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viernes, 23 de julio de 2010
Vida&artes

Del test al carné por puntos

La idea de comprobar el nivel de integración de quienes piden la nacionalidad se extiende por Europea, pero conviven distintos modelos:

- Francia. Una entrevista personal. Las dos principales formas de obtener la nacionalidad en Francia es a través del matrimonio con un ciudadano francés o una demanda de naturalización, para lo que hace falta ser mayor de edad y haber residido en el país al menos cinco años. En este último caso, los candidatos deben hacer gala de "buena moralidad", algo que determina la Administración a través de una investigación sobre las condiciones de vida del aspirante.

Aunque no deben pasar ningún examen formal, sí deben justificar tener un buen nivel de conocimiento del idioma y de los principios de ciudadanía francesa. Lo evalúa el representante de la Administración durante una entrevista. En la práctica, se trata más de una conversación en la que el agente se asegura de que el candidato acepta los derechos y deberes asociados a la ciudadanía francesa y los valores republicanos del país, como la laicidad, que a un examen sobre los conocimientos culturales.

- Alemania. Treinta y tres preguntas. Desde septiembre de 2008, los extranjeros que aspiren a la nacionalidad alemana deben aprobar un examen de 33 preguntas. 30 se reparten en los apartados Vida en democracia, Historia y responsabilidad y Hombre y sociedad. Las otras tres tratan asuntos del Estado federado en el que el aspirante se empadrone. Para aprobar, es necesario responder correctamente a 17 de las 33 cuestiones, tipo test, con cuatro posibilidades de respuesta.

Los que tengan un título escolar alemán o sufran una discapacidad mental o física que les impida cumplirla quedan exentos de la prueba. El resto puede preparársela estudiando el catálogo de preguntas que publica el Gobierno en Internet. Contiene 300 cuestiones para los tres apartados generales y 10 para cada Estado federado. El 98% de los que se han presentado desde 2008 lo han aprobado. Sin embargo, sus críticos consideran que es un obstáculo para la inmigración en un país necesitado de ella.

- Países Bajos. Examen de integración. Para que Holanda otorgue la nacionalidad a un extranjero, se necesitan cinco años de residencia, carecer de antecedentes penales y la renuncia a la nacionalidad originaria. Hay que certificar asimismo un buen manejo de la lengua. Lograrlo supone aprobar un curso de idioma y ciudadanía, llamado examen de integración, que consta de una parte oral y otra escrita.

En la primera tiene que demostrarse suficiente conocimiento de la sociedad holandesa respondiendo a un cuestionario. Las preguntas oscilan entre el nombre del jefe del Estado y si los holandeses permiten el matrimonio homosexual. La segunda mide, por medio de una conversación, la habilidad verbal en holandés. Todo el proceso se evalúa de forma automática y para prepararlo existe un documental (en DVD) informativo sobre Holanda, un libro y un CD. Los gastos, unos 300 euros, corren por cuenta del candidato. El examen de lengua es controvertido porque trata sobre todo de evitar el fenómeno de las "novias de importación", llegadas en especial de Turquía y Marruecos. Cualquier persona que "perjudique los intereses nacionales" podrá ser despojada de la nacionalidad.

- Italia. Derecho de sangre. Desde 1992, la ciudadanía italiana se basa sobre el principio de la descendencia, el ius sanguinis o derecho de sangre. Solo son italianos los hijos nacidos de padre italiano y/o de madre italiana. Los extranjeros obtienen la nacionalidad cuando se casan con ciudadanos italianos (en un plazo de tres años) o si son adoptados o reconocidos por italianos. Los foráneos que residen durante 10 años y demuestran haber pagado impuestos regularmente pueden pedir la nacionalidad, que se suele conceder con un trámite que dura cinco o seis años. Desde 2006, los hijos de extranjeros que nacen en el país se convierten en italianos al cumplir la mayoría de edad siempre que uno de sus padres haya residido legalmente durante cinco años seguidos.

La Liga del Norte quiere introducir un examen para los inmigrantes que solicitan la ciudadanía. De momento, la idea no ha cuajado, pero el Gobierno ha restringido las condiciones para obtener el permiso de residencia. En mayo se aprobó el polémico permiso de residencia por puntos, un acuerdo de integración que deberá ser suscrito por los ciudadanos no comunitarios que entren en Italia y pidan su primer permiso de residencia. El inmigrante tendrá a su disposición 16 puntos, y en el arco de dos años deberá conseguir otros créditos frecuentando cursos de lengua italiana y de cultura cívica para alcanzar la cota máxima de 30 puntos. El que conozca la lengua hablada tendrá 10 puntos; si frecuenta un curso anual, 30 puntos, si suscribe un contrato de alquiler, 6. El que no alcance los 30 puntos en un año tendrá otro año para recuperar, pero si al acabar se encuentra con un cero, porque ha sido condenado penalmente o ha cometido delitos graves, quedará eliminado. Es decir, se le revocará el permiso de residencia y será expulsado del país en virtud de la ley que considera clandestino al inmigrante ilegal.

Con información de Ana Teruel (París), Juan Gómez (Berlín), Isabel Ferrer (La Haya) y Miguel Mora (Roma).

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