglés, les tocó descubrir su drama: el descalabro de las expectativas.

"Si no cambiamos de expectativas, nos perderemos", dice Diana, en paro

Desconfían menos de la política que de los sindicatos y del sistema de partidos

EL PAÍS ha buceado mediante 20 reportajes en los problemas de los jóvenes. En este último publicado en papel (la serie continuará en Internet) se reúne a los protagonistas de cinco de ellos para preguntarles si se sienten como una generación marcada. "Ser precario ya es un modo de vida", asegura Coral Herrera (32 años) , doctora en Estudios de Género y a la caza perpetua de trabajos alimenticios. "Cuando seamos cabezas de familia, seguiremos así".

Marcada, pero no hundida: es una idea recurrente en la charla con los cinco. "No podemos ser victimistas", dice Diana Díaz (27 años) , licenciada, con máster, y sin empleo. "Yo no quiero ser una Generación Perdida", decía en una carta que envió a este periódico. Ahora profundiza en su tesis: "Si no cambiamos de expectativas, nos perderemos. Mucha gente ha vivido por encima de sus posibilidades: casa hipoteca... Yo creo en la vivienda de alquiler". Hernán García (31 años) , albañil que se recicla en unos cursos de climatización, asiente: "Se acabó fardar de coche".

Todos asumen que el modelo laboral también cambia -"La cosa ya no va de pasar 20 años en la misma empresa. Tenemos que reciclarnos", opina Coral-, pero no aceptan que eso signifique una pérdida de derechos sociales.

Para ser miembros de una generación supuestamente indolente ante la política todos fijan en ella muchas esperanzas. "Es un buen momento para meterse en política", asegura Jesús Iglesias (29 años) , que prepara el lanzamiento de su primera empresa. Por donde no pasan es por un bipartidismo improductivo, y echan pestes de unos sindicatos que consideran que han permitido todo: distintos niveles salariales en las empresas, becarios explotados... Elena Palacios (29 años) , una auxiliar de biblioteca que acaba de regresar a vivir con su madre por imperativos económicos, remacha: "Parece que defienden solo a un rango de edad".

A la hora de hablar del futuro se muestran combativos. Jesús mezcla mentalidad de idealista y de emprendedor: "Cuando las cosas van bien, nadie quiere tocar nada. Es el momento para un cambio de valores".

Suena bien, pero Elena recuerda que el mundo suele olvidar la lección después de volver del coma profundo. Diana tiene más fe: "Si esto hubiera durado seis meses, se me podría olvidar, pero creo que ha calado. Los que lo hemos vivido: ¿abusaremos de becarios en nuestra empresa dentro de 20 años?".

Es a la hora de ir a asuntos más concretos, como las pensiones, cuando entra el vértigo. Ninguno se ha permitido pensar mucho en ello. "Vivo tan al día...", resume Elena.

A pesar de que aceptan que tendrán menos dinero para la educación de sus hijos, algunos, como Hernán, son firmes: "Yo quiero tenerlos. Habrá que fijar prioridades". Para esto, Diana hace de nuevo referencia al espíritu de sacrificio que cree que sacará adelante a la generación: "Mi ideal era tener tres, pero supongo que lo dejaré en uno".

Antes de volver a la calle, al envío de currículos sin respuesta, a los trabajos mal pagados, Hernán resume el sentir general del grupo: "La cosa está mal, pero tenemos capacidades para salir de la crisis: no nos van a obligar a quedarnos con algo que no queremos".

Elena Palacios, Coral Herrera, Jesús Iglesias, Diana Díaz y Hernán García representan a la generación de los (Pre)parados. / CLAUDIO ÁLVAREZ

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