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Próxima estación

La noche magnética

Cerca de la parada de Fontana de la línea 3 existe uno de los centros telúricos de Barcelona

Lo cuenta Víctor Nubla en su Magia Tridimensional Perenne. Según quiere la voz popular, en la plaza del Raspall -cerca de la parada de Fontana de la línea 3 del metro-, existe uno de los centros telúricos y magnéticos de la ciudad. Tampoco vayan ahora a llamar al geólogo para que haga una cata. La cosa queda en el estricto saber del vecindario, que a fuerza de años le ha ido añadiendo detalles al asunto. La historia comienza el día que el Ayuntamiento decide reformar la plaza -en 1980- y plantarle árboles. Pero la tierra sobre la que se asienta uno de ellos es incapaz de drenar el agua de la lluvia. Un vecino sale con un pico para desatascar la obstrucción y recibe una descarga. Algunos recuerdan entonces que debajo de la plaza hay un ramal de conexiones eléctricas. Unos meses después se pone a nevar y la nieve del alcorque empieza a hervir. El árbol se seca y muere, mientras los vecinos recuerdan una antigua leyenda del barrio que habla de una gran piedra magnética bajo el subsuelo, a la que los payeses del lugar denominaban la pedra dels Carallots -algo así como la piedra de los Atontados-, que otros creen situada exactamente debajo de una de las mesas del bar Resolís. No está muy claro si la conseja procede de los campesinos que habitaban estos aledaños o de los gitanos establecidos aquí y que tenían un mercado de ganado -el Corraló- en lo que hoy es la plaza del Poble Romaní. Tuviera el origen que tuviera, lo cierto es que el Consistorio se llevó el árbol seco, cubrió con cemento el lugar y plantó los siete plátanos que se ven hoy en día.

Los megalitos, por su simbolismo fálico, están investidos de poderes mágicos y cachondos

En el patio del Carall, cerca de Canaletes, se encontraba uno de los pocos menhires de la ciudad

Todo esto no tendría mayor importancia si no fuese por el extraño nombre que luce roca tan milagrera y que nos conduce a la mismísima prehistoria. Carall o carallot han sido denominaciones tradicionales para nombrar piedras erguidas, sean de origen natural o bien colocadas por el hombre. De las primeras quedan un buen número por todo nuestro territorio, como los caralls de Montserrat, de Llafranc, de Platja d'Aro, de las islas Medes y de Sant Llorenç de Munt; o los carallots de Sant Pere de Roda o de las islas Columbretes. De los segundos hay al menos una evidencia: el famoso patio del Carall, descrito por Joan Amades y situado a pocos pasos de la fuente de Canaletes, donde se encontraba uno de los pocos menhires documentados en la capital catalana.

La moderna urbe ha borrado las trazas de los primeros habitantes del llano barcelonés, pero hay pruebas de cultura megalítica local. Sabemos del menhir de Montjuïc -junto al castillo-, que desapareció a finales del siglo XIX, el de la plaza del Padró y el que Joan Llarch afirmaba haber localizado en el punto donde se alza la Sagrada Familia. Estas rocas -de fuerte simbolismo fálico- quedaron investidas de poderes mágicos y cachondos. Del patio del Carall se decía que presidía una taberna de soldados y bachilleres del vecino Estudio General, la antigua universidad cerrada por Felipe V situada al final de la Rambla de Canaletes. Según parece, el establecimiento era famoso por sus juergas nocturnas y por ser antro de comercio venéreo y de juegos de azar. Una frase barcelonesa de antaño rezaba: Com al pati del Carall, on tot s'hi fa menys ball.

Curiosamente, la leyenda gracienca afirma algo parecido de su pedra dels Carallots. Quiere la tradición que algunas noches de luna llena, cuando el calor aprieta, la piedra de la plaza del Raspall (o del Carall) emite unas ondas misteriosas que atraen a seres singulares y estrambóticos de toda condición, que protagonizan una alocada y extravagante velada conocida como la nit dels Carallots. Si coincide allí en una de ellas relájese y déjese llevar por la historia. Podría estar usted bailando sobre uno de esos enclaves que los primitivos elegían para plantar un pedrusco que celebrase la alegría sexual. Si ello es así, mis congratulaciones.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 16 de agosto de 2010